Escapada

La joya del románico bañada por el Duero y el vino de Toro

En agosto y septiembre, Zamora se engalana y se convierte en destino cultural

Panorámica de la ciudad de Zamora.
Panorámica de la ciudad de Zamora. Thinkstock

A un lado, el río Duero; al otro, un cercado de 30 metros de altura. En medio, Zamora, la llamada bien cercada en el romancero castellano, pequeña ciudad en tamaño, pero grande en patrimonio cultural, histórico, artístico y gastronómico. Una de las ciudades rurales más castigadas y desconocidas está comenzando a reivindicarse como destino turístico. Y ahora, durante las primeras semanas del verano, pese al calor que invade la meseta, es un buen momento para acercarse a descubrir esta localidad y sus alrededores.

La ruta del románico es una de las alternativas para hacer turismo en verano. Más de 30 construcciones, entre puentes, palacetes e iglesias, convierten a Zamora en la capital europea de este estilo artístico. Algunas de las más concurridas son la catedral, la casa del Cid, San Isidoro o La Magdalena. Adentrarse en ellas es, además de empaparse de la cultura e historia de la ciudad, una buena forma de resguardarse de los rayos del sol.

Museo del vino de Pagos del Rey, en Toro.
Museo del vino de Pagos del Rey, en Toro.

A unos minutos en coche, en la localidad de Toro, otra conocida iglesia, La Colegiata, alberga hasta noviembre la exposición Las Edades del Hombre 2016. Pero Zamora no solo es románico. Los viñedos regados por la cuenca del Duero convierten a esta región en uno de los exponentes vinícolas españoles, con la Denominación de Origen de Toro, designada oficialmente en 1987.

El vino se ha convertido en uno de los reclamos de la zona y el enoturismo cobra vida. Pagos del Rey es una de las bodegas más concurridas, levantada entre los muros de una antigua cooperativa de esta localidad y que se ha convertido, a su vez, en un completo museo vinícola. A medio camino entre ambas ciudades, otra bodega que merece ser visitada es Divina Proporción, con restaurante y visita guiada por las instalaciones. También entre viñedos y a caballo entre Toro y Zamora se encuentra la bodega y hotel de cinco estrellas Valbusenda, un gran edificio de 35 habitaciones con piscina y spa.

La ciudad de Zamora también destaca por su oferta gastronómica, más aún a la hora de tapear. La zonas más concurridas, y donde se encuentran la mayoría de los bares y restaurantes, son los aledaños de la plaza Mayor, una de ellas, la calle de los Herreros. Pero la ciudad, y más en verano, vive cuando cae el sol.En agosto arranca el verano cultural, que se extiende hasta ya entrado septiembre, en el que la música, el teatro y los espectáculos de magia invaden las calles, plazas y edificios de la urbe.

El castillo medieval, que data de comienzos del siglo XI, es uno de los escenarios más bellos. Próximo a la catedral, y entre el río y el comienzo del casco histórico, fue remodelado y rehabilitado hace pocos años. Durante estas semanas son frecuentes los espectáculos y actuaciones en uno de sus patios interiores, entre torres, muros y almenas. A pocos metros, la enorme plaza que da paso a la catedral de la ciudad se convierte en otro de los escenarios improvisados para albergar conciertos en directo de jazz, flamenco y otros estilos musicales a lo largo de estas semanas.

Zamora, que además de ser la capital europea del románico, está integrada en la Red Europea de Ciudades Modernistas, cuenta con Parador: el antiguo y bello palacio de los Condes de Alba y Aliste, que data del siglo XV y dispone de restaurante, bar y piscina exterior, con vistas al río Duero.

Muy cerca de la ciudad se encuentran, además, el Parque Natural del Lago de Sanabria y los Arribes del Duero, ambas zonas predilectas para el turismo.

Normas