Pequeño comercio

Las librerías madrileñas luchan contra el nuevo centro de Amazon

El gremio de libreros reclama mayor atención del Ayuntamiento

Amazon
La alcaldesa de Madrid en la inauguración del nuevo Centro de Amazon. EFE

Ir a una librería, ojear una contraportada o pedir consejo al librero para decidir qué titulo pasa a ocupar la mesilla de noche está en peligro de extinción, según el pequeño comercio. Como David contra Goliat, las librerías madrileñas luchan contra el nuevo centro logístico de Amazon en la ciudad. Para ello demandan el apoyo del Ayuntamiento y protestan al ver a la alcaldesa, Manuela Carmena, inaugurar el tech hub  de la multinacional del comercio electrónico en la capital.

Ha sido precisamente la presencia de Carmena en el acto de Amazon lo que ha soliviantado al sector de las librerías. Fernando Valverde, secretario general del Gremio de Libreros, reclama que el equipo de Gobierno municipal ha incumplido su programa electoral. “Prometían construir ciudad y que no se destruya tejido comercial”, protesta.

Mientras que Amazon se refuerza, las pequeñas librerías se debilitan. En contra de las promesas de la multinacional estadounidense de doblar su plantilla (al pasar de 400 a 1.000 empleados en tres años), los libreros sostienen que perderán 10 puestos de trabajo por cada empleado que contrate Amazon.

Los libreros quieren que la administración se mire en el espejo de otras capitales europeas como París o Madrid. Ponen como ejemplo a la capital de Francia, donde sostienen que la alcaldesa Anne Hidalgo ha llevado a cabo una política de exención del IBI, de promoción publicitaria y de creación de una red de libreros.

La versión del Ayuntamiento es que no solo impulsa a Amazon, sino también al pequeño comercio con el que dice que se reúne regularmente. Desde el Consistorio sostienen que celebran el impulso económico de la apertura del centro de Amazon por la creación de empleo que supone.

Los propietarios de las librerías no lo ven así. Valverde afirma que el centro “sentencia a todo el sector” y denuncia que el gigante de comercio electrónico “está al borde de la legalidad”. El gremio de libreros se refiere, según su versión, a que “tensiona” la ley de precio fijo “con ofertas que no son de recibo”.

La primera librería que protestó por la situación fue la Rafael Alberti. Lola Larumbe, una de sus propietarias, reclama que se sienten “desasistidos” por el Ayuntamiento ante una multinacional que aniquila la competencia. “No queremos trabajar para Amazon ni ser sus distribuidores”, afirma.

La opinión de los propietarios de la librería Rafael Alberti es compartida por Aldo García, de Antonio Machado. García reivindica los valores de las tiendas físicas frente a los del comercio electrónico, basados en que “una persona te recomiende un libro”.

Como solución a una situación que muchos profesionales del libro consideran como “enrarecida”, desde Tipos Infames proponen un acuerdo en el sector. Los responsables de esta librería piden que las empresas de distribución sirvan a las pequeñas tiendas con la misma celeridad que a Amazon.

En cuento a la distribución, el servicio Prime Now de Amazon —que se compromete a entregar los pedidos a sus clientes premium en menos de dos horas— es otro de los puntos que centran las críticas de los vendedores de libros. Aldo García no ve una “gran novedad” en este sentido, sino que ellos “ya lo hace”: “Si compras un libro y quieres tenerlo rápido, mandamos a un mensajero”.

A pesar del pesimismo de los vendedores de libros, los últimos datos de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros apuntan a una visión más positiva. El 2015 fue el primer año desde el inicio de la crisis en que creció el número de establecimientos en 200. Frente a esto, entre 2008 y 2014 cerraron en España unas 7.000 librerías. La facturación del sector del libro también creció en 2015, en este caso un 2,8 más.

España es además el segundo país de la Unión Europea donde hay más puntos de venta de libros (11,5) por cada de 100.000 habitantes. Todavía es posible encontrar una librería en cada esquina sin tener que encender el ordenador.

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