Bienvenidos al tormento de Ai Weiwei

El artista chino lleva a Cuenca el crudo relato de su cautiverio.

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    Ai Weiwei fue detenido el 3 de abril de 2011 por el Gobierno chino. El artista contemporáneo más importante de su país cumpliría 81 días de encarcelamiento por “delitos económicos”, un pretexto para callar la voz de la figura pública que más ha discutido, desde dentro, el régimen de su país. Cumplió pena en una cárcel secreta, en una celda permanentemente iluminada, y ante la vigilancia constante de dos agentes, ya fuese durmiendo, cenando o en el retrete. La pérdida de la intimidad, de la noción del tiempo y, por supuesto, de la libertad marcaron una experiencia que Weiwei ha plasmado en S.A.C.R.E.D., su exposición, que desde el 26 de julio estará abierta al público en la catedral de Cuenca. La actividad está enmarcada dentro de la muestra La poética de la libertad, eje central de los actos del IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes en Castilla-La Mancha.

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    En seis cajas de hierro, ubicadas dentro de una gran jaula instalada en el claustro del templo, y diseñada por el arquitecto Borja Santurino, Weiwei plasma distintas escenas de su cautiverio, que el visitante puede ver a través de dos pequeñas ventanas situadas en su exterior. Desde el interrogatorio a cuando debe usar el inodoro o lavarse desnudo, siempre frente a sus vigilantes. La muestra encierra un duro proceso de montaje, que comenzó el 10 de julio, con unos materiales que llegaron de Reino Unido y que fueron transportados a Cuenca en cuatro tráileres. La instalación ha corrido a cargo de Eulen Art, y el presupuesto total se ha elevado a 1,5 millones de euros, 1,2 conseguidos por la Junta de Castilla-La Mancha de patrocinadores privados.

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    “Ai Weiwei es el primer artista del siglo XXI. Ha cambiado el sujeto del arte. Es capaz de estructurar con los elementos de su cautiverio un mensaje universal que transforma en arte”, afirmó Florencio Galindo, artista y comisario de la exposición, en su presentación esta semana. El artista chino, que tiene fijada su residencia en Berlín, ha seguido al detalle la instalación de S.A.C.R.E.D. Desde la organización comentan que quedó impresionado por el planteamiento de toda la muestra, que recorre el interior de la catedral conquense, y en especial del claustro, cuya fuente no ha sido cubierta por deseo del artista, que no cobra honorarios por sus muestras. Quien lo contrata sí debe hacerse cargo de un complejo proceso de montaje y del seguro.

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    Weiwei, poco amigo de las grandes exposiciones públicas, no asistió a la inauguración, pero se prevé que, hasta el 6 de noviembre, fecha en que termina la muestra, acuda a ella. La obra del activista chino es el plato fuerte de una triple muestra que sigue un mismo concepto, resumido por la frase visible nada más entrar a ella: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. Así lo escribió Miguel de Cervantes en El Quijote que, como Weiwei, fue preso, en su caso, durante cinco años. Después de este encierro escribió su obra más libre, algo que pretende reflejar esta muestra: la búsqueda y encuentro de la libertad desde lo más oscuro del cautiverio. Se produce así un diálogo entre Cervantes y Weiwei, hilo argumental de La poética de la libertad

    Esta se inicia con un cómic visual en el que se reflejan algunos de los principales momentos del Quijote, sobre unas pantallas que imitan los telares de un molino. A continuación, el nexo de unión entre Cervantes y Weiwei, es la obra de Florencio Galindo El laberinto del dictador, una red vertical de espinas que representa el camino de los refugiados en busca de su libertad.

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    La última parte de la exposición se reserva para los artistas informalistas, en la sala capitular de la catedral, que preside una gran escultura de Martín Chirino. Junto a ella, obras de Francisco Farreras, Luis Feito y Rafael Canogar, artistas que sortearon las mordazas culturales de la dictadura. Para concluir el recorrido, se ha instalado una plataforma que permite ver, desde las alturas, la nave central del templo, coloreada por la luz que entra a través de los vitrales renovados hace 20 años por Bonifacio Alfonso, Gerardo Rueda y Gustavo Torner, padres del Museo del Arte Abstracto Español, que celebra en Cuenca su 50 aniversario. Catedral, artistas y ciudad se unen en una exposición de la que hay entradas reservadas hasta octubre. Su precio, 10 euros; 12, en fin de semana, con acceso al museo de la catedral, Museo de Paleontología y un descuento para el Museo de Arte Abstracto.