Editorial

Objetivo: crear más y mejor empleo

Las medidas para crear empleo propuestas en esta campaña electoral tienen el peso propio del escenario al que están dirigidas: el de un país que aún soporta un nivel insostenible y doloroso de paro que golpea directamente a 3,9 millones de personas, es decir, el 20% de la población activa (el 46% en el caso de los jóvenes). Las cifras, catastróficas en términos absolutos, suponen, pese a todo, un cambio sustancial respecto a los peores momentos de la crisis, cuando las empresas españolas no solo no creaban, sino que destruían empleo todos los días. Hoy el mercado laboral crece a un ritmo de casi el 3% anual y ha logrado situar la cifra de desempleados por debajo de los cuatro millones por primera vez desde noviembre de 2009.

La explicación de la mejora del mercado laboral en estos últimos ejercicios tiene que ver con la evolución positiva de la situación económica, pero también con los efectos de una reforma laboral polémica en su promulgación y con aspectos revisables y mejorables, pero que ha introducido flexibilidad en un mercado de trabajo demasiado rígido, en muchos aspectos anticuado y con un coste de despido disuasorio para la contratación. Ambos factores, junto a un significativo esfuerzo a la hora de reducir los costes laborales –lo que ha incluido sacrificar duramente los salarios–, han propiciado un aumento de la competitividad en la economía española. La flexibilidad interna en las empresas, uno de los objetivos de la reforma, ha servido para atraer inversiones, como ha demostrado el sector del automóvil.

El reto para el futuro Gobierno es doble. Por un lado, consolidar el ritmo de creación de empleo, algo que va unido a hacer lo mismo con el crecimiento. Por otro, reducir la tasa de temporalidad en los contratos, que aún teniendo en cuenta las peculiaridades propias del modelo económico español –con sectores clave de alta rotación, como el turismo– es demasiado elevada. Los principales partidos defienden medidas para reducir la precariedad laboral: desde estímulos para la conversión de contratos temporales en indefinidos (PP) hasta restringir el uso de contratos temporales únicamente a puestos eventuales (PSOE), crear un único contrato temporal y obligar a que se convierta en indefinido en determinadas condiciones (Unidos Podemos) o apostar por único contrato, que sería indefinido (C’s).

En los programas de las cuatro formaciones hay opciones como estas –defendibles y potencialmente efectivas–, pero también propuestas que supondrían un claro paso atrás en el proceso de recuperación del empleo en España. Hablar sin más de derogar la reforma laboral, no digamos las dos últimas, es irresponsable. Como toda regulación, la norma laboral es susceptible de mejora. Pero mejorar algo supone únicamente cambiar aquello que funciona mal o no funciona. No es momento de volver a corsés superados.