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Las maquinilla que democratizó el afeitado

La firma francesa Bic fue conocida inicialmente por los bolígrafos y los encendedores

Hace 40 introdujo la maquinilla en España, lanzada inicialmente en Francia en 1975

Las maquinilla que democratizó el afeitado

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Marcel Bich, acompañado de su socio de toda la vida, Edouard Buffard, compró a buen precio una arruinada fábrica de piezas para plumas estilográficas en Clichy, una zona de las afueras de París. Bich sabía de la existencia del birome, un artilugio que inventó el periodista húngaro afincado en Argentina, Lászlo Biró, quien estaba cansado de recargar sus plumas. Se trataba de un dispositivo con una pelotita giratoria en el extremo que impregnaba de tinta el papel. Sin embargo, tanto este primer bolígrafo como sus 350 versiones no consiguieron funcionar bien: la tinta se secaba o era demasiado fluida o lo manchaba todo.

Cronología

1945. Dos visionarios franceses, Marcel Bich, que con tiempo llegó a ser barón Bich, nacido en Turín pero afincado en Francia (1914-1994) y su socio Edouard Buffard (1908-1996) compran una arruinada fábrica de plumas estilográficas en Clichy (Francia). Aquel turinés llamado Marcel Bich, más tarde barón Bich- se hizo con una patente húngara revolucionaria (Byro) en 1951; la perfecciona y crea su propia marca, Bic, una marca monosilábica que pronto derrotó a las plumas.

1950. Marcel Bich lanza el primero de sus revolucionarios productos, el bolígrafo Bic Cristal en Francia, un año más tarde llega al mercado italiano; en 1956 empieza a venderse en Brasil y al siguiente en Reino Unido, Oceanía y Sudáfrica. En 1958 llega a América del Norte y al siguente año a Escandinavia.

1973. Aparece en el mercado otro innovador artilugio, que también daría la vuelta al mundo, el encendedor desechable Bic. Su expanxión también es meteórica.

1975. Nace la primera rasuradora de la marca, tras buscar en todo el mundo a proveedores de hojas. Contrató a la firma griega Violex, especializada en hijas desde 1952. El resultado de esta colaboración fue la primera maquinilla Bic, la única entonces con hoja integrada.

1976. La rasuradora Bic llega a España, donde se instala una planta de fabricación en Tarragona. El grupo abrió un planta que durante años fue estratégica, ya que exportaba el 80% de su producción a todo el mundo. Sin embargo, el futuro de la planta está en el aire, y la compañía ha encargado a una consultora un estudio sobre la viabilidad del proyecto.

1986. La firma lanza la versión femenina, que han evolucinado desde un mango sencillo y un cabezal con dos hojas a uno con tres o cuatro hojas con banda lubricante. En la década del 2000 llegan los modelos más sofisticados.

2015. El grupo Bic, dirigido desde 1993 por Bruno Bich, uno de los 11 hijos del fundador de la compañía, facturó el pasado ejercicio 2.241 millones de euros, un 6,2% más que en 2014.

En los años 40, en Estados Unidos, la marca Reynolds ya comercializaba una versión del bolígrafo, recargable y metálico, por unos cien dólares. Un precio que la hacía accesible solo para la clase adinerada. Sin embargo, el sueño de Bich siempre fue crear un producto universal, accesible a todo el mundo y del que se pudieran crear millones de unidades perfectas.

Compró a Biró la patente para Europa y dedicó varios años a perfeccionar el invento. Encargó a unas relojerías suizas la maquinaria de precisión que necesitaba para tallar unas bolas casi microscópicas que fuesen absolutamente esféricas, condición imprescindible para que la escritura fuera suave y regular. En 1950, Bich lanzó al mercado el Bic Cristal: un bolígrafo de 14 centímetros, transparente para que se pudiera visualizar la tinta que quedaba y hexagonal para evitar que rodara en superficies planas. La tinta era de calidad, con un secado rápido y una escritura suave y uniforme que permitía escribir hasta dos kilómetros de palabras. La punta era de tungsteno, conocido también como wolframio (un metal sólido de color blanco plateado, dúctil y difícil de fundir) y su esfera era perfecta y muy resistente mientras que la tapa y el botón eran del color de la tinta. Un pequeño agujero en el plástico servía para igualar la presión atmosférica dentro y fuera del bolígrafo.

El bolígrafo Bic fue un éxito total. Hizo la escritura más cómoda y uniforme y el coste era también atractivo, tenía un precio bajo. Bic introdujo un nuevo concepto: era desechable, pero es más, democratizó el uso del bolígrafo. Conviene recordar que Marcel Bich siempre quiso estudiar la carrera de Derecho, debido a la difícil situación económica que vivió durante su juventud. Por ello atribuía el éxito de Bic a la universidad de la vida, no a la formación recibida en una elitista escuela de negocios estadounidense o francesa, sino a la necesidad que tuvo de emprender un negocio. “Nuestra sociedad se inició en 1953 con 10.000 francos y 20 años más tarde disponía de un capital de 150 millones de francos”, reconoció el empresario.

La innovación bajo esta marca no quedó ahí. En 1973, sacaron al mercado el encendedor Bic (el primero de usar y tirar de llama ajustable) y, dos años más tarde, en 1975, crearon la primera maquinilla de afeitar de hoja y mango desechable. Marcel Bich se había dado cuenta de que los instrumentos de afeitado habían evolucionado pero todavía eran muy complicados de usar, poco seguros y excesivos en cuanto a precio.

En la misma línea del lanzamiento del bolígrafo Bic Cristal en 1950 y de los encendedores en 1973, productos ya icónicos, por otra parte, que por su sencillez y pragmatismo, pero con una alta tecnología detrás, había logrado que llegaran al alcance de las grandes masas, repitió la fórmula de éxito: una maquinilla segura, práctica y universal. Empezó a buscar proveedores de hojas y contrató a Violex, una compañía griega conocida desde los años cincuenta por la calidad de sus hojas. Fruto de esta colaboración nació la primera maquinilla de la firma, la Bic1, por entonces la única con hoja integrada.

Esa fue la gran baza, además de la alta calidad de su hoja, incrustada y bien diseñada para evitar cortes, con un mango funcional y ligero para controlar la velocidad durante el proceso de afeitado, y todo ello a un precio competitivo. Nada más salir al mercado fue un producto revolucionario, un éxito de ventas inmediato. De hecho, además de dar la vuelta al mundo, fueron copiadas por otros fabricantes. Bich aseguró que el éxito de la Bic1 se debió, entre otras razones, a la eficacia y rentabilidad en el afeitado. “Dispone de un mejor ángulo de corte y una buena cuchilla, que con un simple filo es capaz de afeitar al menos tantas veces como con una hoja de dos filos. Eliminando el segundo filo de la hoja se cubre el coste del mango de plástico”, señaló a posteriori. En 1976, un año más tarde de su lanzamiento, llegó a España, incluso con una planta de fabricación.

Siete millones cada día

Para el 40 aniversario de las maquinillas desechables en España se ha lanzado un nuevo modelo, el Bic Flex3, con un cabezal pivotante y tecnología de tres hojas móviles, montadas sobre resortes que absorben la presión pra hacer un afeitado muy suave. Cada día se venden en todo el mundo más de siete millones de rasuradoras.

A lo largo de estos años, las rasuradoras Bic han ido evolucionando, sin perder su esencia inicial, la de ser un producto sencillo de usar, en el que se emplea la más alta tecnología. En 1979 llegó al mercado la primera maquinilla femenina, lo que contribuyó a simplificar la depilación de las mujeres. En los 90 se fabricaron las primeras maquinillas con dos hojas, tanto para señoras como para varones; y en la década del 2000 llegaron los modelos más sofisticados de tres y cuatro hojas, destinadas a ambos sexos.

En el caso de las femeninas, han evolucionado desde un mango sencillo y un cabezal con dos hojas a un cabezal que incluye tres o cuatro hojas con banda lubricante (con leche de coco, aloe vera o vitamina E en función del modelo), incluso con diseños para usar en la ducha. En esa misma línea se ha seguido innovando en las versiones masculinas. El grupo, dirigido desde 1993 por Bruno Bich, hijo del fundador, tiene diversificado su catálogo de productos y cerró 2105 con 2.241 millones de euros de facturación, un 6,2% más que en 2014.

3.000 años de historia del afeitado

Desde hace 3.000 años, el afeitado es un ritual de belleza masculino. El homo sapiens ya se afeitaba con la ayuda de una concha de mar, de una piedra afilada o de un diente de tiburón. Sirvan estos antecedentes como ejemplo de este hábito de higiene. Es en la Edad de Bronce cuando aparecen las primera hojas de afeitar semicirculares.

Y en el Antiguo Egipto se manifiesta este ritual como símbolo de estatus y de poderío:los sacerdotes y sacerdotisas se afeitaban todo el cuerpo antes de entrar en un templo, mientras que los faraones se enterraban, como señal de riqueza, con toda la colección de artilugios para el afeitado. Por una cuestión de higiene, esta práctica era costumbre entre la plebe, usando las mujeres cremas depilatorias, fuego, el raspado con piedra pómez, arrancado con hilo o agresivas pociones a base de cal viva.

Los hombres utilizaban navajas de sílex, cobre y posteriormente hierro. Por el contrario, en la antigua Grecia la tendencia entre los filósofos era mantener la barba y el pelo largo. Echando la vista atrás, el Papa León IX prohibió que el clero llevase barba en la Edad Media: los monjes se afeitaban una vez al mes usando una hoja de afeitar unida a un mango de madera.

En cambio, en el Renacimiento la máquina de afeitar era recta, afilada en cuero, mientras que en el siglo XVIII y XIX, el utensilio que se empleaba era la navaja de cuchilla peine.
A comienzo del siglo XX, se inventó en Estados Unidos la primera maquinilla de afeitar con una hoja de doble filo. Tuvo un gran éxito sobre todo en el ejército estadounidense durante la primera guerra mundial.