Miguel Gil, consejero delegado de Juan Gil Bodegas Familiares

“Hemos puesto en valor el vino de Jumilla, con fama de peleón”

"El éxito fuera de España se debió a la confianza con comerciales ‘freelance"

“Esperamos crecer un 30%, pero es un crecimiento insostenible"

“Hemos puesto en valor el vino de Jumilla, con fama de peleón”

Factura 31 millones de euros y prevé crecer este año un 30%, un incremento que considera “insostenible, porque estamos preparados para crecer la mitad”, avanza Miguel Gil. Este bodeguero, nacido en Jumilla (Murcia) en 1960, celebra este año el centenario de las Bodegas Juan Gil, con una producción de 8,2 millones de botellas y 150 personas en plantilla.

 

Pregunta. ¿Cómo se llega a bodega centenaria en Jumilla?

Respuesta. Con altibajos. No es una tierra fácil, es inhóspita, llueve poco. Siempre utilizo la expresión de que la vida de un viñedo en Jumilla tiene las mismas expectativas de vida que la de un niño en África. Requiere de un trabajo tremendo mantener un viñedo viejo, ya que la tierra es muy seca y no tiene nutrientes. En 2012 nuestra uva monastrel no conoció la lluvia. En Murcia, el agua vale más que la tierra. Hemos analizado cómo se adaptan a esta tierra otras variedades de uva, como syrah o cabernet. Por ejemplo, la merlot o la tinta de Toro no se dan bien. Es imprescindible aportarles el riego que necesitan. Siempre decimos que en Jumilla llueve cuando queremos.

P. Ustedes son nueve hermanos dedicados a la bodega.

R. No ha sido fácil. Tuvimos un paréntesis en la gestión directa en una época en la que éramos más jóvenes, hasta que decidimos continuar con el proyecto de mi padre. Y lo hemos llevado a cabo por la ilusión y la pasión que tenemos por el vino. El principio no fue fácil y lo hicimos sobre todo con delegación. Mi hermano Ángel y yo, desde 2001, cuando tomamos las riendas, tenemos el voto de confianza de todos los hermanos, que forman parte del consejo de administración. Eso nos da tranquilidad en la gestión.

P. ¿Qué han aportado a la bodega?

R. Presumimos de que estamos exentos de prejuicios y mantenemos los valores de nuestros antepasados, que se centraban en la pasión por el vino, la familia y la tierra. Aportamos seguridad, acompañados de la familia, y hemos puesto en valor el vino de Jumilla.

P. ¿Cómo compiten con otros productores de vino?

R. Somos honestos con el consumidor, hacemos el mejor vino al mejor precio posible. Un vino de calidad, consumible. Ha habido una proliferación de empresas que no venían del sector vinícola, que no conocían los sacrificios del sector, venían acostumbrados a la especulación inmobiliaria. Competimos con un vino de España en mercados maduros.

P. Tuvieron éxito fuera antes que en España.

R. Vendíamos mucho en el extranjero. No teníamos historia de embotellado, todo era granel. Para nosotros, el mercado de EE UU y Canadá supone más del 40%. El éxito fuera se debió a la confianza que establecimos con comerciales freelance. Vender un palé en España era más difícil que un contenedor fuera. Mediante esta red comercial llegamos a EE UU y a Japón.

P. ¿Qué países son relevantes?

R. Japón es un país con un crecimiento impresionante y fiel. Reino Unido y Alemania, también, como Rusia, Ucrania, país en el que hemos crecido un 30% durante la guerra; Lituania, Suiza, República Checa, Francia, Suecia... Estamos en más de 40 países. Solo el 25% de las ventas son nacionales.

P. ¿Por qué el reconocimiento en España ha tardado en llegar?

R. El problema lo teníamos con los restauradores. ¿Dónde voy yo con un vino de Jumilla de seis euros cuando lo compraban a 100 pesetas (60 céntimos). Era caro, por eso empezamos fuera. La razón por la que se conoce a Jumilla en el extranjero se debe a la filoxera, que asoló otras zonas, y en Europa se sorprenden de la calidad. Mi padre vendía vino sin apenas molestarse, y en los años ochenta importó técnicas de elaboración de Burdeos. Hemos tenido que vencer la fama negativa que tenía Jumilla como productor de vinos peleones.

P. Su madre se empeñó en que sus hijos estudiaran una carrera.

R. Mis padres querían que si nos dedicábamos a la bodega lo hiciéramos con la cabeza amueblada, con formación. Mi madre era autodidacta, una mujer culta. Su obsesión era que fuéramos cultos porque de esta manera era mucho más fácil afrontar la vida.

P. Pero usted tenía intención desde joven de dedicarse a la bodega.

R. Sí, se lo dije a mi padre, pero me aconsejó que estudiara. Y como me gustaban los aviones, quería saber por qué volaban, decidí estudiar aeronáutica. Durante un tiempo me dediqué a ello, trabajé en CASA, hoy Airbus, y participé en la construcción de aviones.

P. ¿De qué le sirvió para la actividad que ahora desempeña?

R. Me sirvió para tener una visión analítica. Me quitó prejuicios, me ayudó a ser autocrítico para mejorar los puntos débiles y poder tener éxito en la vida.

P. Ustedes lo tienen, a la vista del crecimiento previsto para este año.

R. Esperamos crecer un 30%, pero es un crecimiento insostenible porque estamos preparados para crecer un 15%. No sabemos cómo abastecer el mercado porque cuando el vino se nos acaba, se acaba. No ofrecemos nunca vinos que defrauden. Ahora nos encontramos en la tesitura de soportar el mercado y su presión. Tenemos que tener el coraje de aguantar. Por ejemplo, el vino joven de Juan Gil se nos ha acabado, ¿cómo puede suceder? Ocurre, se nos agota.