A fondo

Abengoa, obligada a pasar hambre para sobrevivir

Torre de Abengoa en una de sus plantas de energía solar. reuters
Torre de Abengoa en una de sus plantas de energía solar. reuters

Casi seis meses han pasado desde que Abengoa se viera abocada a solicitar el preconcurso de acreedores por lo que Felipe Benjumea, su por entonces presidente, definió como “un problema de liquidez”.

El grupo afrontó el jueves la presentación de sus resultados del primer trimestre del año, tres meses en los que Abengoa estuvo en una situación cercana a la parálisis total por la falta de liquidez para continuar algunos proyectos, la pérdida de varios de ellos y unas arduas negociaciones con los bancos acreedores y los bonistas para evitar el concurso.

Unas negociaciones que desembocaron en un standstill, un tiempo de espera con la bula del juez, para lograr el visto bueno del 75% de los acreedores financieros que precisa para evitar protagonizar el mayor concurso de la historia de una empresa española. La nueva fecha del calendario marcada y subrayada con letras gordas y en rojo es el 28 de octubre. Previsiblemente mucho antes de ese día, los acreedores financieros deberían haber dado su visto bueno al plan de reestructuración.

La imagen de las cuentas de Abengoa entre enero y marzo es desoladora, pero se rige bajo el criterio de “empresa en funcionamiento”. Muestra unos ingresos de 719 millones, un 54% menos que los 1.559 registrados 12 meses antes, que la han llevado a reducir su ebitda hasta los 48 millones, un 85% inferior a los 321 millones que se anotó en el primer trimestre de 2015.

ABENGOA 0,02 -5,78%
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La línea más dolorosa de las cuentas es la que hace referencia al resultado neto: fueron 340 millones de pérdidas, que se suman a los 1.342 millones que se dejó por el camino en 2015, y que se sitúan muy lejos de los 31 millones que ganó en los primeros tres meses del año pasado.

Unas pérdidas que han ido directamente contra su patrimonio neto, engullendo el 93% de este en la comparativa de año frente a año, hasta situarlo en 214 millones. Si ese ritmo de pérdidas se ha mantenido en el actual trimestre, los fondos propios de la empresa estarían a punto de desaparecer. Es la autodestrucción. La necesidad de capital es acuciante, y este solo puede llegar de la metamorfosis en capital de 5.600 millones de euros de deuda en manos de fondos y de bancos acreedores. Para la próxima semana, debería estar listo el pliego de condiciones de la refinanciación. Esta fue pergeñada por los bancos que forman el G6 –Santander, CaixaBank, Bankia, Popular, HSBC y Crédit Agricole– y por los fondos que han comprado, a precio de saldo, los bonos cotizados y que están representados por Houlihan Lokey. La novedad ahora es que han entrado de lleno en las negociaciones más acreedores y estos tratan de sacar el máximo partido de la situación. Las disputas entre ellos retrasarán la firma de las condiciones finales más allá de finales de este mes.

Los fichajes de Houlihan están dispuestos a inyectar hasta 1.500 millones de euros de dinero nuevo, pero tienen la sartén por el mango y piden más. Es lógico que solicitan todas las garantías habidas y por haber;_incluso que exijan más intereses, que se fijaron en un 14% anual más diversas comisiones que elevan su coste real al entorno del 18%. Pero tampoco pueden asfixiar a la compañía.

Abengoa puede tratar de resistir la presión acelerando su plan de desinversiones. El dinero que necesitaría para poner el plan de negocio sería inferior y esto mejoraría su posición negociadora. Pero, de nuevo, los acreedores tienen las de ganar. El plan de desinversiones para este ejercicio está cifrado en 420 millones de euros, pero su ejecución no es tan sencilla. Las ofertas por la división de bioenergía, el gran cáncer del grupo, están en el tapete, pero que se conviertan en vinculantes es complicado.

Los eventuales compradores quieren estar seguros al 100% de que la compañía no entrará en concurso de acreedores y que el juez no revocará esas operaciones. Es un círculo vicioso que alimenta la autodestrucción.

La reducción de plantilla ha sido ingente desde que estallaron los problemas. La desconsolidación de la filial en EE UU, Atlantica Yield, de la que Abengoa conserva el 41,5%, explica que su número de trabajadores se haya desplomado un 29% en un año, hasta quedarse en menos de 18.000. Pero en España las salidas suman ya más de 1.000 personas y se plantean otros 500 despidos.

La huida del talento hacia la competencia directa se produce cada día, y es totalmente comprensible. Las nóminas de este mes están aseguradas, pero de nuevo los trabajadores volverán a ser los principales damnificados a medida que se acerque el final de junio. Esa nómina no está garantizada y requerirá que los rescatadores de la empresa –principalmente, los fondos– den una prueba de su buena voluntad e inyecten parte del dinero prometido.

Abengoa tiene que adelgazar, y ya lo ha interiorizado, pero no pueden dejar que se muera de hambre.

 

Las nóminas del próximo mes dependen _de la buena voluntad de los acreedores