El Foco

La ‘desacelerada’ economía española lidera el crecimiento

Decía Guy Sorman que el consenso no es siempre la verdad. De muchos titulares referentes a la situación económica uno podría deducir que la economía española afronta una desaceleración intensa. Ahora, ¿es verdad?

Es cierto que España está en desaceleración, aunque con cierta moderación. Así, todo parece indicar que la economía, que venía creciendo un 0,8% intertrimestral los últimos meses, crecerá a un ritmo de un 0,7% el segundo trimestre de 2016. Es decir, una desaceleración muy ligera. En términos anuales puede que España crezca en 2016 un 2,7%, frente a un ritmo de crecimiento del año pasado del 3,2%. El impacto de la desaceleración en términos de empleo se traduce en la creación de 50.000 trabajos menos. Con todo, España seguirá explicando casi la mitad de la reducción del desempleo que se produce en la zona euro.

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Los factores que propician la desaceleración se centran en el sector industrial, que atraviesa una evidente desaceleración, en línea con el resto del mundo, en un menor ritmo de crecimiento de las inversiones (que en cualquier caso crecen muy por encima de otros países de nuestro entorno), quizás explicable por la incertidumbre política y por los flujos de financiación bancaria, que son menos intensos de los observados en los últimos meses.

Con todo, los meses atravesados desde las elecciones de diciembre también han arrojado datos positivos que han tenido escaso eco mediático. Así, las ventas minoristas (consumo) del primer trimestre han sido muy positivas, a pesar de la caída de la confianza del consumidor, lo que parece indicar que los españoles ponemos el dinero de nuestro bolsillo en una dirección diferente a la que indica nuestra voz. Los buenos datos de consumo se sustentan en un petróleo barato, en la creación de empleo (la EPA del primer trimestre es muy positiva si se mira objetivamente) y en una tímida recuperación de salarios. A su vez, tras el parón de enero, las ventas de casas de febrero han resultado también alentadoras (subida de un 16%). Por otro lado, el turismo, sector clave en nuestra economía (superior al 10%) da muestras de que va a volver a generar otro año récord, tanto por el turismo internacional como el doméstico.

La confluencia de los factores negativos (de gran eco mediático) y los positivos (muchos de los cuales pasan desapercibidos) es que la desaceleración se puede cifrar en un 0,1% de menor crecimiento intertrimestral y un 0,4% en interanual.

En otras líneas, una desaceleración menos dramática de lo que sugiere su vertiente mediática.

¿Cómo contrasta dicha desaceleración en un entorno internacional? Todo parece indicar que el mundo crecerá un 3% en 2016, frente a un 3,5% que se esperaba hace unos meses y un 3,9% de crecimiento medio histórico. EE UU quizás no llegue a crecer un 2%, frente al 3% que se esperaba el pasado otoño y la zona euro algo crecerá por encima del 1,6% (no habría que descartar la posibilidad de que la zona euro acabe creciendo más que EE UU por primera vez desde que comenzó la crisis).

La conclusión es que, a pesar de la desaceleración, España seguirá liderando el crecimiento económico de las grandes economías occidentales (EE UU, Canadá, Australia, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido). También es interesante ver que durante 2016 España alcanzará el nivel de producción anterior a la crisis.

En mi opinión, el margen de la situación política para dañar seriamente la recuperación económica es limitado, tal y como expongo en el reciente informe que acabamos de publicar. Entre otros, expongo cómo: a) un país con un elevado nivel de deuda soberana (en el caso de España una vez su PIB) es extremadamente sensible a la opinión de los mercados, de forma que medidas impulsadas por cualquier partido político y percibidas como populistas por los mercados se traducen en incrementos del coste financiero, lo que eleva los intereses a pagar a los acreedores; los mayores gastos han de ser compensados con más recortes en gastos sociales, lo que lleva a la paradoja de que a más populismo, más recortes;b) el déficit fiscal español (5% del PIB, el segundo mayor de la zona euro) es insostenible en un entorno de unión monetaria; llevamos siete años sin cumplir los objetivos de déficit y la paciencia de nuestros socios europeos se acaba, y con ella, la discrecionalidad de aplicar políticas con más autonomía, y c) una parte muy relevante de nuestra deuda reside en el balance del Eurosistema (BCE y otros bancos centrales), lo que confiere a España unas condiciones de financiación históricas (el Tesoro hoy se financia a un tipo inferior que el Tesoro de EE UU, por increíble que parezca); dicho apoyo del Eurosistema está condicionado a que España genere políticas conducentes al equilibrio fiscal y a afianzar el crecimiento económico, lo que también restringe el margen de maniobra política nacional.

El impacto de la desaceleración en el empleo se traduce en la creación de 50.000 trabajos menos

Dicho esto, la acción política inteligente sí puede resultar clave para gestionar los considerables riesgos que la economía española presenta más en el medio plazo: entre otros, desempleo elevado, déficit fiscal estructural, sostenibilidad de las pensiones y bajo crecimiento de la productividad.

Afirma un refrán de Arabia Saudí que “la experiencia es el peine que la vida nos regala cuando nos hemos quedado calvos”. Tras una crisis épica que ha dejado muy dolorosas heridas sociales y económicas, tenemos una nueva oportunidad para gestionar nuestros riesgos antes de que sea demasiado tarde.

No la desaprovechemos.

Ignacio de la Torre es Socio y Economista Jefe de Arcano