Entrevista con el director del Museo Guggenheim Bilbao

“El visitante no paga lo que realmente vale la entrada”

Juan Ignacio Vidarte lleva el control semanal de la cifra de visitas a la pinacoteca

"Las instituciones culturales debemos acercarnos con propuestas de valor a las empresas"

“El visitante no paga lo que realmente vale la entrada”

Lleva casi dos décadas al frente del Museo Guggenheim Bilbao y, a pesar de su formación como economista, Juan Ignacio Vidarte (Bilbao, 60 años) no concibe su vida profesional sin el arte, como tampoco se plantea su futuro profesional alejado de esta institución, donde a veces tiene dificultades para establecer una barrera entre su faceta profesional y su vida personal. Tampoco lo intenta. La pinacoteca le absorbe todo su tiempo, más ahora que está inmerso en el desarrollo y en buscar oportunidades en el mundo digital.

Pregunta. ¿Cuál es el valor añadido del Museo Guggenheim Bilbao?
Respuesta. Es una combinación de factores diferenciales, desde el origen, en cuanto a la concepción de la institución, que tiene un carácter asociativo. Es un museo de nuevo cuño, fruto de la colaboración entre las Administraciones vascas y la Fundación Guggenheim. La base es compartir sinergias, pero somos una institución independiente, con nuestro propio órgano de gobierno y una colección propia, diferente a lo que se veía anteriormente en el mundo del arte. Somos diferentes en cuanto al papel que juega la arquitectura, es un elemento esencial en la configuración de una experiencia. También es innovador en su modelo de gestión mixto, con una presencia pública importante y un patronato en el que participan 33 empresas e instituciones privadas.

Sueña con una gran exposición de Picasso

El Museo Guggenheim factura al año 26 millones de euros, y este año espera crecer más del 2% por la vía de los recursos propios, “porque las subvenciones las tenemos congeladas”, según detalla este economista, que lleva desde 1991, la mitad de su carrera profesional, vinculado al mundo del arte, pero sobre todo “buscando la eficiencia en la gestión.

En este sentido, especifica que el museo, como institución cultural, tiene una actividad con “recursos escasos y hay que maximizar objetivos, ya que nos encontramos entre la élite de los museos contemporáneos del mundo, con una misión educativa con una programación de exposiciones equilibrada, ambiciosa y de calidad”.

Vidarte sueña con montar una exposición sobre Picasso. “Me hubiera gustado tener el Guernica, un cuadro vinculado a un lugar tan cercano, pero no hay que renunciar a los sueños”, explica.

P. ¿El continente, el diseño de Frank Gehry, puede llegar a eclipsar el contenido?
R. Es una oportunidad única para exponer arte. La arquitectura no debería condicionar el contenido, es una oportunidad para exponer obras de diversas escalas. Si se utiliza mal es un riesgo, pero una sala como La materia del tiempo, con la obra de Richard Serra, solo es posible aquí; o los lienzos de Andy Warhol, que aquí se pueden ver en un golpe de vista. El espacio no es ninguna amenaza, es una oportunidad.

P. ¿La crisis económica ha afectado al mecenazgo en el mundo del arte?
R. Lo ha hecho todo más complicado, pero nada funcionaría sin la fidelidad admirable de las 120 empresas vinculadas a los programas del museo. El 70% de nuestra financiación procede de los recursos propios, hemos perdido algunas empresas pero hemos mantenido los niveles de apoyo al museo.

P. ¿Por qué en España no calan las iniciativas privadas como en los países anglosajones?
R. Hemos avanzado en el mecenazgo, y aquí influye el tratamiento fiscal, pero hay una cuestión cultural en la manera de entender que el arte cuenta con iniciativas que deben merecer el apoyo de la sociedad. En el mundo anglosajón se entiende y aquí está todavía en fase embrionaria. Las instituciones culturales debemos anticiparnos y pensar en acercarnos con propuestas de valor a empresas e instituciones.

P. ¿Qué ha aportado el Guggenheim a la ciudad de Bilbao?
R. Si hay un aspecto diferencial es su papel en la transformación de la ciudad. Ha sido el catalizador del cambio en diferentes planos. Es una institución cultural de proyección internacional, con gran impacto mediático y más de un millón de visitantes al año, de los cuales dos tercios son de fuera de España. Además, ha supuesto la revitalización de una zona marginal, que se ha convertido en un área de futuro, con un gran impacto económico. El museo genera una actividad económica en su entorno de unos 360 millones de euros, de los cuales 50 son ingresos fiscales adicionales. La apuesta cultural tiene efectos de mejora de la actividad económica y fiscal.

P. ¿Es rentable?
R. Los museos son deficitarios. Una cuarta parte de los recursos proviene de las aportaciones públicas. La dependencia de la financiación pública se justifica por la función formativa que tiene, ya que los precios de las entradas serían más elevados. El visitante paga menos, unos seis euros menos, de lo que realmente cuesta la entrada. Intentamos generar una estructura, con un restaurante, una tienda, los eventos que organizamos para reducir la aportación pública, pero no hay ningún museo en Europa que no dependa de esta financiación. En EE UU funcionan muy bien las donaciones.

P. ¿Qué modelo de control ha implantado después de haber tenido que despedir al director financiero por el robo de medio millón de euros?
R. El desfalco fue descubierto por el propio museo, por lo que la confianza es absoluta y nuestros sistemas de control funcionan.