Editorial

Luz y taquígrafos en la era digital

La falta de claridad conceptual y la regulación con respecto al lobby supone que en ocasiones se confunda con tráfico de influencias”. Esta conclusión de un informe de Transparency International referido a España pone de manifiesto todo el camino que les queda por recorrer en nuestro país a los grupos de presión, entendidos como actores que actúan sin opacidad y con todas las de la ley. El rotundo suspenso que esa institución adjudica a España es un argumento más contundente porque presenta resultados notablemente bajos en el ámbito de la transparencia, tanto en el ámbito de lo público como de la actividad privada. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) acaba de publicar su primer registro de lobbies, creado para quienes quieran defender sus intereses ante dicho organismo. Es, como admiten los mismos profesionales del lobby, una iniciativa que se queda corta al circunscribirse solo a la voluntariedad y nada más que a los que se presenten ante la CNMC. Los representantes de intereses corporativos están en su derecho a influir en la agenda pública con una condición: que lo hagan de forma cristalina. Luz y taquígrafos es un concepto imperecedero también en la era digital.