Del 9 de febrero al 22 de mayo

La vuelta a casa del realismo madrileño

El Museo Thyssen acoge desde este martes una exposición dedicada a siete artistas de esta corriente.

Puerta del Sol, de Amalia Avia
Puerta del Sol, de Amalia Avia

Lo que el arte unió, que nadie lo separe. Tras más de 25 años, Madrid vuelve a acoger una exposición dedicada a un grupo histórico y generacional de pintores y escultores que trabajaron en la ciudad desde 1950. El lugar, el Museo Thyssen-Bornemisza, que abre las puertas, del 9 de febrero al 22 de mayo, a la muestra Realistas de Madrid. En total, 90 obras de este grupo de artistas, que tras compartir clases en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, unieron sus caminos y trayectorias profesionales para convertirse en uno de los mayores exponentes del realismo en España.

La exposición alberga las piezas de Antonio López; su compañera María Moreno; los escultores Julio López y su hermano Francisco; la pintora y mujer de Julio, Esperanza Parada, y la también pintora y esposa de Francisco, Isabel Quintanilla; además de varias obras de Amalia Avia. En total, casi 100 piezas entre óleos, esculturas, relieves y dibujos que se alternan en varias salas.

Lavabo y espejo, de Antonio López (1967) ampliar foto
Lavabo y espejo, de Antonio López (1967)

Las obras están distribuidas de tal forma que ponen de relieve los puntos en común entre unos y otros artistas, además de mostrar a la perfección el vínculo, tanto familiar como de amistad, que rodeó sus vidas. La muestra sigue un itinerario temático, no cronológico, que conduce al espectador desde lo íntimo a lo público, del bodegón a la ciudad y de los objetos cotidianos del hogar a las céntricas y transitadas calles de Madrid. Muchas de las obras seleccionadas, elegidas por los dos comisarios de la exposición, María López (hija de Antonio López) y Guillermo Solana, no han podido verse durante muchos años en España. Todas, además, están enmarcadas en los temas que los siete artistas compartían: el bodegón, el interior doméstico, las calles y patios, la figura humana y la ciudad de Madrid.

Destaca la presencia femenina en el grupo, algo poco habitual en el mundo del arte, en el que predominaba lo masculino. Los trabajos de cuatro mujeres frente a los de tres hombres, recalcan el deseo de las primeras de reivindicarse y abrirse paso en un mundillo generalmente vetado para ellas.

El primer capítulo reúne una selección de naturalezas muertas y bodegones, como el Vaso de Isabel Quintanilla o la Naturaleza muerta de la sandía, de María Moreno. La siguiente sala alberga imágenes de interiores domésticos, incluyendo obras clave de Antonio López, como Lavabo y espejo o El comedor, de Amalia Avia. Muchas de estas obras continúan tomando como protagonistas los interiores de las viviendas, con largos corredores o estancias que permiten vislumbrar tímidamente las calles, cielos y el mundo exterior. De esta serie destacan Ventana, de Isabel Quintanilla, El pasillo, de María Moreno, y El cuarto de Baño, de Antonio López, todos ellos grises e inquietantes.

Los siguientes escenarios son los patios, jardines y zonas exteriores más cercanas a la casa, a los que se llega de forma gradual. Y aunque la vida de estos artistas se desarrolló en su mayor parte en la gran ciudad, en varias obras se intuyen entornos rurales con cierto aire de nostalgia. Destacan en este apartado El jardin y La higuera de Isabel Quintanilla o el Jardín de poniente, de María Moreno. Frente a estos paisajes, el siguiente apartado está dedicado a la figura humana y a los grandes proyectos escultóricos concebidos para los espacios públicos. La figura humana, sin apenas protagonismo en la pintura, se convierte en el centro de los trabajos escultóricos, algunos como El alcalde y El hombre del sur, ambos de Julio López.

La parte final del trayecto abre las ventanas y balcones y se lanza al exterior. Estas obras se convierten en el testimonio de la metamorfosis que vive la ciudad en esos años. Algunos cuadros se pintan, incluso, desde la periferia madrileña. Antonio López, por ejemplo, realiza varias sesiones conjuntas de pintura al aire libre desde el barrio de Vallecas.

Precisamente de este último artista es una de las joyas de la exposición: La ventana de noche, una reciente obra (2013-2015) que destaca por su original visión de gran angular y que por primera vez se expone en España.