Fundada en un pequeño pueblo catalán, en 1914

Chiruca: las botas que corrían delante de los ‘grises’

Según estudios de la época, a mediados del siglo XX calzó al 80% de los españoles

Tras más de diez años fuera del mercado, Calzados Fal compró la firma en 1987

Chiruca: las botas que corrían delante de los ‘grises’

Pocas marcas han nacido motivadas por el derribo de un avión de guerra. Y una de ellas, además, ha calzado a media España a lo largo de varias décadas. La empresa Chiruca se fraguó durante la Primera Guerra Mundial en la comarca gerundense de la Garrotxa, a los pies del Pirineo catalán. A esta región no llegaron las balas ni los misiles de la batalla, pero sí que lo hicieron miles de refugiados franceses que huían del conflicto, sorteando los controles fronterizos por los escurridizos pasos de los contrabandistas. La tranquilidad de los pequeños pueblos pirenaicos se vio alterada por la llegada de los franceses, muchos de ellos fabricantes de alpargatas que compartieron sus conocimientos con las familias de acogida, varias de ellas dedicadas a la industria textil.

Cronología

Chiruca: las botas que corrían delante de los ‘grises’

1914. Esteban Fontfreda, hijo de una familia dedicada a la industria textil en la provincia de Gerona, fabrica unas botas basándose en las que calzan los refugiados franceses que cruzan los Pirineos huyendo de la Primera Guerra Mundial, muy diferentes a las españolas.

1918. La sociedad española, principalmente dedicada a trabajos del sector agrícola, recibe este calzado con los brazos abiertos. Agricultores, jornaleros y ganaderos encuentran en el modelo una comodidad inusual para la época, provocada, sobre todo, por el uso de una suela de goma. Incluso el propio Ejército se convierte en uno de los clientes habituales.

1940. La compañía vende sus botas en todo el país, pero aún no tiene nombre ni logotipo. El limitado mercado de calzado y la escasez de competencia no habían hecho necesario buscar un emblema. Sin embargo, en la década de los cuarenta todo cambia. Chiruca se populariza y aparecen nuevos diseños, por lo que el fundador decide bautizar su empresa. El nombre lo escoge en honor a su esposa Mercedes y a su diminutivo en gallego.

1960. Veinte años más tarde, la marca se populariza entre el sector de la sociedad española contrario al régimen franquista. El movimiento estudiantil y obrero calza estos modelos, cómodos y útiles por su suela de goma, para huir de las cargas policiales en las manifestaciones.

1970. Sin embargo, todo lo que sube, termina bajando. Chiruca se ve fuertemente golpeada por el llamado calzado blanco, que entra con fuerza en el mercado español y arrolla a las botas y zapatos de toda la vida. Comenzaba la época del boom de las clásicas zapatillas deportivas.

1987. Tras más de diez años sin estar en el mercado, Chiruca es comprada por la firma riojana Calzados Fal, actual propietaria de la marca. Lejos de quedarse relegada en un segundo plano, la firma, consciente de no poder liderar el calzado de calle, busca capitanear el sector de la montaña, el senderismo y la caza.

Una de estas fue la estirpe Fontfreda, una acaudalada familia de la burguesía catalana con fuerte tradición en el sector que vivía en la localidad de Tortellà. Esteban Fontfreda, el hijo de la casa que había regresado de estudiar Ingeniería Industrial en la Universidad de Krefel (Alemania), se fijó en el tipo de calzado que portaban los franceses que cruzaban la abrupta cordillera: unas botas que no existían en España, con la peculiaridad de tener una suela de goma. Así, en 1914, aprovechando los restos del fuselaje de un avión de guerra derribado en la montaña por la resistencia francesa, fabricó el primer prototipo de lo que, 30 años más tarde, serían las botas Chiruca, ya que el nombre de la compañía llegaría varias décadas más adelante.

Tal fue el éxito de estas botas que, tan solo cuatro años después de la fundación de la marca, el Ejército pasó a formar parte del listado de clientes de la compañía, junto a campesinos y agricultores que encontraron en el modelo de este calzado todoterreno la comodidad que requerían para trabajar la tierra. Y no solo por su confortabilidad, sino también por su módico precio. En la época, el par costaba 50 céntimos de peseta, algo que hizo que estos zapatos de tela con suela de goma pisasen con fuerza en todas las regiones de España.

La factoría de Esteban Fontfreda crecía de un modo espectacular dentro del sector, hasta que la llegada de la Segunda República frenó en seco su ascenso. La empresa fue expropiada por el Gobierno y entregada a los trabajadores de la fábrica, que la gestionaron durante tres años, hasta la llegada de la dictadura, cuando fue devuelta a la familia fundadora.

Entrados los años cuarenta, Joan y Lluís Fontfreda, los dos hijos de Esteban, se hacen cargo del negocio. Es esta una época de innovación y mejora constante, en la que las botas de tela y cuero son acompañadas de una base de esparto vulcanizado que impermeabiliza toda la suela, fabricada a base de goma reciclada de las ruedas de los coches y camiones. Llegó el despegue absoluto de la empresa, a la que el retirado fundador decide bautizar, por fin, en honor a su mujer, Mercedes, con el apelativo de Chiruca, el diminutivo cariñoso de dicho nombre en la lengua gallega. En esos años, este era también el título de un drama de Torrado, opereta que entonces llenaba el aforo de los teatros de Cataluña.

El nuevo diseño del calzado, más versátil y cómodo, disparó las ventas de las botas. A mediados de los cuarenta, la factoría vendía 700.000 pares, y alcanzó la cifra de tres millones en 1949. De hecho, según estudios de la época, el 80% de los españoles había calzado ya al menos un par de estas botas, incluido el propio Franco, que en los años sesenta apareció en varios reportajes del nodo caminando con ellas durante sus jornadas de cacería. Y del dictador, al movimiento estudiantil y obrero de los años sesenta. Curiosamente, las botas que calzaba Franco eran las preferidas por los manifestantes de izquierdas y progresistas que corrían delante de los grises en las movilizaciones que el dictador ordenaba reprimir. De hecho, la marca se convirtió en un auténtico símbolo de transformación social, desde las ciudades y universidades españolas hasta las marchas contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos, donde la firma, aunque en muchísima menor cantidad, también vendió sus modelos.

Sin embargo, a finales de la década de los setenta, como suele ocurrir en muchas historias empresariales, las famosas botas fueron desplazadas por otras zapatillas que irrumpieron con fuerza en el panorama español. El llamado calzado blanco, abanderado por marcas como Adidas o Puma, hizo mella en la empresa catalana, que, pese a sus esfuerzos por no decaer, desapareció por completo del mercado. Tras más de diez años sin estar presente en las zapaterías y establecimientos, la firma Calzados Fal, fundada en 1965, se puso en contacto con la familia Fontfreda para comprar la compañía. Chiruca fue llevada de nuevo a las alturas, y nunca mejor dicho, porque desde entonces la marca ha centrado sus objetivos en el nicho de calzado de montaña, senderismo y trekking, donde se presenta como una de las insignias líderes.

Más aún desde 1992, cuando la compañía firmó un acuerdo con Gore-Tex, por el que Chiruca obtenía la licencia para incorporar a sus productos el conocido forro de la multinacional, que garantiza impermeabilidad y transpirabilidad. Hoy, todos los calzados se fabrican en Arnedo, La Rioja, en una factoría de 14.000 metros cuadrados en la que trabajan cerca de 200 personas.

Una fábrica con laboratorio propio

Una propia factoría de ideas ha llevado al departamento de I+D+i de Chiruca y Calzados Fal a desarrollar varios de los conceptos más innovadores del sector. La marca que introdujo en España las suelas de goma se las ha ingeniado para solucionar, o al menos minimizar, uno de los eternos problemas a los que se enfrentan padres y madres.

Las Chiruca C3GS (Three Generation System), diseñadas para los más pequeños, son unas botas infantiles multitalla, pensadas para que las visitas a las zapaterías durante la edad de crecimiento sean menos comunes. Este modelo permite que un par de botas resulte operativo durante el crecimiento equivalente a tres tallas de pie consecutivas.

Otro proyecto tecnológico en el que trabaja la firma es el estudio del comportamiento de los materiales del calzado en climatologías adversas. Así, está realizando diferentes ensayos en condiciones extremas, entre los 30 grados bajo cero y los 50 sobre cero.