Editorial

El regulador británico patina

El sector europeo de las telecos se encuentra en plena ebullición. No en vano, está llamado a ser el pilar básico –de hecho ya lo es en muchísimos aspectos– del despliegue de la economía del futuro. Dentro de esa recomposición del mapa de las telecos, un aspecto prioritario es la lucha contra el poder de los gigantes estadounidenses que han crecido al calor de internet y de unas condiciones regulatorias favorables. Como respuesta, las grandes telecos europeas defienden un proceso de consolidación y fortalecimiento. Algo que, paradójicamente, se está encontrando con decisiones difícilmente explicables. Un ejemplo clarísimo está sucediendo con la postura en contra del regulador británico (Ofcom) respecto a la unión de Three con O2 UK. Este organismo ha emprendido una suerte de cruzada ante Bruselas –la competencia es comunitaria–, cuyo único objetivo parece ser derribar la operación. Y lo hace con el argumento de una supuesta perdida de competencia, razonamiento que entra en directa colisión con la reciente aprobación por su parte de la fusión entre BT y EE, que ha configurado un grupo integrado, con una elevadísima cuota de mercado. Es preocupante que, de nuevo, la tesis de la protección del campeón nacional se anteponga al diseño de una seria construcción del futuro empresarial de las telecomunicaciones europeas.