Tribuna

¿Se está creando empleo?

Con ocasión de los posibles pactos de investidura estamos oyendo, continuamente, que la incertidumbre política en España, consecuencia de la interinidad en el proceso de la formación del Gobierno, tiene efectos devastadores sobre el empleo por la falta de estabilidad política. Pero nadie nos dice de qué tipo y calidad de empleo se trata.
A partir del análisis de los datos de la EPA obtenemos una primera impresión del tipo de empleo que se está creando. En 2015, el empleo aumentó en 525.000 (2,99%). Es un buen dato pero no conviene echar las campanas al vuelo. Con una tasa de paro del 21,9% y, además, en el mes de enero la Seguridad Social pierde más de 204.000 afiliados cotizantes, nos confirma que todavía queda mucho por hacer. Dicho dato no puede ocultar, por ejemplo, que más del 50% de estos empleos creados se concentraron en trabajos precarios de baja calidad. Por otro lado, la industria solo fue capaz de aglutinar el 5% del total de los empleos creados.
El empleo creado no benefició a todos los grupos de edad por igual. Así, se destruyó empleo entre los menores de 35 años (-54.000) mientras que se creó entre los mayores de 35 años (579.000).
Por su parte, el paro ha bajado en mayor medida (678.000) que el empleo (525.000). Ello es debido no solamente al aumento del empleo, sino, en un 25%, por la disminución de la población activa (153.000 activos). Lo habitual es que cuando crece el empleo el paro baje en la misma cantidad.
Por otro lado, el balance del mercado laboral es mucho peor si se analiza la legislatura por completo, ya que nos proporciona un vídeo y no una foto fija. Así, los datos suministrados recientemente por la EPA nos permiten analizar desde 2011 hasta el cuarto trimestre de 2015. Y en consecuencia, podemos concluir que los resultados obtenidos confirman lo publicado en anteriores artículos: en la presente legislatura aún no se han recuperado los niveles de empleo previos a la crisis, se han destruido 59.000 empleos y ha dejado un rastro de precarización del mercado laboral y de los derechos de los trabajadores y trabajadoras sin precedentes. Es decir, en 2015 tenemos menos empleos que en 2011.
Los empleos que se han creado son en su gran mayoría temporales, de mala calidad, con una elevada precarización, de baja productividad y poco cualificados y, sobre todo, menos que los empleos permanentes. Así, se han destruido 250.000 empleos indefinidos, mientras los temporales aumentan en 89.000 personas. De este modo, la tasa de temporalidad aumenta en 0,9 puntos porcentuales, hasta situarse en el 25,7%.
Los ocupados a tiempo completo disminuyen (450.000 puestos de trabajo), mientras crecen los ocupados a tiempo parcial (391.000), lo que ha hecho aumentar la tasa de parcialidad (dos puntos porcentuales).
Es muy preocupante, por su importancia y su magnitud, que continúen aumentando los parados de larga duración. Es una situación en la que cada vez hay más parados durante más tiempo (60% del total, frente al 46% de 2011) al incrementarse en más de 200.000 personas.
Lo peor es que cada vez hay más personas desprotegidas, excluidas del sistema de protección por desempleo (44,8%, frente al 30% en 2011), lo que cronifica el problema y ello sí que es cierto que crea inestabilidad en nuestra cohesión social. Ciertamente, la persistencia de la incertidumbre podría tener efectos negativos sobre el empleo. Pero dichos efectos serían en el tipo de empleo que muchos no deseamos, el precario. Es imposible que los efectos negativos se dejen sentir en los empleos de calidad, pues a duras penas se crean. Si se elimina la incertidumbre hay que procurar sentar las bases para otro modelo económico con empleos de calidad. El miedo a la incertidumbre no debe servir de excusa para consolidar indefinidamente un modelo de relaciones laborales precario y mucho menos con nuevas reformas estructurales. Por todo ello, parece razonable responder al reto del desempleo con un cambio en el modelo económico y laboral que priorice trabajos dignos y de calidad. Una recuperación económica basada en la precariedad debilita la productividad de las empresas y socava los pilares del Estado de bienestar y la cohesión social. La habitual frase publicitaria que habitualmente nos dicen: “Esto es mejor que estar parado”, es poco seria.

Vicente Castelló es Profesor Universidad Jaume I y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local