Carlos Satrústegui, consejero delegado de Lester

“Conozco a ejecutivos que tienen más de un centenar de corbatas”

“A mi padre las corbatas que se hacían en España le parecían caras o feas”

Aunque se use menos, tiene puesta su esperanza en los jóvenes, que vuelven a llevarla

“Conozco a ejecutivos que tienen más de un centenar de corbatas”

Trabaja rodeado de hilos y muestras de seda, que le sirven de base para confeccionar las corbatas de Lester. Carlos Satrústegui, nacido por casualidad en Barcelona, donde veraneaban sus padres, en 1969, dirige mano a mano con su hermana Sonia la empresa familiar fundada en 1992 por su padre, Carlos Satrústegui. “Tiene mérito porque en aquella época, y sin experiencia en el sector, decidió cambiar las cosas, porque pensaba que las corbatas que se hacían en España era caras o feas”, recuerda el hijo, en el despacho en el que trabaja, en el corazón del barrio de Salamanca de Madrid.

Así que el progenitor cogió los bártulos y se marchó a Italia, “a tocar puertas, en busca de una fábrica que le hiciera caso, y una se lo hizo”. Fue en ese momento cuando comenzó esta aventura, a la que se incorporó un año más tarde, después de estudiar Marketing. “Vendíamos la corbata a 5.000 pesetas (30 euros) y no existía el colorido que tenemos ahora. En aquella época eran más sobrias”, explica. Una corbata de Lester cuesta ahora 63 euros.

La primera tienda de la firma abrió sus puertas en 1995 en la calle Núñez de Balboa. Más tarde abrieron la que consideran su flagship store en Claudio Coello, donde ya no solo venden este tipo de complemento sino que dan cabida a todo el vestuario masculino, donde también ofrecen sastrería a medida. Cuentan con cinco tiendas más, repartidas entre Madrid, Valencia y Sevilla, y 40 puntos de venta en los centros de El Corte Inglés.

“Hemos tenido que reinventarnos porque nuestro cliente, que tiene entre 35 y 55 años y de clase media alta, nos lo demandaba. Intentamos rejuvenecerlos; además vienen muchas madres con el hijo, cuando este tiene que empezar a vestir más formal”, argumenta el consejero delegado, que insiste en desterrar la idea que pudiera tener el cliente de que Lester se hubiera quedado en una firma obsoleta. “El producto que tenemos es el mismo que hace un año, pero ahora lo contamos de manera diferente”. Para ello, han cambiado la imagen de la web y del catálogo, donde el modelo que luce la ropa luce un look actual. “Lleva barba porque vende mucho ahora mismo”. Explica que la gente joven ahora presta atención, aunque pueda parecer lo contrario, a la moda, cuya tendencia es llevar las prendas más ceñidas, “que dibujen el cuerpo, más pegadas, sientan mejor”. Aconseja, como él hace, llevar un pantalón de 19 de pierna, y defiende el uso de la corbata, “un producto que tiende a dejar de usarse por influencia de la televisión, sobre todo en los telediarios, donde cada vez que pueden se la quitan”.

Su esperanza está puesta en los jóvenes, que vuelven a usarla. “La corbata es lo que nos diferencia a los hombres, ahora vuelve a llevarse más estrecha, es más moderna, como hemos visto en algunos políticos [se refiere a Pedro Sánchez y a Albert Rivera]”, explica Satrústegui, aunque la pala 8 y 9, la tradicional, sigue estando en vigor.

Señala que la corbata más vendida en tienda es la de seda en color pastel y con unos dibujos de perritos. En cambio, el cliente que la adquiere en El Corte Inglés prefiere la de jacquard en tonos lisos. “Conozco a ejecutivos que tienen más de un centenar de ellas”, asegura Satrústegui.

Una mesa grande para poder diseñar

“Conozco a ejecutivos que tienen más de un centenar de corbatas”

Las corbatas corporativas están de moda. Empresas como Citi, Bankinter, PwC, Repsol, Acciona o Deloitte encargan a Lester la confección de esta prenda, una iniciativa que impulsó el banquero Emilio Botín, que siempre llevaba la corbata en rojo, el color institucional de Banco Santander. “Hay que tener mucho cuidado con el diseño de este complemento de empresa, ya que es importante que el logo sea discreto para que pueda ser usada. No hay nada peor que una corbata en un cajón”, explica Carlos Satrústegui, al frente de la compañía familiar, con 35 personas en plantilla y una facturación de 4,2 millones de euros.

Trabaja una media de nueve horas diarias, la mayoría de ellas destinadas a visitar las tiendas. El resto del tiempo lo ocupa en su despacho, una habitación con chimenea, que utiliza para colocar fotografías enmarcadas en recuerdo de inauguraciones de las tiendas abiertas.

Para 2016 tiene previsto abrir el tercer punto de venta en México DF y el primero en Berlín. “Nuestro plan de expansión contempla tener cinco más en los próximos cuatro años”, explica. Sobre la mesa de trabajo reposan libros que le sirven de inspiración para el diseño de corbatas, con imágenes de botánica, de caballos... “Renovarse o morir”, dice el empresario, dedicado sobre todo al diseño de las colecciones. Por ello, justifica, su mesa es de gran dimensión.

Cada mes lanzan unos siete modelos nuevos, de manera que cierran el año con unos 70 diseños en tienda, que confeccionan entre España y Portugal. “Tienes que estar constantemente ofreciéndole cosas nuevas al cliente”. Y avanza una nueva tendencia: “Llega la pajarita, sobre todo para la gente joven, a la que le preocupa su imagen”.