Buena parte de sus clientes son famosos

“En esta clínica no huele a dentista"

Marisa Nufrio crea un concepto de odontología emocional para diseñar sonrisas en la clínica Smylife.

Marisa Nufrio, en su despacho de Smylife
Marisa Nufrio, en su despacho de Smylife

La primera impresión que da es la de ser una mujer muy resolutiva, segura de sí misma, pero sobre todo arrolladora. No en vano, Marisa Nufrio, madrileña, de 46 años, es una emprendedora que ha desarrollado un nuevo concepto, el de la odontología emocional, o lo que es lo mismo, hacer que el paciente rompa en todos los sentidos la aversión que normalmente se siente hacia el dentista. Porque lo que pretende Nufrio en Smylife, fundada en 2012, es desarrollar una nueva idea de salud dental que aúna la última tecnología con el lujo y la exclusividad. “Queremos que el paciente viva una auténtica experiencia, a través de los cinco sentidos, dentro de una atmósfera única, diferente al resto de las clínicas dentales”, explica la responsable de este centro, ubicado en un local a pie de calle, como si se tratara de una boutique más del barrio de Salamanca.

Se trata de una clínica de unos 900 metros cuadrados, repartidos en cuatro plantas, en su mayoría decoradas en color negro, salvo los espacios reservados al trabajo de los odontólogos, donde impera un inmaculado blanco, con el fin de crear un ambiente luminoso y donde el cliente se entretiene con unas pantallas instaladas en el techo.

Todo el personal viste de negro, el color preferido de la fundadora de la empresa, que va vestida de arriba abajo de azabache. “Con el negro hemos querido eliminar los miedos que rodean a todo lo que tiene que ver con lo sanitario; es elegante, aporta serenidad”, relata Nufrio, quien advierte de que la música y el olor que se respira también es diferente. “Aquí no huele a dentista”, dice mientras señala la zona de recepción, que parece la de un hotel o la de un spa.

Su despacho es oscuro y lleno de espejos, detalle que asegura alegra y relaja. La única nota de color la pone un vistoso cuadro pintado por Blanca Cuesta, mujer de Borja Thyssen, el hijo de Carmen Thyssen, y gran amiga de Marisa Nufrio. En este espacio, que al visitante le puede parecer claustrofóbico, trabaja esta ejecutiva, que vive por y preocupada porque sus clientes, una buena parte famosos (futbolistas, actores, cantantes), luzcan una bonita sonrisa. “Es la mejor tarjeta de presentación, tener una boca sana y poder sonreír a gusto”. Y asegura que, en estos momentos, y gracias a las nuevas tecnologías, en tan solo un día cualquier persona puede quitarse los dientes, ponerse unos implantes y salir con una nueva sonrisa.

El cuadro de la nuera de la baronesa

“En esta clínica no huele a dentista"

Entra a trabajar sobre la ocho de la mañana y 12 horas más tarde sigue al pie del cañón. “Delego poco, es una clínica difícil por el nivel del paciente, que busca la excelencia, no dispone de mucho tiempo y no le importa pagar un poco más por conseguir todo esto”, explica Marisa Nufrio, quien asegura que, a pesar de haber montado la clínica, en la que trabajan 20 personas, en plena crisis económica, en tan solo tres años es rentable. De hecho, a la de Madrid suman, con la ayuda de socios locales, dos más en Italia (una en Milán y la otra en Bolonia) y la tercera en Manchester (Reino Unido).

Al lado de su mesa de trabajo, además de moldes de mandíbulas, tiene dos bustos del escultor Yoshihiro Nakashima. Una de sus grandes aficiones es el arte, dice, mientras señala el cuadro de su amiga Blanca Cuesta. “Fue de los primeros que pintó y encuentro que le va muy bien a la decoración”. Le gusta promocionar a artistas españoles, sobre todo con acciones y subastas benéficas, ya que suele colaborar con el padre Ángel, para quien consiguió 25.800 euros en el último acto solidario. También cerca tiene una cámara de fotos, herramienta de trabajo para fotografiar las bocas de los pacientes. Entre sus hobbies, además de pasar tiempo con sus dos hijos, están bailar, montar a caballo y trabajar.

Marisa Nufrio es empresaria, aunque le hubiera gustado ser odontóloga –“es mi profesión frustrada”–, y junto a su marido, José Álvarez, “la cabeza pensante”, lleva toda la vida dedicada a este sector. Hace unos años montaron una cadena de clínicas dentales low cost. “Siempre me he sentido atraída por el sector de la salud, por los hospitales, los pacientes, los pijamas..., me parecía muy interesante”.

Desde hacía años tenía en mente desarrollar un nuevo concepto de clínica dental, “vistosa, no la típica instalada en un piso, y con los últimos avances”. Para ello cuenta con otra empresa, Nemotec, dedicada al desarrollo tecnológico dental, de la que se nutre para dotarse de toda la innovación disponible en el mercado. “Todas las ideas son de mi marido y mías; llevamos 27 años trabajando juntos”, comenta mientras enseña en unas pantallas de ordenador su penúltima idea: SmyDesign, el diseño de la sonrisa. “Esto quiere decir que cada uno puede dibujar la sonrisa que mejor vaya con su cara, la que potencie mejor sus virtudes”.

Mediante un ordenador, y después de fotografiar al paciente, con la ayuda de esas imágenes intra y extraorales se le van colocando las carillas de manera virtual, de forma que pueda ver la sonrisa que mejor le va a su rostro. “Porque una persona que no sonríe parece que tiene algo que esconder”. El precio de una sonrisa nueva puede llegar a costar 20.000 euros, según explica Nufrio.

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