La oferta es de siete casas rurales, un torreón medieval y una casa solariega

De villa fantasma a complejo turístico rural

Alquilar todo un pueblo es posible en la localidad burgalesa de Villalibado.

Imágenes de instalaciones y edificios restaurados de uso común.
Imágenes de instalaciones y edificios restaurados de uso común.

Recuperar un pueblo deshabitado para que los viajeros que lo deseen puedan disfrutar de él como alojamiento turístico es una iniciativa, poco común y probablemente única en España, en la que se embarcó en 2006 Juan Ansótegui, un madrileño licenciado en Bellas Artes y artista de profesión, vinculado directamente a la piedra como material de trabajo.

A tres kilómetros de Villadiego, en Burgos, se alza Villalibado, al que en realidad bien se podría rebautizar como el pueblo milagro que ha resurgido de sus ruinas cual ave fénix.

Desde que a finales de los años noventa partieran sus dos últimos vecinos, esta pequeña localidad entró a formar parte de la larga lista de pueblos deshabitados, que no abandonados, que existen en muchas comunidades autónomas, sobre todo en Castilla y León y Aragón. 

En Villalibado, algunas casas, pocas, cerradas prácticamente todo el año, abrían sus puertas en verano y algunos fines de semana, no muchos, regresaba fugazmente algún lugareño.

Esta iniciativa fomenta la recuperación del territorio

Afortunadamente, hace ya casi una década, camino de Santander, Ansótegui tomó un desvío y se topó con Villalibado.

El aspecto del pueblo debía ser más que desolador, pero seguro que muy atractivo para un apasionado de la arquitectura: casas con muros derruidos, calles sin asfaltar y apenas transitables debido a la maleza y a los escombros acumulados, un torreón medieval que conseguía a duras penas mantenerse en pie, y una iglesia, la de El Salvador, que mostraba un ábside románico. Villalibado era un pueblo deshabitado, un pueblo fantasma desde 1998.

Entonces surgió el desafío, que no era otro que recuperar todo un pueblo, sin ninguna finalidad concreta por aquel entonces. Tras esta primera visita, Ansótegui adquirió el torreón, conocido popularmente como El Torrejón. Le siguieron, ya junto a sus tres hermanos y sus familias, seis meses de indagaciones para localizar a los propietarios de casas y tierras, que estaban dispuestos a comprar.

El proyecto echó a andar en la Semana Santa de 2007. Piedra, madera, vidrio y acero corten –un tipo de metal que se oxida, evitando la corrosión y combinando a la perfección con los colores del resto de elementos– han sido los materiales utilizados para dar nueva vida a Villalibado.

Área de jardines.
Área de jardines.

Su desarrollo se hizo en dos fases.

La primera fue inaugurada en 2013: siete casas rurales de cuatro y cinco plazas y El Torrejón, que se alquila como un edificio más y que está diseñado como espacio común, tiene cocina, comedor para albergar a unas 30 personas, aseo y salas de reunión para grupos con televisión, sofás, billar y dardos.

La segunda fase acaba de ser inaugurada en junio de este año. La oferta se ha ampliado a una casa solariega del siglo XVII, cuyo jardín vallado y privado encierra dos edificios destinados a casas rurales, un porche de 50 metros cuadrados con barbacoa y mobiliario de terraza, salas de reuniones y pista de pádel.

Pero este pueblo, reconvertido ahora en el complejo de turismo rural Las de Villadiego, ofrece otros muchos atractivos para el viajero: tiene una piscina frente a la iglesia de El Salvador, un cenador y zonas comunes de barbacoa, así como amplias áreas ajardinadas resultado de la colaboración público-privada entre el artista y la junta vecinal, que se ha implicado desde el primer momento en la recuperación del pueblo y el proyecto.

Otro de sus atractivos es la proximidad de diferentes recursos turísticos cercanos de la provincia de Burgos, como es la propia capital (a 30 minutos), el paraje de Peña Amaya (a 23 kilómetros), Alar del Rey y el canal de Castilla (a 30 kilómetros) o Sedano y los cañones del Ebro (a 40 kilómetros), entre otros. 

En 2016 está previsto inaugurar un hotel

De momento, Las de Villadiego tiene capacidad para alojar a unas 50 personas. Es posible alquilar por separado o reservar el pueblo entero. Ambas opciones permiten a los viajeros disfrutar de la experiencia de vivir en una pequeña villa de una forma diferente.

El proyecto no ha concluido. Para principios de 2016 está prevista la inauguración de un nuevo edificio: un hotel rural que ofrecerá servicio de restaurante a los habitantes del complejo y dará comidas para bodas y celebraciones de todo tipo.

Es, sin duda, una experiencia interesante que, de ser aplicada en otras zonas, podría rescatar a muchos pueblos repartidos por toda la geografía española que han ido reduciendo su población hasta quedar deshabitados. Y, además, aporta una nueva forma de hacer turismo rural. La provincia de Burgos acoge esta iniciativa relacionada con la recuperación del territorio y el desarrollo rural.

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