La institución es referencia del diseño

“La mejor edad de un profesional está entre los 40 y los 45 años”

Pilar Vélez dirige desde 2012 el Museo del Diseño de Barcelona, donde ocupa un espacio de estética serena.

Pilar Vélez, en su despacho
Pilar Vélez, en su despacho

Trabaja en unos de esos lugares donde apetece estar: el Museo del Diseño de Barcelona (Museu del Disseny). Se trata de una institución que depende del Instituto de Cultura de Barcelona y que nace de la fusión de distintas colecciones, la del Museo de las Artes Decorativas, el Museo de Cerámica, el Museo Textil y de Indumentaria y el Gabinete de las Artes Gráficas. Más de 70.000 objetos se aglutinan en este espacio, que comparte sede con Fomento de las Artes y el Diseño (FAD) y el Barcelona Centro de Diseño (BCD), volcadas en la promoción y el desarrollo del diseño en Cataluña.

En este ambiente trabaja Pilar Vélez, nacida en Barcelona hace 58 años y doctora en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona y docente en la Autónoma de Barcelona. Desde mayo de 2012 dirige el citado museo, que todavía se encuentra en fase de recopilación de todas las colecciones (mobiliario, vidrio, carruajes, joyas...), tarea que finalizará en octubre de 2016. “Nos hemos propuesto que todo esté impecable, por ello nos lleva tanto trabajo, y todo esto es posible gracias a un acuerdo con el Centro de Restauración de Cataluña”, explica Vélez.

En el museo, que cuenta con un presupuesto anual de 4,5 millones de euros, trabajan 25 personas, y el objetivo que tiene como responsable de un organismo público, ámbito en el que siempre ha trabajado y en que dice sentirse cómoda, es hacer llegar todo el contenido al máximo público posible. Desde diciembre de 2014 han pasado por este recinto, para contemplar la colección de diseño industrial, de moda y de gráfico, unas 250.000 personas.

“Somos el escaparate del diseño, queremos ser el referente en todo el Estado español”, afirma esta gestora, que insiste en la obsesión por hacer llegar a todos los públicos con discapacidades, a través del lenguaje de signos, invidentes... “El diseño debe ser para todos”.

En estos momentos se exponen colecciones sobre El cuerpo del vestido desde 1550-2015; Del mundo al museo. Diseño de producto, patrimonio cultural. A partir del 25 de noviembre se expondrá Distinción. Un siglo de fotografía de moda española, con obra de 35 autores y un total de 464 fotografías, entre ellas de Outumuro o Eugenio Recuenco. Conversar con Pilar Vélez es hacerlo con esa profesora que se esfuerza por que su interlocutor resuelva todas sus dudas. Su discurso es directo y pedagógico. Explica que el secreto de su estilo de dirección se basa en estar en la retaguardia, “al pie del cañón sin que se note, respetando las capacidades y aptitudes de cada uno de los que componen el equipo, cuya media de edad está entre 40 y 45 años, la mejor época de un profesional”.

Para Pilar Vélez dar ejemplo es su máxima. “La gente tiene que ver que la dirección apuesta por el proyecto, que lo vive, me gusta ser disciplinada, rigurosa”. Yes precisamente esa dedicación la que ruboriza a la exdirectora de los museos de Artes Gráficas de Barcelona y del Frederic Marès de Barcelona. “Trabajo demasiadas horas, lo que hago es muy absorbente. No es un trabajo mecánico, hay que estar siempre con las antenas abiertas porque todo te puede sugerir alguna idea”. Quiere que la institución sea mucho más que una caja que contiene un rico patrimonio. “Tenemos que reflexionar y analizar el objeto y el diseño, sobre el pasado, el presente, pero sobre todo el futuro”.

“Hay que diseñar más que lámparas y mesas”

“La mejor edad de un profesional está entre los 40 y los 45 años”

Lo que más le interesa del mundo del diseño tiene que ver con el trabajo de los nuevos diseñadores, que investigan y que se preocupan por hacer algo “más que una lámpara y una mesa, de las que ya tenemos muchas”.

La globalización, pero sobre todo la crisis económica, ha hecho que muchos diseñadores estén atentos a todo aquello que la sociedad necesita. “Deben saber que se trabaja mejor de una manera global, con otras disciplinas, y desde las escuelas se debe insistir en formar, a pesar de que desde el museo también educamos”. En este punto muestra una obra de la que se siente especialmente orgullosa, editada por ellos, Diseño para vivir (99 proyectos para el mundo real. “El diseño solo cubre las necesidades del 10% de la población, un sector del primer mundo. Es necesario concienciar sobre el reciclaje, sobre el gasto de energía..., y es ahí donde debemos incidir”, explica, sentada en su despacho, cuyas paredes están cubiertas de un papel con un discreto estampado en gris, procedente de una colección de papeles del museo. “Me hubiera gustado que fuera mucho más blanco porque paso muchas horas y se necesita estar sereno”, asegura.

La mesa es cuadrada, de color blanco y está alumbrada por dos lámparas, en tamaños diferentes, de Tolomeo. Los papeles están ordenados. Ysi hay una pieza que guarda con aprecio es una lámpara que se diseñó para el bar de copas Zeleste. “Me hace compañía”. Pero si tiene que rescatar algo de su despacho es una fotografía que le regaló su equipo, cuando el edificio estaba en obras.

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