Despliegue, El Cubo y Matrioska proponen un nuevo modelo de galería
Matrioska
Artistas en el taller de Espacio Matrioska.

Emprender con arte

Cansados del mundo artístico tradicional, jóvenes licenciados se aventuran a abrir espacios donde todas las disciplinas tienen cabida. Así, pintura, música, cine y artesanía se unen en un mismo lugar.

Siempre se ha dicho que estudiar bellas artes es una alternativa preciosa pero que si lo que se quiere es vivir de ello las opciones son más bien escasas. Aún así, cientos de alumnos salen año tras año de las facultades de artes en busca de un sueño: hacer de su pasión su medio de vida.

Es el caso de los integrantes de los nuevos espacios de arte que han surgido en los últimos años. Jóvenes cansados de un mundo exclusivo y solo al alcance de unos pocos, buscan un lugar donde poder desarrollar sus creaciones y dar cabida a más personas en la misma situación.

Así nació Despliegue, un estudio ubicado en el madrileño barrio de Lavapiés en el que sus fundadores, Marta Sobaco, especializada en tatuaje y en ilustraciones de este estilo; María Ruiz, restauradora de muebles antiguos, y Pablo Velasco, ilustrador (todos licenciados en arte), buscan desligarse de los espacios tradicionales.

Despliegue
Marta Sobaco, Pablo Velasco y María Ruiz, fundadores de Despliegue.

En su local dejan exponer de manera gratuita a cambio del 15% de las ventas, si las hubiese. Cada semana reciben a un nuevo artista. “Estamos abiertos a todo tipo de propuestas, siempre y cuando tengan un trabajo conceptual detrás. Además, queremos abrir el círculo más allá del arte plástico y, por ello, vamos a organizar obras de teatro infantiles e independientes y talleres de literatura”, comenta Pablo Velasco.

También en la Comunidad de Madrid, en Torrejón de Ardoz, se encuentra El Cubo, un espacio creado por dos hermanos, Marina y Javier Benito Saiz, que desde junio apuesta por el arte alternativo. Su concepto se basa en ciclos de exposiciones de dos o tres semanas. “Exponer es gratuito y en el caso de que el artista venda alguna pieza nos llevamos el 20% del importe”, dice Marina.

Las razones que llevaron a estos hermanos a apostar por este nuevo modelo fue su descontento con las galerías de arte clásicas. Encontraron la oportunidad en la planta baja del local en el que su madre regenta una pequeña tienda.

“Mi hermano estudió comunicación y yo bellas artes. A pesar de que trabajo en una galería, no estoy de acuerdo con el modelo de negocio que proponen. Quería buscar un espacio dinámico en el que la gente pudiera ser participe y junto a mi hermano me atreví a dar el paso”, rememora Marina Benito.

Los mismos motivos llevaron a los 10 integrantes de Matrioska, graduados en bellas artes por la Universidad Complutense de Madrid a buscar nuevas alternativas. “Al acabar los estudios nos encontramos con un descontento general. Ninguno quería formar parte de los espacios culturales y artísticos existentes. El modelo galerístico es agresivo: demasiados tiburones que intentan lucrarse a tu costa. Se trata de un mundo paralelo, muy elitista. Es cierto que sus obras son muy buenas, pero nosotros no queríamos tener nada que ver”, explica Jesús García, uno de los fundadores de Matrioska.

El Cubo
Marina y Javier Benito Saiz, integrantes de El Cubo.

Las galerías tradicionales se llevan un porcentaje que varía entre el 40% y el 50% de las ventas. Además, muchas de ellas requieren un pago previo por exponer y exclusividad. En la mayoría de ocasiones exigen contar con un nombre a las espaldas, algo a lo que los jóvenes graduados no pueden aspirar.

Los integrantes de Matrioska no encontraron lo que buscaban en Madrid pero sí en un pequeño pueblo de Orense, Os Blancos. Allí, el Concejo puso a su disposición un edificio a medio construir, abandonado hace 12 años. Lo que no pudo ser un nuevo ayuntamiento es desde 2014 un espacio en el que dibujo, diseño gráfico, escultura, teatro y música tienen cabida.

Hasta ahora sus ingresos provienen de concursos a los que se presentan y trabajos que realizan sus integrantes, como el certamen de pintura mural que organizaron en Ginzo de Lima (Orense). Pero a partir de 2016 cobrarán por organizar proyectos de gestión cultural y por cursos de fotografía, diseño y dibujo, entre otros, que hasta ahora han estado realizando gratuitamente.

“No buscamos lucrarnos, únicamente queremos financiarnos con el trabajo que hasta ahora hemos estado realizando”, justifica García. Un ejemplo de este trabajo es el festival Reina Loba, celebrado con gran éxito de participación el verano pasado y en el que música, artesanía, prácticas artísticas y numerosas actividades amigables con la naturaleza se dieron lugar.

Normas
Entra en EL PAÍS