Ávila, Medina del Campo y Alba de Tormes, parada obligada en la ruta

Por los caminos de santa Teresa

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Los fans de las exposiciones del patrimonio sacro de Castilla y León se encontrarán este año con una novedad. El leitmotiv de la exhibición no es un tema sino una persona, Teresa de Jesús. Conmemora así el quinto centenario del nacimiento de la santa.

Además, será más andariega porque habrá que desplazarse por tres iglesias de Ávila: el convento de la Encarnación, donde profesó; el de Gracia, donde su padre la internó de adolescente, y la capilla de Mosén Rubí. Visita obligada es Medina del Campo, donde conoció a san Juan de la Cruz, y Alba de Tormes, donde reposa.

Tome un cayado, busque dos amigos que la acompañen, como hacía la santa, y peregrine. Déjese sorprender por su vida, su pasión en el trato con Jesús, “porque es muy buen amigo,” y por las miles de obras artísticas.

Teresa sigue aún levantando pasiones. Sus escritos jalonan la ruta y sirven de indicadores de la exhibición. “Ya no quiero otro amor, pues a mi Dios me he entregado y mi amado es para mí y yo soy para mi amado”. Lectora voraz y carismática, con nueve años convenció a uno de sus hermanos mayores, Rodrigo, para irse a las Cruzadas. Es fruto de su tiempo, de una familia numerosa, de 12 hermanos, 9 de ellos varones, lo que explica su educación, muy avanzada para la época.

NIÑEZ
Comienza el camino en Ávila, en la casa natal (8 de marzo de 1515), convertida hoy en iglesia, donde transcurrió su infancia y sus primeras lecturas de caballería. En ella sobresalen las imágenes del escultor Gregorio Fernández, Santa Teresa entre la Virgen, San José y Elías, expuestas en el retablo del altar mayor.

Panorámica de Alba de Tormes.
Panorámica de Alba de Tormes.

Después habría que detenerse en el convento de Santa María de Gracia, cerca de las murallas, de estilo gótico. Lugar donde su padre la llevó de adolescente, tras morir su madre, a los 13 años. A las agustinas les debe su formación religiosa, el conocimiento del Carmelo, aunque salió de allí segura de “no ser monja”. Aún conserva el confesionario y el comulgatorio de aquel tiempo.

De allí a la capilla de Mosén Rubí, que muestra el contexto social, religioso y cultural en el que vivió. En ese momento estaba en todo su esplendor el imperio hispano, con grandes nombres como el del humanista Nebrija, los escritores Garcilaso y Fernando de Rojas y el músico Tomás Luis de Victoria. Se produce la reforma protestante y emergen las figuras de san Ignacio, san Francisco de Borja, san Juan de Ávila o san Pedro de Alcántara.

VIDA Y MÍSTICA
En el convento de clausura de la Encarnación profesó, junto con 150 monjas y 80 seglares. Allí viviría durante 30 años. En él se pueden visitar la portería, los locutorios primitivos, el confesionario de san Juan de la Cruz, al que trajo desde Medina del Campo siendo priora y que reformaría la Orden del Carmelo masculino; la celda de la santa y numerosos recuerdos, como su devoción al Niño Jesús. Aquí iría desarrollando su deseo de refundar la vida monástica en palomarcicos, conventos con solo 15 o 20 monjas, en los que no hubiera distinción por motivos económicos y no se permitiera la entrada de caballeros. Dio gran importancia a la música porque “mientras se canta no se tienen malos pensamientos”.

En la Encarnación escribió el Libro de la vida, denunciado sin éxito ante la Inquisición por la princesa de Éboli. De aquí salió para fundar el primer convento del Carmelo descalzo, el de San José. A este santo tuvo gran admiración pues le atribuyó su curación de parálisis a los 27 años. A él encomendaría todos los conventos y coloquialmente le llamaba San José el parlero, porque le comentaba lo que ocurría en el monasterio cada vez que se ausentaba para realizar alguna fundación. Queda patente en iconografía y óleos.

Sobre su celda, donde tuvo lugar el encuentro más íntimo con Jesús, se edifica la capilla de la Transverberación, en recuerdo de las gracias místicas recibidas. “Tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”. De este episodio hay numerosas obras, tanto anónimas como de grandes artistas como Lucas Jordán, José García Hidalgo, Francisco Muñoz Molina, Venancio Blanco o Andrea Vaccaro.

NACE LA SANTA
A 20 kilómetros de la ciudad universitaria de Salamanca y a 80 kilómetros de Ávila se localiza Alba de Tormes, donde Teresa de Jesús murió el 4 de octubre de 1582, a los 67 años. “Ya es hora de caminar, pues para vos nací”. Es un lugar histórico importante para el gran duque de Alba, no conviene perderse los frescos de la torre del homenaje del castillo de Alba, y también para los escritores Garcilaso, Juan de Encina o Lope de Vega. Es la meta de la peregrinación de quienes se consideran sus admiradores, como Pedro Poveda, Juan XXIII o Juan Pablo II.

Fue canonizada el 24 de abril de 1614, declarada patrona de España tras Santiago apóstol. En la ceremonia de beatificación escribió Lope de Vega. Las moradas o Camino de perfección son hoy libros de cabecera para los maestros de oración, pues “quien a Dios tiene nada le falta”. Las fundaciones, sus cartas y otros escritos son un tesoro histórico y autobiográfico.

No tenga prisa en volver, tómese tiempo en el camino, tiene hasta el 10 de noviembre. Habrá aprendido que “la paciencia todo lo alcanza”, aproveche la ruta para leer alguno de sus libros, visitar la universitaria ciudad de Salamanca, dormir en Ávila y degustar los vinos de Rueda o las carnes castellanas.

Guía del viajero

Ávila
Hotel Las Leyendas en Ávila.

CÓMO IR. Ávila, Segovia y Salamanca tienen buenas comunicaciones por carretera y ferrocarril.

DÓNDE COMER. En Ávila hay un menú gastronómico con patatas revolconas, judías y sopa castellana, seguido del clásico chuletón. Teresa entre pucheros inspira platos propios en El Parador. En Alba de Tormes, a 17 km de Salamanca, conviene parar en Don Fadrique, para degustar trigueros con huevo de corral y velo de panceta curada y su torrija caramelizada. En Salamanca hay múltiples sitios de tapeo; en la plaza Mayor está el Asador Mauro. Y en Medina del Campo, los amantes del vino de Rueda pueden parar en la Bodega El Hilo de Ariadna.

DÓNDE DORMIR En Ávila destaca el coqueto Hotel las Leyendas, junto a la muralla y la casa natal de santa Teresa. Otra opción, también en pleno casco histórico, el Parador. En Salamanca, el Hotel Abba Fonseca le permite sentir como en casa, a 20 metros del Palacio Fonseca y muy cerca de la catedral, la plaza Mayor, la Casa de las Conchas o la universidad.

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