Viaje al pasado colonial de los estados del Sur

Unos blandiendo la espada, otros con la cruz a cuestas, en el siglo XVIII militares y frailes sentaron las bases de la California que hoy conocemos. Más allá de la polémica que ha suscitado entre la comunidad indígena la canonización de fray Junípero Serra el próximo 24 de septiembre, con ocasión del viaje que el papa Francisco realizará a Estados Unidos, es indudable que el origen de las principales ciudades del estado dorado (San Diego, Los Ángeles, San Francisco, Santa Bárbara...) se remonta a las misiones españolas. Fueron erigidas entre 1769 y 1823 por los franciscanos que llegaron desde Baja California y sustituyeron a los jesuitas en su actividad misionera.

Reconocido como el apóstol de California, fray Junípero será el primer santo hispano de Estados Unidos y es el único personaje no estadounidense que cuenta con una estatua en el pabellón de personalidades del Capitolio de Washington.

El beato mallorquín fue el impulsor de 9 de las 21 misiones que se construyeron a lo largo de la costa del Pacífico. La de San Diego de Alcalá, al sur de la entonces denominada Alta California, fue la primera que fundó Serra, el 16 de julio de 1769; la última, 54 años después, fue San Francisco Solano, en el norte del estado.

En torno a este entramado se trazó el Camino Real, que discurría a lo largo de casi mil kilómetros, constituyendo la vía de comunicación terrestre que unía las 21 misiones, y los pueblos y presidios que fueron surgiendo a su alrededor, distanciadas entre sí no más de un día de viaje en mula. La construcción de este sendero fue una ardua tarea que duró varios años. Una vez fundada una misión, se procedía a mejorar el camino que la unía con la siguiente, y había que dotarlo de algunos elementos mínimos para facilitar el tránsito.

La secularización emprendida a partir de 1834 significó el declive de estos asentamientos. Muchos años después las misiones fueron rescatadas del abandono y la ruina y, en la actualidad, todas se encuentran en buen estado, son visitables y constituyen una interesante ruta histórico-turística, señalizada con simbólicas campanas de hierro fundido, que también aparecen en cada misión.

Las misiones son un hilo conductor para descubrir la poco conocida y, en ocasiones, arrinconada pero muy importante presencia española en el estado más rico y poblado de los Estados Unidos. Y es que el legado español no se limita a las iglesias o a los nombres de ciudades y calles, se extiende a muchos edificios civiles, existe un estilo colonial reconocible en todo el estado. Y no olvidemos que la historia del vino de California hunde sus raíces en el siglo XVIII, cuando los misioneros empezaron a plantar viñedos; también otros productos mediterráneos que hoy se siguen cultivando.

EL CAMINO REAL

Un recorrido en coche por la costa californiana supone un encuentro constante con indicaciones del viejo camino y cruces con la emblemática ruta 1 (conocida también como PCH –Pacific Coast Highway–), puesto que algunos tramos formaban parte del Camino Real. El viaje permite disfrutar del espectacular litoral, playas, acantilados, montañas, bosques, parques nacionales, ciudades costeras... y lugares históricos como las misiones.
La novela de María Dueñas, Misión Olvido, recorre el legado español en California de las misiones franciscanas que conforman el Camino Real, que es el punto de arranque de su relato.

SAN DIEGO, EL ORIGEN 


La primera iglesia franciscana del virreinato de Nueva España, la de San Diego, es el origen del estado de California. Aquí empieza el Camino Real, el punto de partida para adentrarse en el legado español. El edificio, del que apenas quedaba la fachada cuando fue reconstruido en 1931, forma parte de un conjunto de construcciones coloniales de clara influencia española. Además, por su cercanía con México, está a escasos 24 kilómetros de Tijuana, se respira ambiente latino en la segunda ciudad más importante de California.

Dos años después, en la bahía de Monterrey, se instauró un asentamiento militar –lo que se conocería como presidio– y la segunda de las misiones, San Carlos Borromeo del Carmelo, donde Serra se estableció, murió en 1784 y hoy reposan sus restos. Se encuentra en Carmel, una pequeña ciudad cercana a San Francisco, de la que fue alcalde el actor Clint Eastwood durante varios años. Esta misión, una de las más bonitas de la ruta, mantiene la estructura típica de estos complejos: estilo mediterráneo, con iglesia, escuela, establos, huerto y otros lugares de trabajo, y todo ello alrededor de un patio con jardines y fuentes. Los suelos de barro y los tejados de teja remiten al sur de España.

El PRIMER VINO

La situada más al norte de todas, y la última, se fundó en 1823. San Francisco Solano se encuentra hoy en pleno centro de la localidad de Sonoma, en una región vitivinícola muy conocida, cerca del valle de Napa. Destaca por su sencillez, con paredes encaladas y dinteles y columnas de madera.

Entre la primera y la última del camino es muy recomendable visitar la de Santa Bárbara, fundada en la ciudad del mismo nombre en 1786, dos años después de la muerte de Junípero, quien al parecer puso sus cimientos. Considerada como la reina de las misiones, es una de las más grandes, y llama la atención la fachada rosada de su iglesia y un largo pórtico adosado. Algunas partes han sido reconstruidas tras un par de terremotos. Conserva una de las mejores colecciones de manuscritos coloniales y, por ello, es un centro de estudios de la historia de las misiones.
Otra es la denominada joya de las misiones, San Juan de Capistrano. Se levantó en 1776 y es una de las más reconocidas y visitadas. Un detalle curioso: de su bodega salió en 1783 el primer vino producido en la Alta California.

MISA MARIACHI

El origen de Texas también se funde con la llegada de los españoles, como muestran las cinco misiones de San Antonio, nombradas el pasado mes de julio patrimonio de la Humanidad por la Unesco: Concepción, San José, San Juan, Espada y San Antonio de Valero (El Álamo). Esta última es uno de los principales atractivos turísticos de San Antonio y un símbolo de la revolución que llevó a la independencia de Texas. Las misiones están situadas a ambos lados del río San Antonio, a una distancia entre sí de unos 10 kilómetros.
Hay muchas maneras de sumergirse en la época de la influencia colonial española: los viajeros pueden asistir a una misa mariachi, hacer senderismo de misión en misión o simplemente disfrutar de un recorrido guiado.

Las misiones se encuentran unidas por un paseo a lo largo del río San Antonio, una red de senderos ajardinados que conecta la historia de la ciudad con los principales hoteles, restaurantes, teatros y demás lugares turísticos. Este sendero ofrece a los viajeros la oportunidad de recorrerlo caminando, en bici o en kayak en algunas secciones del río.

Todas ellas sobrevivieron durante décadas, dando lugar una cultura única, mezcla de tradiciones nativas y costumbres españolas: “Las misiones de San Antonio son una representación tangible de todo lo que se necesitaba para que el sistema de misiones coloniales funcionara a lo largo del río. Son un ejemplo vivo del intercambio de culturas entre indígenas, españoles, mexicanos y otras influencias que forman el sur de Texas hoy”, según Susan Snow, arqueóloga del parque nacional Misiones de San Antonio, que ha trabajado para conseguir la designación de la Unesco.
Las misiones de San Antonio son el mayor conjunto de arquitectura colonial española en Estados Unidos, historia de los pueblos y culturas que han conformado esta ciudad y, de paso, los Estados Unidos.

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