Consiguió el grado de inversión en 2008

Revés para Brasil: S&P lo coloca en ‘bono basura’

Dilma Rousseff, de pie sobre un vehículo durante los actos de conmemoración del día de la Independencia, en Brasilia esta semana.
Dilma Rousseff, de pie sobre un vehículo durante los actos de conmemoración del día de la Independencia, en Brasilia esta semana.

La agencia de calificación Standard & Poors rebajó hoy la nota de riesgo de Brasil al nivel BB+, considerado como de “bono basura” y con perspectiva negativa. Esta es la primera agencia de riesgo que le quita a Brasil el llamado “grado de inversión”, la calificación que Brasil gozaba desde 2008 y que distingue a los emisores de deuda con bajo riesgo.

La caída a bono basura supone tanto un reflejo de la cada vez mayor presión del mercado que sufren los mercados emergentes como, en el caso particular de Brasil, la rápida depresión de la primera economía de Latinoamérica, que vivió una década dorada a partir de 2003. El Gobierno admite que este año se encogerá un 1,49%, aunque expertos del sector privado elevan esa tasa a un 2,44%.

En su informe, S&P destacó que el deterioro de las cuentas fiscales del país se ha incrementado y también puso en duda la capacidad del Gobierno para lograr que el Congreso apruebe los presupuestos de 2016 por los “crecientes desafíos políticos” que atraviesa el país. Debido a la crisis, el Gobierno brasileño redujo el mes pasado su meta de superávit fiscal primario para este año al 0,15% del PIB y, por primera vez en su historia, presentó unos presupuestos deficitarios para el año entrante, del orden del 0,5% del PIB.

La rebaja de la nota de S&P, ya era esperada por el mercado, puesto que la agencia había advertido de la posibilidad el pasado julio. La agencia Fitch también ha anunciado recientemente que pretende revisar la nota de la deuda brasileña por la baja de las metas de superávit fiscal del país, mientras que Moody's ha situado a Brasil en el nivel más bajo de los países con “grado de inversión”.

La pérdida del grado de inversión puede agravar los problemas de financiación de Brasil, puesto que los fondos más conservadores no pueden depositar sus recursos en países considerados como de riesgo. También supone un revés para la presidenta Dilma Rousseff, cuya popularidad ha caído a un escaso 8% en medio de la creciente crisis política y económica.

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