Sergio Scariolo, seleccionador nacional de baloncesto

“Un grupo unido afronta los retos difíciles con más éxito”

Este fin de semana da comienzo el Campeonato de Europa de baloncesto, el Eurobasket, en el que España no parte como favorita por primera vez en mucho tiempo. El gran objetivo, lograr una plaza para los Juegosde Río 2016.

Sergio Scariolo, seleccionador nacional de baloncesto
Sergio Scariolo, seleccionador nacional de baloncesto

Inicia su segunda etapa al frente de la selección masculina de baloncesto, aunque es consciente de que, en esta ocasión, el reto es mayúsculo. Sin algunas de las grandes figuras que han protagonizado la mejor etapa del baloncesto español, como Juan Carlos Navarro, Marc Gasol o José Manuel Calderón, Sergio Scariolo (Brescia, Italia, 1961) ha tenido que priorizar la cohesión del grupo, tanto a nivel táctico como a nivel personal, para que el rendimiento del equipo esté a la altura en su debut de este sábado contra Serbia (18.00, Cuatro) en el Eurobasket. Un torneo que Scariolo ganó en dos ocasiones en su anterior periodo como seleccionador, además de una plata olímpica. Precisamente, la presencia en los JuegosOlímpicos de Río en 2016 es el gran objetivo, en una competición en la que España, por primera vez en mucho tiempo, no parte como favorita.

Pregunta. ¿Con qué expectativas comienza España este Eurobasket?

respuesta. Este año es complicado por dos factores. Ha habido muchos cambios en nuestro equipo, que nos han hecho empezar, no de cero, pero con los problemas propios de que algunos jugadores no hayan estado antes, o que otros hayan tenido que cambiar de rol y ganar peso en el equipo. Y luego está la tremenda calidad de los rivales, y desde la primera fase (España comparte grupo con Alemania, Italia, Turquía, Serbia e Islandia). El primer partido es contra un subcampeón del mundo, y es un grupo en el que hay cinco equipos que podrían ganar una medalla. Pero uno no llegará ni a octavos.

P. ¿En qué aspectos ha tenido que centrar su trabajo en la preparación?

R. Lo primero, como siempre, es conjuntar el equipo. A nivel personal, en el reparto de roles, a nivel táctico… Cuando un equipo está cohesionado, con una buena química interna, tiene más probabilidades de afrontar retos difíciles con éxito. Esa es la cuestión fundamental. Si un grupo tiene menos talento, como sucede este año, tiene que tener una cohesión y una fortaleza superior, a nivel mental sobre todo. Es lo que hemos trabajado e intentado mejorar.

P. ¿Exige mucha labor psicológica?

R. Está todo vinculado. La credibilidad te la da el conocimiento y sin credibilidad no se puede hacer llegar un mensaje. Este es eficaz si la persona que lo emite es creíble y el mensaje es coherente. Es una función mixta, la parte mental y la técnico-táctica, aunque es obvio que a estos niveles no se puede fallar en ninguna. No se puede pensar en tener éxito de una manera continuada si flojeamos en uno de estos aspectos.

P. ¿Un equipo puede perder el hambre de ganar?

R. Puede producirse. Más que perder el hambre, pueden darse situaciones que desvíen el foco de concentración, que debe ser hacia el triunfo del equipo. Eso puede producir dispersión en la motivación o en el esfuerzo, que haya un poco más de individualismo y algo menos de cohesión. En los jugadores más veteranos no he visto que pierdan el hambre. Todo lo contrario. Lo importante es cómo interpretar esa hambre, saberlo fusionar con la ambición y la ilusión del resto de compañeros en un proyecto común.

P. Y el papel del entrenador, ¿cambia al preparar equipos con mucho talento a otros con menos?

R. El entrenador tiene que ajustarse y debe tener el talento de adaptarse a la realidad de los distintos equipos. Hay unos más veteranos en los que hay que tener cuidado con el desgaste físico, y trabajar en el nivel táctico de una manera profunda; y otras situaciones donde hay jugadores jóvenes donde existe menos problemática de orden físico e incluso de estrellismo, de gestión de personalidades, pero se pone mucha más intensidad en el trabajo técnico y táctico. Lo importante es que conjugar el trato personal, que va a ser diferente según el jugador, con la capacidad de llegar a un discurso común.

P. Si el equipo gana, se entiende que el entrenador ha cumplido. Si fracasa, se le señala. ¿Cómo gestiona eso?

R. Nunca me he parado a gastar energías detrás de los tópicos de la incultura deportiva. Me interesa ganar y estar contento con mi trabajo. Estar a la altura de un grupo de jugadores que han tenido a los mejores entrenadores del mundo, que han visto muchísimo baloncesto, es una motivación superior a cualquier reconocimiento efímero que te pueda llegar desde fuera. Un grupo que ha puesto tanta confianza en mí para volver es una gratificación profesional y personal superior a cualquier artículo o titular. Con el tiempo aprendes a pasar de lo externo y a dar mas importancia a lo sustancial, la naturaleza del trabajo.

P. ¿Cambiaría mucho la gestión de este equipo sin Pau Gasol?

R. El liderazgo tiene facetas diferentes. Unas del entrenador, otras de los jugadores… No hay una forma única. Pau es una referencia, es una persona y un jugador de un nivel tan alto que para sus compañeros es un punto de fiabilidad y de tranquilidad importante. Para un entrenador es una tranquilidad contar con él. Su rol es que progrese en su condición física, porque es tan imprescindible en la cancha que con eso es suficiente. Que esté fresco para los momentos decisivos.

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