Arantxa Sasiambarrena, consejera delegada de The Valley DBS

"Queremos crear un sentimiento de orgullo y pertenencia"

Se hicieron con un local derruido para poder reformarlo totalmente al gusto

Cuentan con 400 profesores y más de 1.000 alumnos cada año

"Queremos crear un sentimiento de orgullo y pertenencia"

Nunca resulta sencillo lanzar un proyecto de la nada. Y mucho menos una escuela de negocios, “a la que tienes que atraer a profesores y alumnos y ofrecer resultados”, explica Arantxa Sasiambarrena (Madrid, 1973), consejera delegada de The Valley Digital Business School, centro dedicado a la formación digital. Pero así fue, hace ya tres años y medio. “Todo gracias a lo que aprendí a lo largo de mi trayectoria profesional. Y a que me gusta crear. Los proyectos en los que me he encontrado más cómoda han sido aquellos en los que he contribuido a crear desde cero”, relata.

Sasiambarrena se licenció en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, “pero nunca me gustó ejercer”. Por eso acabó trabajando en los departamentos publicitarios de varios grupos editoriales, al mismo tiempo que completaba su formación con un máster de perfeccionamiento directivo en el IESE.

Adicción al papel

Arantxa Sasiambarrena era una adicta del papel. “He ido desenganchándome poco a poco”. A pesar de ello, aún conserva un recipiente con forma de regadera en el que guarda los bolígrafos y rotuladores, “porque cada vez que tengo una reunión escribo y dibujo. Un cuaderno de los grandes me dura un mes”.

Ahora, a su ritmo de libreta mensual le acompaña su ordenador portátil, que junto al móvil es lo único que necesita para trabajar. Sasiambarrena explica que la oficina también la han amueblado teniendo en cuenta esta premisa. “Con tantos papeles las ideas se pierden, por eso no hay casi cajones ni estanterías”. Así, todo fluye, y más en un entorno “lleno de gente buena. Mi gran éxito ha sido saber rodearme de profesionales mucho mejores que yo”.

Intenta pasar el mayor tiempo posible con su familia. Se levanta algo antes que sus hijos pequeños para organizarse la jornada y poder estar con ellos hasta la entrada del colegio. “Aunque es menos de lo que me gustaría. Menos mal que llega el fin de semana y son completamente míos”. Intenta hacer deporte cada día, aunque no siempre logra arañar algo de tiempo. “Me viene bien, sobre todo para el plano mental y poder desconectar”.

En el trabajo, reparte la mayor parte de su tiempo entre reuniones y charlas con clientes. “El 70% del día lo paso hablando con gente”. Porque cada vez es mayor el número de personas interesadas en este tipo de proyectos. “La transformación digital ya no es una opción, es una oportunidad y casi una obligación, y la gente ya se ha dado cuenta”.

Pero como todo empieza, todo acaba. En el caso de Sasiambarrena, tener un hijo fue lo que modificó sus planes. “Me di cuenta de que no quería continuar con ese ritmo de vida tan ajetreado y sin tiempo para nada”. Comenzó a vislumbrar nuevos proyectos y entró en los procesos de selección de varias compañías. Una de ellas fue The Valley DBS, en aquel entonces, una idea que necesitaba de alguien que la hiciese prosperar. Al principio, todo el trabajo recayó en pocas personas, y aunque hoy la entidad está más que consolidada y en ella trabajan 20 efectivos, les gusta seguir manteniendo ese espíritu de starup. “Todo se basa en la colaboración y en la ayuda mutua y desinteresada. Somos diferentes a la mayoría de escuelas”, asegura Sasiambarrena.
Se mudaron hace un año a las actuales oficinas, y precisamente para impulsar el trabajo colaborativo, eligieron un espacio completamente derruido. “Necesitábamos algo que se amoldase a lo que queríamos”. Y para ello, qué mejor que un lugar que necesitaba levantarse de la nada y podía modelarse al gusto. “Esto antes era un comedor destrozado”, explica desde la estancia, en la madrileña plaza de Carlos Trías Bertrán. Ahora es un espacio de 1.000 metros cuadrados divididos en pequeñas habitaciones para reunirse, aulas y una gran sala para conferencias y actos.

Las paredes blancas se alternan con las cristaleras. “Solo tenemos lo imprescindible. Hemos ido amueblando las oficinas como una casa. Hasta que algo no es necesario no lo traemos. Los sofás, por ejemplo, llegaron hace dos semanas”. El centro de la oficina lo ocupa una cocina común. “Una de las cosas que más nos gusta es desayunar juntos. Y como al final del día también pasan por aquí profesores y alumnos, esta distribución favorece la comunicación y los encuentros”. Porque, además de la plantilla de 20 personas, The Valley cuenta con 400 profesores y especialistas que imparten cursos y formación digital a los cerca de mil alumnos que pasan cada año por la escuela, entre los fijos y los que se apuntan a otros cursos temporales. “Lo que queremos es crear ese sentimiento de pertenencia, y que los profesores y alumnos se sientan orgullosos de haber pasado por aquí. Soy una persona muy cercana y necesito el trato con la gente. Procuramos que todos los que vienen sean como nosotros”.

The Valley DBS trabaja día a día, adaptándose a cada momento. “Tenemos que ser flexibles, como lo es el sector en el que nos movemos”. En poco tiempo ampliarán las oficinas con la planta de abajo, de las mismas dimensiones. “Hasta la fecha, todos los programas han estado orientados a los directivos. Dentro de poco haremos también algunos dedicados a recién licenciados e incluso a estudiantes de la universidad y de los colegios”.

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