Antonio Fournier, coleccionista de arte

“Jamás compraría una obra para tenerla en una caja”

"La relación del coleccionista con una obra de arte nunca debe ser monetaria”

"En el mundo del arte no se puede pretender saberlo todo"

“Jamás compraría una obra para tenerla en una caja”

Prefiere no considerarse coleccionista, “por su sentido de acumulación”, afirma. Pero lo cierto es que no hay espacio en el domicilio de Antonio Fournier, empresario ligado durante años a la comunicación corporativa y las relaciones públicas, y actual presidente del consejo asesor de la agencia Llorente & Cuenca, en el que no esté presente alguna de las obras adquiridas.

Una afición que nació en París, cuando Fournier era asesor de la arquitecta de interiores francesa Andrée Putman: “Con ella, tuve la oportunidad de conocer a grandes personalidades del mundo creativo de París en los años 80. Tanto artistas jóvenes, fotógrafos, escultores... era también el principio de Miquel Barceló en París, y todo lo que estaba sucediendo en España a nivel cultural, como la movida, se seguía”.

Hasta entonces, el empresario reconoce que no se había interesado de una manera especial por el arte: “Lo típico, había ido a muchos museos y había visto muchas exposiciones, pero no era algo que me llamara la atención especialmente, hasta que coincidí con Andrée Putman”. Un proceso que define como el “despertar del ojo. El momento en que el ojo empieza a ver una obra no ya desde el punto de vista estético, sino con profundidad, te interesas por el artista, el movimiento, su procedencia, la galería con la que trabaja, qué significa su obra...”.

Criterio para adquirir

Fournier cree que un verdadero coleccionista, el que aprecia el valor artístico, debe tener personalidad:“No hay que caer en la tentación de ser un art-victim, que te guste un artista solo porque es reconocido por una gran mayoría”.

Su primera adquisición fue una pieza del pintor francés Robert Combas, a la que siguió un cuadro de Abraham Lacalle, uno de los que más predominan en una colección que comenzó asesorándose con expertos. En su caso, cita a Soledad Lorenzo, Juana de Aizpuru, Fernando Francésy Norberto Dotor: “En el mundo del arte no se puede pretender saberlo todo. Es fundamental tener personalidad. En mi caso, he procurado hacerlo con un mínimo de criterio, y ha coincidido con que se ha convertido en una buena inversión”.

Pero Fournier se desmarca del perfil de coleccionista-inversor. “Nunca debe alguien comprar un cuadro por inversión. Tiene que hacerlo porque primero le guste, nunca por una relación monetaria. Lo primero que hay que preguntar es, ‘¿te gusta?’ Y si te gusta, cómpratelo”.
¿Y qué debe tener un cuadro para que Antonio Fournier lo compre? “Para mí es, primero, una estética. Miras el cuadro y ves una combinación de colores, y luego empiezas a ver la profundidad del cuadro, ves el interés por el artista, y luego ves el mensaje”. Así ha ido nutriendo una colección, tanto pictórica como fotográfica, donde destaca al retratista Pierre Gonnord, a la que no pone número:“Juro que no las tengo contadas, porque para mí no son un elemento de posesión”.

En ese sentido, explica que ha cedido obras a museos, como al Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, al no poder encontrarles una ubicación:“Jamás compraría una obra de arte para tenerla en una caja. Está para ser vista, y tenerla almacenada es la antítesis de su razón de ser”.

El menor margen de maniobra de los museos a la hora de comprar obras hace que, según Fournier, sea un buen momento para fomentar la colaboración público-privada: “las pinacotecas viven una crisis de adquisición que afecta a todo el mercado del arte, y esta figura puede ser interesante para dinamizar el enclenque mercado actual en España”. Cree que, en lugar de hablar de ayudas gubernamentales, o al mecenazgo, debería impulsarse una regulación de esta cooperación:“Hay necesidades museísticas y posibilidades privadas de colaboración.”

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