Francisco Jaramillo, coleccionista de arte

“Soy un coleccionista compulsivo pero un comprador racional”

"Lo bonito de una colección es poder identificarte en ellas con un hecho que sucedió”

“No tengo recursos ilimitados, y quiero hacer un buen uso de ellos"

“Soy un coleccionista compulsivo pero un comprador racional”

El coleccionismo de arte entró en su vida casi como una parte más de su trabajo. Aunque afirma que se acostumbró a ello por influencia de su madre, que también coleccionaba, a Francisco Jaramillo (Guayaquil, Ecuador, 1962), el gusanillo de acumular obras de arte le entró hace cerca de 20 años. Y desde entonces, no ha hecho otra cosa que ir a más. “Cuando vivía en Ecuador, era vicepresidente de marketing de una entidad financiera, y una de las estrategias que se me ocurrieron fue financiar exposiciones y catálogos, con galerías importantes en Quito. Así empecé a crear una colección para la institución y, en paralelo, mi colección privada”.

De esta manera, Jaramillo comenzó a establecer una red de artistas, galeristas o comisarios que fueron animándole a vivir a fondo la pasión por coleccionar arte. Sin embargo, en aquella época inicial, relata, las obras que tenía al alcance mostraban un estilo muy definido y cerrado a determinados artistas latinoamericanos. Es en su posterior llegada a España cuando se le abre un mundo de posibilidades: “Me empiezo a dar cuenta de que era un coleccionista pasivo, no reactivo, donde pudiera escoger lo que quisiera para completar mi colección. Ahí comienzo un proceso más depurado, metódico, racional, de cómo quería construirla”.

Da forma a un proyecto de mecenazgo

Francisco Jaramillo reconoce que busca nuevas maneras de estar involucrado con el mundo del arte, además de como coleccionista. Uno de los proyectos a los que poco a poco va a dando forma tiene que ver con el mecenazgo a artistas y otros agentes del sector: “Sería una forma de apoyar la difusión y el intercambio entre distintos continentes. Se habla mucho del arte emergente, pero no tiene muchas oportunidades de acceder a los mercados internacionales”.

Entró en contacto con la antigua Galería Estiarte, ahora Galería Pilar Serra, y comenzó por obras de artistas españoles en papel, y pronto empezó a recibir consejos sobre cómo “invertir en piezas que no eran caras para el presupuesto, pero que me permitieran ir completando una colección”.
De esa pasividad inicial, Jaramillo ha pasado a ser “muy reactivo”, y estructura sus obras en torno al arte neoconcreto y la abstracción geométrica, con un sentido vital y no especulativo: “Cada pieza corresponde a un momento de mi vida. Es lo bonito de tener una colección: poder identificarte en cada una de ellas con el hecho que sucedió”.

Por ese significado prefiere no ponerle precio a su colección, que cifra en más de 130 obras, repartidas entre sus domicilios de Madrid, donde hay hasta 80, y Quito. “Soy un coleccionista compulsivo, pero un comprador racional”.

Para hacerse con una, Jaramillo sigue todo un proceso que ha evolucionado con el paso de los años. “No tengo recursos ilimitados, y quiero hacer un buen uso de ellos. Eso me lleva a ser muy riguroso en el proceso de análisis, de investigación y de evaluación de la compra”. Esto le puede llevar a comunicarse con el propio artista: “Para entender por qué su propuesta es la que es y si coincide con la que yo recibo de la obra. Es una ecuación entre lo pasional y lo racional”.
El proceso para finalizar la adquisición puede llevarle desde tres semanas a más de un año. Muchas de las que protagonizan su vivienda madrileña son de formato pequeño, “que me permiten acceder a un artista sin sobrepasar el presupuesto”.

Además, su trabajo como alto ejecutivo de la compañía americana Tsys le hace ir de un lado a otro del mundo continuamente, y acceder a todo el mercado internacional. “Al cabo del año no estoy más de 90 días en un sitio”, afirma, lo que aprovecha para dar rienda suelta a su afición:“viajar me permite tener un mayor acceso a las fuentes internacionales de arte. Intento conciliar mis viajes profesionales con los eventos culturales que puedan darse”, como la feria de arte de Basilea.
La última obra en añadir a su colección es un Philippe Decrauzat, adquirida a la galería Parra & Romero, aunque como grandes caprichos, señala dos creaciones de Waltercio Caldas y Cruz Díez.

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