Eduardo Lagunas, director general de Sundara

"He construido, literalmente, mi negocio"

“La primera tienda que abrí la hice yo con mis manos. Puse los suelos y las paredes"

Toda la gestión de la compañía cabe en un 'pendrive'

"He construido, literalmente, mi negocio"

Trabajar en una compañía como Ferrari le hizo darse cuenta de la importancia de la imagen en una empresa. Eduardo Lagunas López, nacido en Madrid en 1970, es el director general de Sundara, una firma de cosmética cuyas insignias son la depilación con hilo de las cejas y la imagen de negocio. Él y su socia, Cecilia Morales, fueron los que lo pusieron en marcha. “Soy una persona muy infantil y pueril. Todo lo que quiero lo visualizo antes, y siempre quise tener un empresa”, explica Lagunas.

Es por eso por lo que se licenció en marketing internacional y en administración y dirección de empresas. Comenzó trabajando en la tabacalera Philip Morris y de ahí pasó a la firma italiana. “Fui director de protocolo en los grandes circuitos. La Fórmula 1 te da un concepto de la imagen que no existe en ningún otro lado, más aún si hablamos de una casa como Ferrari”. Más tarde se incorporó al grupo Leche Pascual, “donde aprendí todo sobre la gestión de negocios”, y finalmente, al gigante del alcohol Diageo.

Pero Lagunas quería su propio negocio. Por eso, durante su vaivén entre los diferentes grupos fue abriendo las primeras tiendas de Sundara, hasta que, con la apertura de la cuarta sede, comenzó a dedicarse por completo a su empresa. Tenía la idea de ofrecer algo totalmente novedoso en el mundo de la cosmética y el cuidado corporal, “no solo en los tratamientos y en los productos, también en la imagen”. Así es el concepto Sundara, del que el cliente se impregna, asegura Lagunas, nada más cruzar la puerta de sus establecimientos. “Ponemos empeño para que todo sea diferente”.

Esta idea también se plasma en las oficinas que ocupan, situadas en el piso bajo de un viejo edificio madrileño, cercano a la Plaza Mayor. La estancia, pensada para sacarle el máximo rendimiento al diseño laberíntico propio de las construcciones antiguas, tiene las paredes pintadas de varios colores y unas ventanas con vistas a un tranquilo patio interior.

Pese a que la plantilla se siente a gusto en el lugar, la firma ya tiene en mente la mudanza, rumbo a un espacio propio. Son cerca de 30 personas trabajando, “que han hecho suyo el proyecto de la compañía”, explica. “Somos un gran negocio, y ya hemos dado el paso para convertirnos en empresa. Las nuevas oficinas serán como estas, diferentes, pero con nuestra marca de identidad”, esa de la que presumen en Sundara. “La primera tienda que abrí, en 2007, la hice yo con mis manos. Puse los suelos, la instalación eléctrica y las paredes. He construido, literalmente, mi negocio”, cuenta Lagunas.

Hoy, diez establecimientos después, sigue haciendo lo propio. “Cuando estamos preparando una nueva tienda, cojo el coche de madrugada y me voy a pintar los muros o acondicionar el techo”. Si bien es cierto que la situación ha cambiado. Hace ocho años iba en su viejo coche. Hoy conduce un Audi R8. Cuando abandonó Diageo, Lagunas recibió una importante suma de dinero, pero es que hoy Sundara ya es solvente y estable. “La gente cuida su cuerpo, pero no a cualquier precio. Quiere hacerlo de forma natural y saludable. Nosotros ofrecemos resultados con métodos sanos”. Son líderes en España en el diseño de cejas y también llevan a cabo otros tratamientos corporales.

Lagunas pasa su día a día gestionando el crecimiento de la empresa y reuniéndose con clientes que están interesados en abrir un establecimiento de la marca. “De momento estamos solo en España, pero más pronto que tarde daremos el salto al exterior. Hemos puesto el ojo en Oriente Próximo y en América Latina”.

 

La información del negocio, siempre disponible

Lagunas ha abierto ya diez establecimientos. Por eso, gran parte del día a día lo dedica a visitar cada uno de ellos, ver su trayectoria, su adaptación “y la reacción de la clientela al entrar o probar los servicios”.

Por eso, dos cosas son indispensables para su trabajo. Su repleto manojo de llaves, con un juego por cada establecimiento, y un pendrive metálico, un acorazado de la información, que siempre le acompaña. “Porque en él guardo todos los datos de un establecimiento cada vez que voy, para luego poder trabajar con ellos”.

Y no solo va de tienda en tienda en su Audi, sino que, dependiendo del día, utiliza un vehículo u otro. Lagunas es un apasionado del motor. Cuando no está en su negocio, intenta pasar el rato en su garaje, donde tiene aparcados sus cuatro coches y otras tantas motos. Junto al Audi R8 guarda el BMW Z3, pero presume especialmente de sus otras dos joyas. Por un lado, un Lotus Super 7, “el único que hay en España”, al que le gusta reformar y cambiar de vez en cuando. “Ahora le he quitado las puertas”. Por otro, una vieja camioneta personalizada por él mismo y decorada con motivos de su empresa.

Y como amante del motor, cuando su agenda se lo permite, intenta hacer con sus amigos viajes de gasolina y carretera, como él los llama. “Son esos de irse en moto hasta Alemania para ver un museo y volver en menos de 48 horas”.

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