Burocracia y escasa financiación, grandes obstáculos

Burocracia y escasa financiación lastran la universidad española

Harvard recaudó 4.400 millones de dólares de ingresos ordinarios en el último ejercicio

Tener un puesto elevado requiere un importante esfuerzo investigador

Campus de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Campus de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Ninguna universidad española está entre las 150 mejores del mundo, según el último Ranking Académico Mundial de Universidades, conocido como ranking de Shanghái. Hay que descender hasta la horquilla de los 151 y 200 primeros clasificados para encontrar a la Universidad de Barcelona, la primera española, por delante de la Autónoma de Barcelona, la Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense y la Pompeu Fabra, entre los puestos 200 y 250.

El ranking de Shanghái se basa en parámetros como el número de premios Nobel salidos de las universidades, la cantidad de investigadores citados, o los artículos publicados en revistas como Nature o Science. Tener un puesto elevado requiere un importante esfuerzo investigador, que no parece compatible con los recortes presupuestarios experimentados en el sistema español. La suma de las partidas de todos los centros ha descendido un 15% entre 2010 y 2014. En total, las universidades públicas contaban en el curso pasado con algo más de 8.500 millones de euros. Los centros estadounidenses de Harvard y de Stanford, los dos primeros del ranking de Shanghái, sumaron ellos solos más de 9.000 millones en ingresos el curso pasado.

La UB, diez años como la mejorde España

La Universidad de Barcelona (UB) ha vuelto a colocarse como el mejor centro español en el último ranking de Shanghái, y entre las 150 y 200 mejores de todo el mundo, según la horquilla que establece la propia clasificación. Un hecho que ya se ha convertido en costumbre, ya que desde 2003, año en el que se elaboró la primera edición de este ranking, solo ha habido un año en el que no ha sido la primera de entre las universidades del país. Solo en 2004, la Universidad Autónoma de Madrid logró superar al centro barcelonés, y en 2005, ambos empataron en la primera posición, y entre las 153 y 202 mejores del mundo de aquel entonces.

A partir de 2006, y ya en solitario, la Universidad de Barcelona se ha colocado como la referencia de la educación universitaria española en todo el mundo. El centro, cuyo rector es Dídac Ramírez i Sarrió, cuenta con un presupuesto para este año de 367 millones de euros, por detrás de los 570 millones de la Universidad Complutense de Madrid.

“Soy escéptico con los rankings”, afirmaba Darío Villanueva, director de la Real Academia Española y exrector de la Universidad de Santiago de Compostela, en una entrevista a este periódico. “Las mejores universidades del mundo y las nuestras, en lo que más se parecen es en que se llaman universidades. Una que esté bien situada puede tener un presupuesto entre 15 y 20 veces mayor que una española. El dinero no lo es todo, pero tiene su influencia”. La Complutense de Madrid, la mayor de España, cuenta con un presupuesto para 2015 de 518 millones de euros. La Universidad de Stanford dispone de 5.000, la mayor parte procedente de donaciones y patrocinios.

Pero Villanueva, más allá de las diferencias presupuestarias, apuntaba con especial preocupación a un factor que lastra a la universidad española: “Algo tan genuino como el enseñar y el investigar se está contaminando de procesos burocráticos. Las leyes han ido favoreciendo esto: insistir en medir siempre en clave burocrática lo que es la calidad de la investigación y de la docencia”.

Josep Anton Planell, rector de la Universitat Oberta de Catalunya, afirma que “la propia universidad es una burocracia”, y describe la triple ecuación que deben encajar las universidades: “calidad, coste y acceso. No puedes maximizar las tres sin que alguna sufra. Si quieres un acceso total, gratuito y una gran calidad, ¿qué coste va a tener?”.

Planell cree que el sistema español debe analizar lo que quiere maximizar, y afirma que los resultados que muestran los rankings son consecuencia de la financiación, las infraestructuras, o la relación profesor-alumno. “Eso es lo que te va a dar la calidad. Al final, la financiación de la universidad está en la base de lo que se busca en el ranking. En España somos muy voluntariosos, pero hay una cuestión de dinero que es la que está detrás de todo esto”. A falta de los presupuestos regionales, principal vía de financiación, los Presupuestos Generales del Estado de 2016 prevén una partida para enseñanzas universitarias de 118,8 millones de euros, un 0,6% más que en 2015.

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