José Antonio Llorente, coleccionista de arte

“Siempre busco que el cuadro sea asequible”

Tiene unas 50 obras de artistas contemporáneos

La mayor inversión que ha realizado han sido unos 80.000 euros

“Siempre busco que el cuadro sea asequible”

Empezó a aficionarse al arte hace una década, de la mano de su cicerone, Antonio Fournier, que le introdujo en un mundo de sensibilidad, y le presentó a varios galeristas. “No hay que entender para que te guste el arte, ni tener un gusto refinado, pero siempre me había atraído, aunque no había profundizado”, afirma José Antonio Llorente, propietario de la agencia de comunicación Llorente & Cuenca. En este trayecto, del gusto al entendimiento, fue aprendiendo los mecanismos del arte contemporáneo. “Fue fácil, además de darme una gran satisfacción personal. Soy consciente de que también es una inversión”.

Llorente calcula que puede tener unas 50 obras de arte contemporáneo, entre pintura, fotografía o escultura, de las cuales no ha vendido ninguna. “No he llegado a esa fase de querer finalizar mi relación con un cuadro. Me interesan más los lazos que estrecho con una obra que la inversión”, añade.

Apuesta por lo jóvenes

Aconseja a todo aquel que desee iniciarse en el mundo del arte que se deje asesorar por alguien de confianza. “Y los galeristas juegan un papel importante”. Recomienda comenzar una colección con artistas jóvenes. “Es una buena manera de iniciarse en el arte”.

Y explica que sus adquisiciones responden únicamente a dos principios: que le guste la pieza y disponer de dinero para comprarla, “y si no puedo, tampoco me hace infeliz”. Explica que su presupuesto es limitado, “siempre busco que la obra sea asequible”. La mayor inversión que ha realizado han sido unos 80.000 euros, y asegura que comprar arte no es muy diferente a comer en un restaurante gastronómico, a vestir o a viajar, “lo haríamos siempre pero no siempre se puede”.
Trabaja rodeado de arte. En el despacho de la magnífica oficina de 1.300 metros cuadrados, que Llorente &Cuenca ocupa en Madrid, tiene un cuadro de grandes dimensiones del artista sevillano Miki Leal, donde se observa a un hombre tirándose desde un trampolín a una piscina. “La tenía en mi casa, pero me gusta y la he traído al lugar de trabajo”. Allí también tiene piezas del artista suizo Peter Zimmermann, “que pintaba con resina y mucho color”;o del estadounidense Sol LeWitt, “que utiliza diferentes técnicas y es magnífico con sus wall drawings”. Al lado de su mesa de trabajo tiene una obra que conmemora el 80 aniversario de Miró, un regalo por el XX aniversario de la agencia.
Lo cierto es que la sede de Llorente & Cuenca es una pequeña pinacoteca, donde están repartidas y perfectamente ubicadas piezas de distintos artistas, como Javier de Juan, “este es de los primeros artistas a los que compré obra, es de los más antiguos que tengo, y es sobre la movida madrileña”, explica. En otra sala, otro estadounidense, Mark Hagen; en un espacio donde se recibe a las visitas, una gran fotografía de eucaliptos del francés Pierre Gonnord, “muy conocido en el ambiente artístico por una serie de retratos a mineros”.

José Antonio Llorente reparte su tiempo entre las oficinas de Madrid y Barcelona, y también con la que tiene abierta en São Paulo (Brasil), donde pasa cerca de ocho meses al año. Allí suele comprar a artistas brasileños, ya que “me fascina el arte latinoamericano. Este año he adquirido una caja de neón, en la feria de Arco, del chileno Iván Navarro, aunque la media de obras que suelo comprar al año son unas cuatro o cinco”.

Le gustaría tener alguna pieza de Jaume Plensa, del brasileño Vik Muniz, del escultor Arturo Berned. “Es una de mis aficiones, pero no soy obsesivo con las cosas que me gustan. Tampoco tengo necesidad de poseer nada, eso te hace infeliz”. Por suerte, hoy día, existen muchas fórmulas, afirma, para poder disfrutar del arte.

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