Nació del movimiento 'hippie'

Pachá, las cerezas que han dado la vuelta al mundo

El grupo aspira a abrir 85 locales en los próximos diez años

La isla de Ibiza es el epicentro de la empresa

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Las semillas de las cerezas de Pachá se han sembrado a lo largo de los cinco continentes. Algunas han germinado y formado grandes discotecas y otras no han llegado a prosperar. La primera simiente la plantó Ricardo Urgell en 1960 con la apertura de Tito’s. Lo cierto es que el nombre de Pachá tendría que esperar siete años para ver la luz. Urgell, un joven de 23 años, era nieto de pintores e hijo de un reconocido ingeniero de motos. Comenzó sus estudios de Arquitectura hasta que abandonó la carrera para picar hierro en la fábrica de su padre, que producía las emblemáticas motos Ducati. Pero tampoco quería dedicarse al negocio familiar. Urgell tenía otros planes.

Cronología

1960. Ricardo Urgell, un joven de familia acomodada, inaugura su primer local en Sitges: Titos’s.

1967. Abre las puertas el primer Pachá, en la misma localidad. Gestiona el local junto a su hermano. Pachá se convierte en destino habitual de los turistas europeos que ya empiezan a llenar las costas catalanas cada verano.

1973. Urgell se lanza al Mediterráneo y abre las puertas de Pachá Ibiza. El nuevo establecimiento se convertirá en el más importante de la firma gracias al ambiente que dominaba la isla en los años setenta. Hoy sigue siendo la sede de la casa.

1980. Le llega el turno a Madrid. El espacio elegido será el cine Barceló

1992. La empresa da el salto al extranjero, abriendo establecimientos en Portugal e Italia. Dos años más tarde se inaugurará el primer Pachá al otro lado del Atlántico, en Miami.

2015. La firma presenta su plan de crecimiento para abrir 85 establecimientos en diez años en los cinco continentes.

Inauguró el primer establecimiento de Pachá en 1967, en Sitges (Barcelona), compartiendo la gestión y el trabajo con un hermano. Ambos cambiaban la música del tocadiscos, servían copas y limpiaban la barra. Era necesario conseguir dinero. La primera noche, la caja registradora cerró con 34.000 pesetas, aproximadamente 200 euros. En aquel entonces, la imagen de la discoteca no era la de las populares cerezas, sino la de un ojo inspirado en Carmen Sevilla. La marca se consolidó en la zona como destino obligado para los miles de turistas europeos que llegaban a la costa catalana. Pero sería a unos pocos kilómetros de allí donde se encontraba el lugar desde el que Pachá se lanzó al resto del planeta. En junio de 1973 se abrían las puertas de Pachá en Ibiza. La consolidación del turismo europeo en las costas españolas del Mediterráneo, el auge del movimiento jipi y los últimos años del franquismo formaron una mezcla explosiva idónea para el negocio. El establecimiento fue uno de los lugares que ayudaron a crear el oasis en el que se convirtió la isla en el último periodo de la dictadura. Los españoles aún bailaban de forma recatada, vestían con ropa discreta y se comportaban de forma prudente. Pachá Ibiza cambió los roles del momento y en la pista de baile del establecimiento no tardaron en aparecer los agentes de la Guardia Civil, camuflados en la oscuridad, para vigilar que nadie se pasaba de la raya. Pero los tricornios no intimidaban a los turistas tanto como a los oriundos de la zona, que fueron aprendiendo de las costumbres de los visitantes. Los bailes y la ropa comenzaron a europeizarse y para los propios españoles, viajar a Ibiza era como viajar al extranjero.

La filial de la isla se convirtió en el epicentro de la marca, que estableció allí su sede y establecimiento principal. El arquitecto Jorge Goula, íntimo amigo de Urgell, ayudó a decorar la discoteca, una típica casa de campo ibicenca, de paredes blancas y ventanas pequeñas con las que combatir el sol. En aquel tiempo, Pachá Ibiza tenía una sala de baile con un tocadiscos, dos neveras y 15 empleados. Hoy cuenta con cinco pistas de baile, 20 barras, terrazas, restaurantes, jardines y una gran piscina. Una buena noche de verano, puede cerrar la caja con más de 300.000 euros de ingresos. Tal es la herencia de aquellos primeros años en la isla que, a día de hoy, Pachá continúa celebrando la famosa fiesta flower power, que recupera la esencia de la Ibiza de los jipis.

Pero la isla balear no es el único lugar en el que la marca se ha hecho un hueco. Pachá llegó a Barcelona en 1976, a Benidorm en 1977 y a Madrid en 1980, pese a que esta última discoteca cerró sus puertas en 2013 por las marcadas diferencias de modelo de negocio que había entre el dueño de la firma y el propietario del cine Barceló de Madrid, el edificio en el que se encontraba este espacio de baile. Y es que así funciona el sistema de Pachá, basado en un modelo de franquicias que en muchas ocasiones no funciona como se pretende. La marca llegó a Portugal y a Italia en 1992, a Japón y Argentina un año más tarde, a Estados Unidos en 1994 y a Hungría, Inglaterra, Austria, Bélgica y Holanda en 2001. Así, hasta más de 80 Pachás inaugurados. Pero no todos han perdurado. Hoy, fuera de nuestro país, la firma está asentada en lugares como Miami, Nueva York, Buenos Aires, Múnich, Dubái, Sídney o Shanghái.

Pachá también monta en coche

La marca Pachá no solo tiene peso en el ámbito del ocio. Hay otros sectores interesados en crear un producto relacionado con la firma. Uno de los mejores ejemplos podemos encontrarlos en Ford España, que usó la marca para bautizar a uno de sus modelos, el Ford Fiesta Pachá.

Al mismo tiempo, la empresa ha complementado su modelo de marca abriendo restaurantes, hoteles y 'spas', así como creando perfumes o gafas de sol que llevan el nombre de la firma.

El grupo, consciente de lo difícil que es abrirse paso en la industria del ocio, ha anunciado recientemente un plan de crecimiento con el que aspira a abrir un total de 85 establecimientos en los próximos diez años.

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