Editorial

Urge abrir los caminos del 4G

La historia de la transmisión de datos a alta velocidad en España, lo que erróneamente se conocía en general como banda ancha, se basaba en el aprovechamiento hasta la extenuación del par de cobre, es decir, de los tradicionales cables paralelos que en contra de lo previsto en lo principios de la era digital llegaron a ofrecer una capacidad impensable cuando se instalaron. Ese correcto aprovechamiento de la capacidad instalada, llevado a sus extremos al comienzo de la tecnología analógica, ha sido uno de los grandes errores para el desarrollo de España. Consideraciones políticas aparte, la tecnología sugiere que las compañías de telecomunicaciones van a empezar a aprovechar de verdad toda la potencialidad de 4G, una herramienta que en un país moderno se debe considerar una utility, como la electricidad, es decir, algo tan elemental como los metros cuadrados que ponen los ayuntamientos a disposición de cualquier emprendedor dispuesto a poner en marcha una empresa y crear empleo en su territorio. El retraso nacional en el 4G, una tecnología ya instalada en gran parte de Europa y cuando algunos países transitan por el carril del 5G, es la demostración del daño que pueden hacer las barreras administrativas a algo tan imprescindible como la libertad de los ciudadanos para crear riqueza.

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