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Hotelería rural

El negocio que nació con el retraso de un avión

Carlota Mateos y Isabel Llorens.Pablo Monge

Se conocieron en las navidades del 94 en el aeropuerto de Heathrow (Londres). Les habían cancelado el vuelo y comenzaron a charlar. Una vivía en Londres, la otra en Newcastle. Y allí comenzaron a escribir la historia de una amistad y de un sueño empresarial que se mantienen vivos a día de hoy. Todo fue por casualidad, nada premeditado.

Dos años más tarde de ese fortuito encuentro, Isabel Llorens, de 46 años y licenciada en Empresariales, y Carlota Mateos, abogada de 39 años, regresaron a España para gestionar un hotel rural con encanto, Aultre Naray (Peruyes, Cangas de Onís), que los padres de la segunda habían abierto. Allí aprendieron de las carencias que tenían este tipo de establecimientos, en un momento en el que estaba floreciendo la hotelería rural.

Paciencia

Elegir bien al socio es clave para que un negocio funcione. Ellas dan prioridad a la calidad personal más que a las cualidades técnicas. “Cuando montas un negocio con alguien tienes que ser humilde y estar dispuesto a aprender de la otra persona, además de perseverante y paciente”, señala Llorens. Mantener la calma y compartir los objetivos es importante. “No empezamos a ser rentables hasta que pasaron cuatro años. Renunciamos a nuestro sueldo, no teníamos ningún business angel detrás”.

Comenzaron a darle vueltas al asunto, hasta que decidieron seleccionar pequeñas joyas hoteleras, proyectos personales de emprendedores sinceros, que llevan por bandera la hospitalidad. Así fue como nació Rusticae, una plataforma con servicios, de comercialización, además de una central de compras, que hoy cuenta con 300 hoteles en cartera, 15 personas en plantilla en España y tres en Chile, y factura al año más de 1,5 millones de euros. “Sucedía que muchas veces los clientes no sabían donde iban, y nosotras de cara al huésped nos convertimos en una guía”, afirma Mateos. “Nos convertimos en prescriptoras de la buena vida”, apunta Llorens.

Desde entonces trabajan juntas, mesa con mesa, “lo gestionamos todo por proyectos, nunca ni por disponibilidad ni por expertise, lo compartimos todo”, explica Mateos. Porque lo importante para ellas es haber podido hacer compatible el carácter de ambas, “el ego siempre es lo más complejo”, señala Llorens. Comparten despacho de nueve a cinco de la tarde, a partir de ahí la jornada continua en sus respectivos hogares. Una, Mateos, trabaja siempre en silencio; la otra, lo comenta todo.

La complicidad entre ambas se manifiesta a lo largo de la entrevista en varias ocasiones y sobre todo en la sesión fotográfica. Poco a poco han ido construyendo una relación personal, que va más allá de los lazos empresariales. Es más, en su tiempo libre, viajan con sus hijos (cada una tiene dos)y sus parejas. “Cuando compartes tanto tienes que poner límites, hay que establecer unas pautas de convivencia empresarial, ya que cuando se monta una empresa surgen conflictos, y conviene separar la amistad del trabajo”, matiza Llorens. En estas casi dos décadas, han seguido a rajatabla un principio: “si había algo que nos molestaba a la una de la otra, tenía que aflorar en 24 horas, es importante hablar los temas”, dice Mateos.

El secreto, agrega la otra socia, está en haber ido haciendo el camino, “gestionando el día a día, afrontando los problemas, es una relación igual que la de un matrimonio”. De hecho, pasan juntas más tiempo que con sus familias. “Por encima de todo prevalece la amistad, y juntas hemos hecho cosas muy importantes, ya que hace 20 años no teníamos ni idea de todo esto que se habla ahora del emprendimiento, nuestro planteamiento siempre fue más espontáneo”, prosigue Llorens. Las dos se complementan y si de algo pecan es de falta de ambición, “siempre hemos ido muy tranquilas y nos ha ido bien con esa fórmul”. Mateos opina que su compañera es buena “conectando conceptos, de los que siempre salen cosas interesantes”. Y Llorens afirma que su amiga busca siempre la perfección, además de ser conciliadora y tener buena memoria.

Cuando se les pregunta si volverían a montar una empresa juntas, no lo dudan. “Por supuesto, no concebimos trabajar la una sin la otra”. 

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