Venden en 65 países en los cinco continentes

Miquel Rius, la familia de los cuadernos más internacionales

La empresa lleva 176 años dedicada a la elaboración y venta de materiales de papelería

Su facturación anual se sitúa alrededor de los 9,5 millones de euros

Interior de un cuaderno de ingresos y gastos.
Interior de un cuaderno de ingresos y gastos.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define cartoné como “encuadernación que se hace con tapas de cartón y forro de papel”. Así se llama también el producto más clásico de la empresa Miquel-Rius 1839: unos cuadernos de tapas duras en los que anotar desde la contabilidad de una empresa hasta los secretos más íntimos.

Cronología

Fachada del taller de la calle de Mallorca en 1909.
Fachada del taller de la calle de Mallorca en 1909.

1869. Josep Miquel Rius, el fundador de la empresa, emigra desde Sant Pere de Riudebitlles, su pueblo natal, a Barcelona para trabajar en un pequeño taller de impresión.

1880. Adquisición del taller por Josep Miquel Rius.

1897. Fallece Josep Miquel Rius. Su esposa cambia el nombre de la sociedad que pasa a llamarse Viuda de J.Miquel y Rius. Los hijos del fundador, Ramón y Josep, asumen la administración y la dirección del taller.

1910. La compañía participa en concursos nacionales e internacionales para dar a conocer sus productos. Obtiene el diploma de honor de la exposición universal de Bruselas.

1914. El negocio familiar se convierte en la sociedad Casa Miquel-Rius S.A.

1975. Inauguración de la planta de Parets del Vallés con moderna maquinaria que permite lanzar nuevos productos al mercado.

1988. La empresa amplía las instalaciones de Parets del Vallés. La fábrica y el almacén crecen hasta ocupar 5.000 metros cuadrados.

1994. Consolidación de la expansión internacional de la compañía gracias a su participación en ferias.

1995. La marca inicia su colaboración con el diseñador Antonio Miró. Luego vendrían los acuerdos con otros artistas y empresas como Agatha Ruiz de la Prada, Jordi Labanda, Kukuxumusu, Britto, Bultaco, Mormaii o el piloto de motos Márquez.

1996. La empresa decide cambiar de razón social, y como homenaje a sus orígenes, añade a su nombre la fecha de inicio de la aventura: Miquel-Rius 1839 S.A.

La historia de esta saga familiar comenzó hace ya 176 años, en 1839, el año en que se fundó el pequeño taller barcelonés de impresión de libros rayados al que dirigió sus pasos Josep Miquel Rius en 1869. Tenía 19 años y muy poco dinero en el bolsillo. Emigraba desde su pueblo natal, Sant Pere de Riudebitlles, en la comarca del Alto Penedés, al corazón de la modernidad española, la capital catalana.

Once años más tarde aquel joven inmigrante había logrado convertirse en el dueño de la empresa. Y no contento con ello, decidió ampliar la oferta. Comenzó a fabricar libretas, cuadernos, copiadores de cartas, almanaques, dietarios de bolsillo, etcétera. También se apuntó a la moda de los sobres y tarjetones en relieve, muy en boga durante el modernismo en la ciudad condal.

La dicha, sin embargo, no duró demasiado. Falleció en 1897, antes de alcanzar siquiera la cincuentena. Su esposa tomó las riendas. Siguiendo las costumbres de la época, adaptó el nombre de la sociedad a Viuda de J. Miquel y Rius. Sus hijos, Ramón y Josep, que ya se habían iniciado en el manejo de la empresa, asumieron más responsabilidades. El primero, al frente de la administración. El segundo, en el taller como director.

A principios del siglo XX llegó el momento de la expansión, del ir más allá de las cuatro paredes de un taller artesanal del centro de Barcelona. Comenzaron a participar en concursos nacionales e internacionales para dar a conocer sus productos. Empezaron a lloverles los premios. Entre ellos, el diploma de honor de la exposición universal de Bruselas de 1910.

La Guerra Civil española tuvo un negativo impacto sobre las cuentas de la empresa. Se acumularon los problemas económicos. Algunos préstamos y pequeñas aportaciones de parientes cercanos les permitieron recuperarse. Dos años después del final de la contienda, el negocio familiar se conviertió en la sociedad Casa Miquel-Rius S.A. La dirección recayó en Ramón Miquel y Planas, conocido por ser un notable erudito y bibliófilo.

A la muerte de este en 1950, su hijo Jorge Miquel Solá es nombrado presidente y gerente de la compañía. Bajo su dirección, la empresa da el salto a la producción industrial con la inauguración en 1975 de una planta en el municipio barcelonés de Parets del Vallés. En ella, la moderna maquinaria permitió incorporar nuevos productos.

No fue, sin embargo, hasta 1988 cuando la empresa introdujo en su catálogo las primeras agendas. Acababan de ampliar la fábrica y el almacén hasta ocupar 5.000 metros cuadrados. Ese mismo año, siguiendo la norma familiar, Jorge Miquel Solá, delegaba en su hijo, Lluis Miquel Altés, la gerencia de la compañía.

Y este ha sido el encargado de la modernización definitiva. Introdujo el color en el mundo de la papelería. Inició las colaboraciones con diseñadores, artistas y marcas de la talla de Antonio Miro, Agatha Ruiz de la Prada, Jordi Labanda o Kukuxumusu. También fueron pioneros en la creación y fabricación de los Notebook, unos cuadernos con espiral, márgenes de colores, microperforados y taladrados.

La apuesta resultó todo un éxito. Su facturación anual se sitúa alrededor de los 9,5 millones de euros. Está presente en más de 65 países, en los cinco continentes. Cuenta con tres filiales, una en Estados Unidos, otra en México y una recién estrenada en Colombia. Y su catalogo está compuesto por más de 1.300 referencias, de entre ellas 650 modelos de cuadernos y 65 tipos de mochilas.

Eso sí, como corresponde a la genética de una empresa, ante todo, familiar, no olvida su pasado. Para celebrar su 175 aniversario, en 2014 lanzaron una edición especial de su cuaderno más tradicional, el Cartoné. Aquel con el que comenzaron; aquel al que confiar los debes y haberes; aquel en el que realizar las tareas escolares; aquel al que confiar lo más íntimo.

Objetivo: el Banco de España

Interior del taller en 1909.
Interior del taller en 1909.

A finales del siglo XIX, la empresa vivía un momento complicado. El riesgo de un cierre planeaba en el aire. Había que buscar nuevos clientes que no fueran a atrasarse o a interrumpir sus pagos.

Margarita Planas, esposa del fundador, lo vio claro. ¿Quién podía cumplir estos requisitos y necesitaba además cuadernos de contabilidad y otros materiales de papelería? El Banco de España. Este debía ser su objetivo.

Tres día pasó en las oficinas de la entidad en Barcelona para lograr reunirse con el director de compras. Hasta se llevó la fiambrera con la comida para no perder la vez. El esfuerzo tuvo su recompensa. Miquel Rius se convirtió en proveedor del Banco de España.

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