El minúsculo archipiélago de las islas Gili es uno de los destinos más chics y silvestres de Indonesia

Un refugio para robinsones de diseño

Palmeras, cocoteros y playas salvajes para sentirse como un náufrago de lujo, sin renunciar a la fiesta.

Trawangan (Indonesia)
Playa en las islas Gili, en Indonesia.
Playa en las islas Gili, en Indonesia.

Si alguna vez ha soñado con unas vacaciones en una isla remota donde olvidarse del mundanal ruido, donde su única preocupación del día fuera buscarle un adjetivo a cada tono de un mar turquesa, contemplar sin prisa cómo se oculta el sol tras un horizonte de volcanes y el único ruido que escuchara fuera el batir de las olas o el de los barquitos de los pescadores locales, el archipiélago de las Gili, frente a la costa noroeste de Lombok, es su destino... hace dos décadas.

Hasta allí se trasladaban trotamundos con vocación de intrépidos, hippies trasnochados, mochileros y bohemios en busca de paraísos ignotos donde sentirse como Robinson Crusoe antes de que los viajes detox –donde la tecnología no tiene cabida– se hubieran inventado.

Pero no se preocupe, en algunos sitios todo cambia para que casi todo siga siendo igual: lo más parecido a un paraíso en la Tierra con algunas –o muchas– tentaciones, las más exóticas: las setas mágicas. En las Tiga Gili (Tres Islas, en el idioma local), Trawangan, Meno y Air, todo es excelso, hasta lo de considerarlas un archipiélago, porque los tres pequeños islotes apenas ocupan 15 kilómetros cuadrados de superficie.

Al atolón solo se puede acceder por mar desde las vecinas Baliy Lombok

A tiro de piedra de Bali y Lombok, las islas más populares de Indonesia, la única forma de llegar al atolón coralino sigue siendo por mar en varios tipos de embarcaciones. Desde barcos pirata –no autorizados–, cuyos vendedores de billetes le presionarán en el puerto de Senggigi (Lombok) para llevarle a toda costa o en el de Bangsal (Trawangan) –no se deje intimidar–, hasta ferris, lanchas rápidas o algún marinero local con el que pacte un precio por trayecto.

Esa será su primera sorpresa, porque la travesía será más o menos movida por las corrientes de la zona, y mejor vaya ligero de equipaje, ya que al desembarcar en el puerto –un eufemismo– de la mayor de las Gili, tendrá que hacerlo cerca de la playa, prácticamente saltando al agua, y ahí se las apañe para que su maleta llegue seca a tierra.

Antes de llegar se habrá quedado con la boca abierta a medida que su barco vaya acercándose a la costa y descubra un paisaje tropical con playas de arena blanquísima y aguas cristalinas, respaldadas por una exuberante vegetación donde se adivinan palmerales, cocoteros y hamacas entrelazándoles.

Donde antes había un barco varado tierra adentro, convertido por unos avispados italianos en el único restaurante de la isla, y apenas había alojamientos básicos en forma de bucólicas cabañas, hoy se alzan resorts, terrazas a pie de playa, tiendas, restaurantes de comida internacional y bares de todo tipo, en algunos de ellos con atriles de pizarra invitándole en inglés a “tomar setas mágicas para ser feliz” (Take magic mushies become fun guy).

Ha llegado a la Party Island, la Isla de la Fiesta. No se preocupe, aquello no es Sodoma y Gomorra y casi todos los locales están integrados en el paisaje.

islas Gili ampliar foto
El diminuto atolón de las Gili, frente a Lombok, visto desde el aire.

En Gili Trawangan, para algunos la Ibiza asiática de hace décadas, y los dos islotes vecinos podrá seguir sintiéndose como un moderno robinsón en versión chic. En ninguna de las tres islas está permitido el tráfico rodado, no hay coches ni motos, tan invasivas en otras zonas de Indonesia; tampoco hay asfalto y la única forma de desplazarse es a pie, en bicicleta –si quiere hacer pierna entre los arenales y caminos– o en los cidomos –carros tirados por caballos de poca alzada–.

Tampoco hay agua potable en las islas, salvo la que se extrae de unos cuantos pozos, y su sabor no es muy apetecible, aunque los barcos surten al atolón de bidones de agua mineral todos los días. El tendido eléctrico es escaso y casi invisible, pero no lo echará de menos.

Gili Trawangan es la más grande del archipiélago, pero no la más poblada, apenas tiene 1.500 habitantes. Es la que cuenta con mayor infraestructura turística, la más festiva y bulliciosa; tardará apenas dos horas en recorrerla de cabo a rabo y junto a parejas, grupos de amigos y surferos en descanso encontrará familias con niños.

Gili Air es la más cercana a tierra y la que cuenta con mayor población: 1.800 habitantes. Destaca por su sencillez y ambiente sosegado hasta que llega la temporada alta.

Gili Meno, con 300 habitantes, es la más tranquila, la más salvaje y la que tiene mejores y solitarias playas. Las tres disfrutan de inmejorables vistas a los volcanes Gunung Rinjani, en Lombok, y el Gunung Agung, el punto más alto de Bali. Relájese y disfrute, ¿está en el paraíso?

Tentaciones bajo el mar...

buceo
El buceo y el snorkel son dos grandes atractivos de esta parte de Indonesia.

Las Gili son un excelente destino para descubrir el paisaje bajo el mar. Hay excursiones en barco o catamaranes con suelo transparente para ver los peces de colores, estrellas o caballitos de mar; abundan los peces aguja y payaso y los crustáceos.

Rodeadas de arrecifes de coral y con accesos fáciles desde la playa, las islas son ideales para practicar snorkel y submarinismo si quiere ver tortugas o nadar con tiburones. Si no lleva equipo, no se preocupe, no tendrá problemas para alquilar, por un módico precio, aletas, gafas y tubo.

Para bucear tendrá que bajar más de 18 metros para ver algo.
Todas las islas cuentan con escuelas de buceo –muchas regentadas por europeos o australianos– muy profesionalizadas e instructores experimentados que llevarán a los más osados a las zonas para avistar tiburones, como el tentador Shark Point –sumergirse aquí con el fuerte oleaje resulta una experiencia estimulante– o en el cañón Deep Halik.

Tendrá que bajar entre 28 y 30 metros. En ningún caso se fíe de las aguas. Las fuertes corrientes pueden jugarle una mala pasada, tanto si bucea como si nada, y por muy cerca que le parezca que están las islas entre sí, no será fácil la travesía.

...o excursiones en tierra firme

islas Gili
Hamacas en las islas Gili.

De tan pequeñas y planas, las islas son muy fáciles de recorrer a pie o en bicicleta; pero vaya atento porque puede colarse en algún jardín privado sin vallar –en general, nada grave–. Los más comodones pueden optar por alquilar un cidomo local y descubrir el paisaje al pausado trote de un poni.

Para recorrer Gili Air, la más cercana a Lombok, lo más fácil es seguir la línea costera, una excursión de apenas hora y media. Al sur de la isla están las mejores playas y allí y al este se concentran casi todos los alojamientos y restaurantes.

Tardará un poquito más en dar una vuelta completa a la festiva Gili Trawangan, la más alejada de tierra. Si quiere alejarse del bullicio merece la mena acabar la excursión al atardecer en el sudoeste del islote, donde se conservan los restos de un polvorín japonés y hay magníficas vistas a la montaña balinesa de Agung.

Entre ambas, está Gili Meno. Caminar por ella le llevará un suspiro, pero le merecerá la pena si se conforma con una infraestructura básica y quiere sentirse casi solo en el jardín del edén. En el interior de la isla encontrará plantaciones de cocoteros y un lago poco profundo que produce sal en la temporada seca.

Guía para el viajero

islas Gili
Resort y chiringuitos, integrados en el paisaje, comparten línea de playa con pescadores.

Cómo ir y salir. Lo más habitual es llegar desde Bali o Lombok. Desde la isla de los dioses, a 35 km de las Gili, se puede utilizar el autobús y barco directo de Perama, una agencia local con buena infraestructura en toda Indonesia. Otra opción es volar de Denpasar (Bali) a Mataran (Lombok) y de allí seguir a Senggigi, donde hay un barco directo a las Gili. Para moverse entre las islas hay un ferri que realiza un itinerario por las tres, dos veces al día.

Dónde dormir. Las opciones de alojamiento son tan amplias como nos lo permita el bolsillo, sobre todo en Trawangan. Allí pueden alquilar desde villas de lujo a cabañas rústicas con equipamiento básico, y lo mismo pasa con los restaurantes, algunos a pie de playa, muy recomendables para cenar a la luz de las velas disfrutando de la brisa del mar.

Curiosidades. Las Gili presumen de ser un destino tan seguro que no hay policía. Si tiene algún percance, tendrá que acudir al kepala desa (jefe del pueblo), que se encarga de los asuntos de la isla. La mayoría de las habitaciones de los resort tienen las duchas fuera, al aire libre e integradas en el paisaje. Una delicia y preciosas, salvo que sea un tiquismiquis y odie compartir baño con animalitos menores como lagartijas. Por muy idílicas que sean las playas, al atardecer no estará solo: unos mosquitos invisibles marcarán territorio y su piel, si no se protege.

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