Tokio asombra al viajero, que encuentra una perfecta caja de sorpresas en cada barrio

Neones, tribus urbanas, tradición y ritos ancestrales

Neones, tribus urbanas, tradición y ritos ancestrales

Luces de neón por todas partes, rascacielos por doquier; innumerables scalextric que se abren paso rozando los perfiles de los altos edificios con quiebros inverosímiles; un metro o un tren rápido cada dos por tres y cientos de accesos y salidas para entrar y salir de sus numerosas estaciones; tiendas de lo más variopintas están abiertas casi todo el día y parte de la noche, y todo el tiempo, en todas partes, gente, mucha. Hasta 38 millones de habitantes parecen convivir en paz y armonía en Tokio.

Hay pocos templos o lugares de interés histórico o arqueológico, muchos ritos y tradiciones, y almendros –sobre todo en primavera–, que los japoneses adoran. Tokio es una capital de vértigo y llena de contrastes, donde el traqueteo de los trenes rápidos por encima de la ciudad, los cantos constantes de las cigarras y lo que parecen graznidos de cuervos son los sonidos de la urbe.

Estas serán las primeras impresiones que percibirá el viajero que aterriza en la capital de Japón.

Un mundo de sensaciones

Tokio parece también la ciudad de las mil caras y casi todas amables. Sus barrios más famosos y de obligado recorrido, aunque solo sea por contemplar el espectáculo callejero que ofrecen, poco tienen que ver entre sí y tampoco las gentes, las numerosas tribus urbanas que los recorren incansables. Un escaparate de disfraces humanos con vida propia para deleite de la vista y del ojo de la cámara y donde las novedades se devoran ávidamente. Todo en esta ciudad parece excesivo, a veces exagerado y otras extravagante, pero nada parece dejado al azar o la improvisación. Sorprende –y muy gratamente– la pulcritud y limpieza de cada rincón; de ahí, quizá, la sorpresa también a los ojos de los foráneos de la escasez de papeleras. Nos choca que apenas hay tráfico privado –y menos por la noche– sobre las anchas avenidas y, a pesar de ello, y aunque no circulen coches a la vista, ningún peatón cruzará la calle antes de que el muñequito del semáforo se torne en verde. Los extranjeros, sí.

Pistas y curiosidades

Neones, tribus urbanas, tradición y ritos ancestrales
  • Cómo ir. Varias compañías internacionales vuelan, con escala, desde Madrid y Barcelona. Qatar Airways y Emirates Airlines lo hacen en vuelos nocturnos. La ventaja es que llegan a Tokio de noche, un día más tarde, y le entregarán seguro la llave de su habitación de hotel (en Japón nunca antes de las dos la tarde). British Airways y Lufthansa tienen vuelos diurnos y llegará también un día después, pero tempranísimo, y lo más probable es que tenga que esperar en la recepción o hacer la primera excursión por la ciudad después de un larguísimo viaje.
  • Dónde dormir. La oferta hotelera es muy amplia y variada y a medida de todos los bolsillos. Hoteles de tipo occidental, aunque con habitaciones más pequeñas, o tradicionales, como los ryokan. Para evitar sorpresas, una opción es elegir y reservar hotel y habitación a través de la web Hoteles.com, donde podrá revisar las características que mejor se ajusten a sus necesidades. Este portal de reservas tiene además un programa de precios secretos, los precios morados, con mejores ofertas y descuentos accesibles solo para clientes que se hayan dado de alta en la web o se descarguen la aplicación, y ventajas como con noches extras gratis.
  • Dónde comer. Como ocurre con los hoteles, la oferta culinaria japonesa es grande y diversa. Se come bien por poco dinero en los izakaya, los bares locales, donde se puede almorzar o cenar de forma informal, beber cerveza y sake. Atrévase a entrar y pedir platos más allá del sushi, el sashimi, la tempura o los soba (fideos finos).

La seguridad es extrema y no tema dejar el bolso, la tablet o la cámara de fotos en una mesa, terraza o en un banco de la calle mientras habla distraídamente o consulta su guía de viaje, nadie los tocará. Disciplinados como pocos, ningún japonés osará colarse en el metro o en la cola de turno del restaurante o de cualquier otro lugar.

Sinceramente amables y serviciales, le ayudarán si está perdido o se ofrecerán a guiarle hasta su destino. Lo mejor para moverse por Tokio es utilizar la infinita red de metro o los trenes rápidos. Le parecerá un laberinto, pero no se asuste, casi todo está indicado en inglés y preguntando se va a Roma. La línea circular, Yamamote, conecta con todas las demás y desde ella se puede transbordar para llegar los barrios más céntricos. Muy útil es adquirir una tarjeta Pasmo, que se puede recargar con dinero de plástico o en metálico en las máquinas de la red.

Va por barrios

Dependiendo del tiempo de estancia, no menos de tres o cuatro días, y en una ciudad tan camaleónica no se pueden perder ninguno de los barrios que pululan alrededor de su corazón geográfico y espiritual, el centro de Tokio, donde encontrará el palacio imperial, Kökyo, en el que vive la familia real e inaccesible al público; el famoso mercado de pescado en Tsukiji –para acudir a la subasta, de lunes a viernes, es necesario reservar y madrugar mucho–. Ideal para tomar una cerveza y disfrutar del mejor sushi y sashimi del mundo, según presumen los tokiotas.

Ginza

Es la zona más lujosa, la más cara y uno de los barrios más famosos del mundo. Tiendas de marca, boutiques internacionales, grandes avenidas y bulevares arbolados –lo que le da un toque europeo–, edificios de cristal y ejecutivos trajeados pueblan sus calles. Dicen que ha perdido un poco de glamour, pero para observar el ir y venir de gente nada mejor que sentarse en la terraza del café Doutor.

Shinjuku

Es la imagen más tópica de Tokio: neones por todos lados y a todas horas, lleno de gente fashion y ambiente las 24 horas, ideal para una noche de marcha. Rascacielos de acero y cristal, oficinas, restaurantes y locales de moda. En el edificio del Gobierno Metropolitano, en el piso 45, está el mirador más famoso, desde el cual en los días claros se divisa el monte Fuji y se observan los más bonitos atardeceres.

En Shinjuku está el principal centro de transporte de la capital y su estación es la más transitada del mundo, ya que por ella desfilan a diario casi cuatro millones de pasajeros. En la zona más populosa y entre calles estrechas proliferan locales de masajes, clubes y espectáculos de difícil definición, entre otras cosas, porque los letreros están en japonés.

Shibuya

Shibuya es, junto con Shinjuku, el barrio más cosmopolita de Tokio y uno de los que marca el pulso y las tendencias de la ciudad. Recomendable visitarlo de día y de noche e increíblemente animado siempre con sus luces, sus centros comerciales inmensos, las pequeñas tiendas a pie de calle y su famoso cruce, el más transitado del planeta. Cinco pasos de peatones sincronizados; cada vez que se abren los semáforos, una marea humana invade el asfalto en perfecto orden y sin chocarse. Uno de los mejores lugares para ver el espectáculo callejero es desde el gran ventanal del segundo piso del Starbucks que hay en el cruce.

Otro de los lugares para saborear el ambiente del barrio es sentarse en una de las mesas de la terraza del Kirin Ichiban Shibori Garden y disfrutar de su cerveza, cuya espuma se sirve casi congelada.

Asakusa

Es el barrio más tradicional, con sus tiendas de artesanía y los escasos restos de Shitamachi, la Ciudad Baja. Allí está el templo Sensoji, el más antiguo de Tokio, y las linternas colgantes de Kaminariji. Lo moderno deja paso a lo tradicional y podrá contemplar a mujeres y hombres ataviados con vestimentas clásicas y kimonos. Si tiene suerte y coincide con el Festival de Asakusa, las calles se llenan de multitudes con trajes típicos paseando los mikoshi –capillas portátiles, una mala comparación sería algo así como nuestros pasos de Semana Santa, en pequeño, pero que se viven con igual devoción–.

Ueno

Es el parque más famoso la ciudad. Un inmenso bosque de cerezos en flor, campos de béisbol, pequeños templos donde se dan la mano la cultura y la vida popular de los tokiotas. Allí está el Museo Nacional.

Akihabara

Es la zona de la tecnología y la electrónica, perfecta para adquirir cámaras digitales, ordenadores y otros gadgets, y también es el centro neurálgico de la industria del manga. Muy curioso de visitar incluso si no le gustan los cómics, sus figuras o cuidados disfraces. Allí se topará con las populares chicas disfrazadas de sirvienta que reparten publicidad de los Maid Cafes, aunque es en el parque Yoyogui donde encontrará las famosas lolitas góticas de Tokio.

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