Robert Hiscox, presidente de honor de Hiscox

“El mercado del arte es una burbuja que parece no estallar nunca”

Hiscox durante la entrevista en Madrid.
Hiscox durante la entrevista en Madrid.

Sus 43 años al frente de la aseguradora Hiscox le convierten en uno de los ejecutivos más veteranos de la City. Robert Hiscox (Londres, 1943) se retiró el año pasado, pero sigue siendo una eminencia en el sector. Su padre fundó la firma en los años cuarenta, siendo en sus orígenes parte de Lloyd’s. Hiscox junior tomó las riendas de la firma en 1970, con 10 personas en plantilla. Hoy emplea a 1.250 en 11 países. Reconocida como la primera correduría en asegurar arte (el propio Hiscox es un importante coleccionista), está especializada en grandes fortunas y pequeños negocios. La compañía cumple su primera década en España con perspectivas de crecimiento.

Pregunta. ¿Cuáles son hoy las principales preocupaciones de las grandes fortunas?

respuesta. Las mismas de siempre: robo, daños patrimoniales… También se puede decir que las grandes fortunas tienen un creciente interés en el arte. El problema del arte es que cada reclamación es una negociación sobre el valor de las piezas. Si una obra se daña, ¿qué valor tiene el estropicio? Hay que tener un buen conocimiento del tema para responder a estas situaciones.

P. ¿Han notado inquietud entre sus clientes por la situación política de España?

r. No. La gente sabe que la política tiene altibajos. Este año hay elecciones en España, por lo que crea cierta incertidumbre. Pero los negocios siguen adelante, así que en cierto sentido no pasa nada.

P. Usted es conocido por recelar de los políticos de todos los colores.

r. Es cierto [risas]. La gente como nosotros dirige negocios, y tiene que delegar en otros para dirigir el país. Lo que sucede es que estos últimos cada vez son más jóvenes y menos experimentados, lo cual es absurdo. Incluso antes, cuando eran más mayores, tampoco nunca se revelaron como los mejores gestores para conducir los asuntos del país. Pero ahí están. No podrían dedicarse a los negocios, de la misma forma que yo tampoco serviría para la política. Es una de las ironías de la democracia. Es desesperante.

P. ¿Cuál es la solución a este dilema?

r. No la hay. Cada vez que tratan de atajar un problema crean otro. En los negocios se trata de prometer poco y hacer mucho. Y siempre decir la verdad. Lo que me exaspera de los políticos que critican el mundo de la empresa es que no se dan cuenta que son los propios negocios los que lo pagan: la salud, las escuelas… todo lo que la gente necesita. ¡Paren de criticar los negocios y ayúdenlos! La gente se empieza a dar cuenta de que escogen a los menos malos, no a los mejores. Por eso al final llegamos a desastres financieros como el que hemos tenido. Tengo una teoría: la democracia no funciona. Nos metemos en guerras como las de Afganistán o Irak para imponer la democracia a otros pueblos… pero nosotros no tenemos aquí. La UE, por ejemplo, no es democrática.

P. ¿Cree que la crisis financiera se podría haber evitado con políticos más competentes?

r. Por supuesto. Me impresiona que los reguladores no vieran lo que muchos vaticinábamos. Cuando tomas prestado demasiado, si te apalancas mucho, algo tiene que pasar.

P. ¿Qué opina de la situación de Grecia?

r. Los griegos votaron para que se parase lo que se les estaba haciendo. Su joven primer ministro amenazó a la UE con no acatar sus recetas, pero él es el primero que sabe que no le conviene salir del euro. Nosotros no estamos presentes en Grecia, es un mercado demasiado pequeño. Nos sentimos más cómodos en países del tamaño de España.

P. ¿Qué oportunidades ven ahora mismo en España?

r. La actividad empresarial española ha crecido muy deprisa en los últimos tres o cuatro años, más que en otras partes de Europa. Estamos muy contentos con lo que estamos haciendo aquí. Durante la crisis ha habido muchos emprendedores, y somos buenos asegurando pequeños negocios. También hay muchas compañías que buscan a alguien que les cubra sus inversiones en América Latina. En España hay unos 50.000 clientes ricos y en torno a tres millones de empresas pequeñas que encajan en nuestro nicho. Hay negocio.

P. El mercado del arte está creciendo en todo el mundo. ¿Cómo cree que evolucionará?

r. Hasta hace no tanto los ingleses no mostraban interés por el arte, ahora somos grandes consumidores. El arte es una burbuja que parece no estallar nunca. Es una caja fuerte internacional para las grandes fortunas. Los precios de los artistas cotizados suben de manera casi alocada. Eso es malo para los coleccionistas, pero muy bueno para nosotros.

P. ¿Cree que la burbuja acabará estallando?

r. Tiene altibajos. Si los tipos de interés suben, sería interesante ver dónde pone el dinero la gente rica. Al estar bajos, han distorsionado el valor de los activos. Las propiedades pasan a estar mejor vistas, y lo mismo pasa con el arte. Mientras los tipos sigan bajos el arte seguirá siendo muy atractivo para las grandes fortunas. Aunque siempre ha sido llamativo. Los altibajos están ahí: ahora nadie quiere mobiliario del siglo XVIII, el mejor que se ha hecho jamás.

P. ¿Qué le recomendaría a alguien que empieza su carrera en el negocio de los seguros?

r. Empieza pequeños negocios con mucha financiación. Haz lo que dices que haces, y hazlo bien. Esos son valores decentes. Hay demasiada ineficiencia en el mundo: si uno hace bien su trabajo seguro que triunfa. Creo que hoy en día es increíblemente sencillo encontrar un nicho en el que hacerlo bien. Hay que amar al cliente, hacer que se sienta bien al contratar tus servicios.

P. ¿Qué impedimentos se ha encontrado de firma más recurrente a lo largo de su carrera?

r. Las regulaciones. En Europa hay un deseo salvaje de regular todo lo que hacemos. Creo que eso es malo, especialmente en finanzas y seguros. Los Gobiernos deberían preguntarse todos los días cómo pueden ayudar a las empresas, porque eso es bueno para el país.

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