Cuenta con financiación de la industria farmacéutica

El Hospital La Paz busca grandes fortunas para su investigación

IdiPaz estrena un nuevo centro de 3.000 metros cuadrados en Madrid, abierto a inversores y mecenas

Eduardo López-Collazo, director científico de IdiPaz, e Inmaculada Ibáñez, investigadora.
Eduardo López-Collazo, director científico de IdiPaz, e Inmaculada Ibáñez, investigadora.

"IdiPaz es una gran oportunidad de inversión para las grandes fortunas”. Esta frase es de Eduardo López-Collazo, director científico de este centro de investigación ligado al Hospital Universitario La Paz y a la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). “Buscamos activamente inversores, tocando puertas para cambiar la filosofía de la I+D de este país. Pero de momento no tenemos resultados”, reconoce.

Este centro acaba de estrenar, en enero, su nuevo edificio de nueve plantas y 3.000 metros cuadrados junto al madrileño Hospital La Paz para los 1.069 investigadores que lo componen. Sus responsables buscan diferenciarse, además, primando la participación privada en su financiación. Actualmente, IdiPaz cuenta con ingresos aproximados de 4,5 millones de euros. La mayoría ya proceden de empresas, gracias a los ensayos clínicos que pagan las compañías farmacéuticas, interesadas en un modelo de innovación que está muy cerca de los afectados. Entre ellas, Novartis, GSK, Pfizer, Roche, MSD, Abbott, Janssen, Boehringer, Amgen, Sanofi, AstraZeneca o BMS.

“Ves al paciente por los pasillos, así que lo que haces tiene una relevancia inmediata. Te motiva mucho más”, cree el director científico. Los demás recursos provienen de los fondos públicos para la ciencia del Ministerio de Economía, del Instituto Carlos III y de las ayudas europeas.

El modelo de IdiPaz, un centro puesto en marcha en 2009, es “crear riqueza y no solo conocimiento”, asegura López-Collazo, a través del impulso de patentes y empresas que trasciendan la I+D en forma de nuevos productos.

“La financiación pública debe ser muy fuerte, como ocurre en EE UU, pero también debemos recurrir más al dinero privado, tanto de inversores como de mecenas. Los modelos en los que nos fijamos son los de Harvard [Estados Unidos] y Oxford [Reino Unido]. Allí los recursos públicos son enormes, pero también crean empresas para lanzar productos. Lo normal es que cualquier jefe de laboratorio participe en una o dos empresas”, apunta este investigador, nacido en La Habana y con estudios posdoctorales en la Universidad de Brown. “Es España hay muchas incompatibilidades para los científicos, demasiada burocracia e incluso restricciones filosóficas de los propios investigadores, que piensan que perderían su pureza”, añade.

Resultados

De IdiPaz nació el pasado año la primera empresa spin-off de un hospital de Madrid, llamada Biomédica Molecular Medicine, que surgió para desarrollar un test con el que saber qué pacientes deben recibir quimioterapia contra el cáncer de mama. Además, se ha licenciado un producto propio que ya se vende en las farmacias, llamado Menoyn, para paliar los efectos secundarios de la menopausia.

Al pasear por el interior del reluciente nuevo edificio se ven amplios laboratorios con pocas personas utilizándolos a la vez, ya que muchos de los científicos trabajan frente a su ordenador en despachos adyacentes. La nueva instalación dispone de un biobanco, un animalario con distintas especies para los ensayos, y también es sede del Instituto de Genética Médica y Molecular. Trabaja en red junto a 22 centros similares de otros hospitales, como el Clínic y el Vall d’Hebron de Barcelona.

Cuenta con 48 grupos de investigación concentrados en seis áreas médicas. Entre ellos, son especialmente potentes los de inmunoterapia frente a los tumores (un campo que despierta cada vez más interés entre las compañías farmacéuticas), en biomarcadores, en cardiología y en VIH. En la actualidad, casi 300 investigadores se dedican en exclusiva a la ciencia básica en IdiPaz, el resto son clínicos de La Paz y profesores de la UAM que compatibilizan su labor con la atención a pacientes y alumnos.

“Disponemos de 42 patentes y 9 productos licenciados. Es un récord. Pero es que, además, nosotros solo buscamos patentar cuando sabemos que la innovación puede llegar al mercado”, relata Inmaculada Ibáñez, coordinadora del grupo de terapias experimentales y nuevos biomarcadores de esta institución. “El centro debe encontrar autofinanciación, crear empresas y lanzar innovaciones biotecnológicas”, coincide.

Al estar ligado a un hospital, el trabajo de los investigadores, indica López-Collazo, debe estar cercano al paciente. “Cuando el clínico tiene una duda, podemos dar respuesta rápida mediante proyectos”, aunque también cree necesario apostar por la investigación básica, más a largo plazo.

Los responsables de IdiPaz han llamado ya a casi medio centenar de puertas para conseguir inversores y mecenas. De momento, sin suerte. Lo han probado con las fundaciones ligadas a grandes empresas y bancos y con los family offices de los más ricos del país. “La financiación privada aquí es anecdótica”, se lamenta López-Collazo. “La filosofía de España es la de la inmediatez. Si invierten un euro, quieren dos de vuelta de un día para otro. Pero con la investigación recibirán 10 euros a largo plazo”.

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