Informe de Cotec

España regresa al furgón de cola de la I+D en la zona euro

España regresa al furgón de cola de la I+D en la zona euro

El gasto en I+D+i en España alcanzó un máximo histórico en 2008 cuando rozó los 15.000 millones de euros, lo que suponía un 1,35% del PIB. Esas cifras se lograron gracias a la apuesta del Ejecutivo de Zapatero por el impulso a esas tres variables, que tuvo su principal reflejo en la creación de un ministerio de Ciencia e Innovación, dirigido por Cristina Garmendia, que apenas duró cuatro años (2008-2011) y que desapareció como consecuencia de los recortes en plena crisis.

La Fundación Cotec, cuya presidenta desde el pasado mes de junio es Cristina Garmendia, presentó un demoledor informe en el que pone cifras al impacto que la crisis ha tenido en el sistema científico español. El gasto, tanto el público como el privado, se han desplomado en los seis años de travesía del desierto y eso ha hecho mella directa en la capacidad de las empresas, en especial de las más pequeñas, para invertir en innovación, para generar o incluso para mantener sus puestos de trabajo. Todo lo que se ganó durante los ejercicios en los que perduró el Ministerio de Ciencia e Innovación se ha perdido en los dos siguientes, lo que ha llevado al sistema de ciencia y tecnología a quedarse muy rezagado respecto al resto de grandes socios de la zona euro. “Esta pérdida de capacidad en I+D+i hará más difícil para España abordar la reindustrialización que exige el mercado global y fomentar un emprendimiento capaz de generar alto valor añadido", resumió el director general de Cotec, Juan Mulet, en un encuentro con los medios para evaluar los datos de ese informe.

Casi la mitad de las pymes investigadoras abandonaron su actividad con el inicio de la crisis

Y la primera conclusión es que ni las administraciones públicas ni las empresas parecen haberse creído el mensaje de que la investigación, el desarrollo y la innnovación eran prioritarias para cambiar el modelo productivo de la economía española, muy basado en actividades intensivas en mano de obra (construcción y servicios), pero con un escaso valor añadido. En cuanto la crisis empezó a azotar a las empresas y a la administración pública, la primera decisión que adoptaron fue reducir su presupuesto. Entre 2008 y 2013, la partida destinada a financiar la I+D ha caído un 11,5%. El recorte en la Administración Pública, un 17,1%, ha sido más del doble del que se ha producido en las empresas. Las empresas disponían de pocos recursos propios para poder hacer I+D+i y se nutrían de los fondos procedentes del Ministerio de Ciencia, de las comunidades autónomas y de los fondos comunitarios. A medida que los dos primeros fueron menguando, las empresas, en especial las más pequeñas optaron por dejar esas actividades. En concreto por el camino de la crisis han desparecido un 29,4% de las empresas que hacían I+D+i, porcentaje que se eleva al 44,2% en el caso de las firmas con plantillas de 10 a 49 trabajadores.

Otro dato que avala esta tesis es que el gasto del sector privado alcanzó el 46,9% del total en 2013 (6.107 millones de euros en términos absolutos), superando por primera vez desde el inicio de la crisis a la financiación pública (45,7% del total o 5.947 millones). La partida más afectada por la crisis entre las compañías que hacían I+D ha sido la de los gastos ligados a la inversión, con un ajuste del 63,8% en cinco años, mientras que el resto han caído en menor medida e incluso las retribuciones subieron un 1,6%. “Esto es un signo positivo porque supone que las empresas españolas mantienen su personal de I+D, aunque desde hace años no invierten en nuevos activos de I+D”, apuntó Mulet.

Un lastre que se ve incrementado por la destrucción de empleo, que ha sido del 4% en la crisis. Este proceso de descapitalización ha sido más evidente en las empresas, lo que ha llevado a que el número de investigadores que trabajan en el sector público ascienda al 64% del total (78.314) frente a al 36% que está empleado en el sector privado (44.911).

Las empresas pierden interés por la innovación

El Ministerio de Ciencia e Innovación aprobó durante su corta vida de cuatro años (2008-2011) la Estrategia Estatal de Innovación, un plan plurianual con tres objetivos muy ambiciosos. El primero era que el gasto en innovación realizado por las empresas (7.400 millones en 2008) creciera en 6.000 millones hasta 2015. El segundo era que entre 2010 y 2015 el número de empresas innovadoras se duplicara, lo que significaba que se incorporarían 40.000 nuevas unidades. La tercera era la creación de medio millón de empleos ligados a actividades de media y alta tecnología.

Los últimos datos disponibles, correspondientes a 2013, muestran como el primero sí se ha cumplido, pero los otros dos no se han conseguido ni de lejos. El gasto en actividades innovadores fue de 13.012 millones, 5.600 millones por encima del registro de 2008, cerca del objetivo marcado en 2008 por el entonces secretario general de Innovación, Juan Tomás Hernani.

El segundo no se ha cumplido ni de lejos. En 2008 había 36.183 compañías registradas con actividades de innovación tecnológica, de las que 34.480 (un 95,2% del total) eran mayores de 250 trabajadores y 1.703 (un 4,8%) eran medianas y pequeñas. En 2013, la cifra cae un 54% hasta 16.119 empresas, de las que 14.772 (un 91,6%) son grandes y 1.347 de menos de 250 trabajadores. El tercero tampoco se ha cubierto si se tiene en cuenta que solo en los seis años primeros años de crisis se destruyeron 3,2 millones de empleos y que en 2014, primer ejercicio en el que ha habido creación de puestos de trabajo, se han generado en torno a 400.000.

Entre 2011 y 2013, el retroceso en gasto ha sido una constante en todos los sectores, aunque ha sido especialmente visible en el caso de la construcción, con descensos del 22,1%, del 33,1% y del 16,6%, respectivamente. Los servicios, que representan la parte más importante del gasto en innovación (en esta partida se engloba servicios externos e internos de I+D), han sufrido fuertes caídas en ese período.