Aena recoge los frutos de fuertes inversiones y ajustes

Todo hecho en casa y mucho por hacer fuera

Torre de control de Barajas, junto a la terminal 4 del aeropuerto madrileño.
Torre de control de Barajas, junto a la terminal 4 del aeropuerto madrileño.

Cuatro de cada cinco turistas extranjeros entran y salen en avión de España. La apuesta por Aena, más adecuada para jugadores largoplacistas que para oportunistas por el propio perfil del negocio, parece segura, pero también comporta riesgos a tener en cuenta.

A los activos de la empresa les sobra calidad y capacidad tras inversiones por 15.000 millones entre 2002 y 2012, pero a la compañía le restaba un giro hacia una mayor eficiencia que se está ejecutando ahora. Aena ha pasado de generar una caja negativa de 500 millones en 2011 a declarar algo más de 1.000 millones en positivo al cierre del tercer trimestre de 2014. Los costes se han rebajado en 255 millones, y se han sentado las bases tarifarias para un crecimiento estable con la congelación de precios hasta 2025.

Con una capacidad de 335 millones de pasajeros en su red de 46 aeropuertos, Aena tiene recorrido desde los 196 millones (135 millones de pasajeros extranjeros) con que ha concluido el año. Solo en Barajas (41,8 millones de viajeros en 2014) la capacidad excedentaria es de 30 millones de pasajeros anuales, por los 20 millones extra que podría atender Barcelona-El Prat (37,6 millones en 2014). Otras plazas de alto componente turístico, como Alicante, Gran Canaria y Málaga, podrían aún duplicar su capacidad. Y todo prácticamente sin invertir. “Tras destinar 15.000 millones a la modernización de las infraestructuras, apenas debemos invertir 450 millones en los próximos años”, apunta el presidente de Aena, José Manuel Vargas.

¿En qué se traduce esta situación de holgura? La empresa puede mantener su política de contención tarifaria como factor competitivo y pretende pagar un dividendo recurrente que parte del 50% del beneficio con cargo a 2015. Además, va a estudiar oportunidades de inversión en el exterior, con las miras puestas en América y Europa.

Desde el punto de vista financiero, combinará la amortización de una deuda de 10.400 millones, barata (1,9%) y a largo plazo (13,2 años), con su expansión. El objetivo a corto plazo es rebajar el ratio de endeudamiento de siete veces el ebitda hasta cinco o seis veces, con lo que la dirección cree que podría conquistar la nota de investment grade.

Escenario favorable

Con el número de pasajeros al alza; clientes (Iberia, Iberia Express, Vueling, Ryanair, Easyjet y Air Europa) con planes de crecimiento, y sus comparables europeos en cifras históricas de pasajeros, a Aena se le ha allanado el camino en el parqué. La fuerte demanda tanto institucional como minorista, a los precios máximos de la horquilla (de 43 a 55 euros por acción), es una muestra de apetito.

El presidente Vargas está remarcando en sus presentaciones la fuerte relación de la evolución de Aena con la el PIB de español, para el que se prevé crecimientos superiores al 2% en los próximos años, pero también con el de los países emisores de turistas, con Reino Unido y Alemania como principales clientes. Desde la compañía también se ha valorado como una palanca el plan de estímulos del BCE, así como el programa Juncker de inversiones.

Con todas estas luces, la colocación de Aena presenta algunas sombras que pueden lastrar su evolución a futuro. La compañía tiene pendientes litigios valorados en 1.137 millones relacionados con expropiaciones, cifra provisionada y cuyo pago está planificado conforme vayan ejecutándose las sentencias.

El control del Estado, con el 51%, también deja en manos de los gobiernos de turno aspectos clave como la remuneración al accionista, inversiones, política tarifaria o la conformación del cuadro directivo. Además, se ha decidido conservar el concepto de gestión en red, por lo que los mayores aeropuertos deberán sostener el resultado de otros deficitarios.

La creciente competencia del AVE es otra mochila pesada, especialmente cuando está prevista la apertura de 1.000 nuevos kilómetros de vía este año, así como la entrada de un nuevo operador privado en el corredor de Levante.

Parece que Aena mejorará su gestión ante los rigores de la Bolsa. Pero al margen de ello, ganará visibilidad ante su esperado salto a nuevos mercados.

 

La puja de Ferrovial es la piedra de toque

El ‘factor Ferrovial’

Los 48,66 euros por título ofertados por Ferrovial, para hacerse con el 6,5% del capital y entrar en el núcleo estable de accionistas, es un nivel a tener en cuenta pese a estar por debajo de los 49 euros del rango medio de valoración. Ferrovial, como operadora de Heathrow, es un inversor de referencia en el campo aeroportuario. Tasaciones superiores a la suya pueden responder al fuerte apetito de inversores institucionales norteamericanos con menor experiencia.

Los clientes

Las aerolíneas del grupo IAG (Iberia, British, Vueling e Iberia Express) tuvieron un peso del 23,7% en el tráfico de Aena en 2013. Otro 39% depende de las aerolíneas low cost (54% si se incluyen Express y Vueling). Iberia y Vueling, operando desde Madrid y Barcelona como bases, son clientes estables. La estrategia de las low cost es menos previsible, aunque el componente turístico de España hace de este país uno de los principales mercados para Ryanair o Easyjet.

Poco negocio exterior

El 53% de los ingresos de Aena, que facturó 2.932 millones en 2013, depende de Barajas y El Prat. La presencia internacional de la compañía se limita al control de Luton (Londres) y participaciones minoritarias en México y Colombia. Las ventas internacionales pesan un 0,3%.

Llenar las tiendas

La actividad comercial en los aeropuertos, por el alquiler de tiendas, aparcamientos, espacios publicitarios y zonas de restauración, aporta un 20,5% de la facturación en 2014. Esa cuota es más del doble en el mayor aeropuerto europeo, el hub londinense de Heathrow. Aena, que ha modernizado los espacios comerciales en sus principales plazas, cobra en función de la venta en las tiendas.