Acciona, OHL o Ferrovial conocen el mercado

Puertos, vivienda y áreas industriales tientan a la construcción española

Obras en el centro de La Habana.
Obras en el centro de La Habana.

Distintas delegaciones cubanas encabezadas por altos cargos han visitado España en los últimos cinco años para sondear el interés de empresas españolas en participar en proyectos de obra civil en Cuba, principalmente en la remodelación de puertos como La Habana, Mariel, Cienfuegos y Santiago.

Alguno de estos planes, como el del puerto de Mariel, requieren más de 200 millones de inversión. Este último va acompañado del desarrollo de la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), donde Cuba dice haber recibido muestras de interés de firmas españolas, francesas, chinas, mexicanas o brasileñas. La viceministra cubana Ileana Núñez presentó el julio las posibilidades de la ZEDM a 160 empresas españolas.

Desde La Habana se ha buscado la experiencia española en infraestructuras, así como el respaldo de la industria de materiales de construcción. Pero durante este tiempo apenas han florecido oportunidades para el aluminio y productos cerámicos. Cualquier intercambio efectivo quedaba a la espera de que cristalizara el fin del bloqueo.

Tras el avance producido ayer, desde la patronal de las grandes constructoras, Seopan, se habla en un improvisado análisis de un mercado interesante por la modesta dotación de infraestructuras, pero reducido por la pequeña extensión del país. Cuba tiene 5.000 kilómetros de vía férrea, a los que se suman más de 3.000 kilómetros que atienden a las mercancías de las plantaciones, y 17.000 kilómetros de carreteras pavimentadas.

Poco atractivo para las energéticas

Cinco Días

Las eléctricas españolas, que en alguna ocasión han participado en misiones oficiales en Cuba para explicar el funcionamiento del sistema en España, consideran que el mercado cubano no resulta atractivo. De hecho, tampoco lo han sido, en general, el resto de islas caribeñas, donde apenas se cuenta algún proyecto de gas (un ciclo combinado en Puerto Rico) con sello español. En cuanto al petróleo, en aguas jurisdiccionales cubanas Repsol realizó exploraciones en su día que resultaron infructuosas.

Pese al levantamiento del bloqueo estadounidense, otros problemas expuestos ayer por distintas constructoras son la imposibilidad de contratar seguros de crédito, la incertidumbre jurídica o la nula experiencia del régimen cubano en la colaboración con promotoras privadas.

A favor de los intereses españoles juega la extensa implantación de las grandes y medianas constructoras en Latinoamérica e incluso el conocimiento sobre ese mercado de distintas empresas. Acciona tuvo oficina en La Habana hasta 2006; Edytesa, filial de Ferrovial, ha atendido distintos contratos, y OHL ha ejecutado obras en terminales portuarias. A día de hoy avanza en Cuba la ingeniería catalana Pisan, que tiene un acuerdo de negocio con la hotelera Sercotel, y ha desarrollado una marina en Cienfuegos o ha levantado hoteles.

Un sector pequeño y estatal

El Ministerio de Construcción controla en Cuba cada una de las obras que se abre en el país así como la propia fuerza laboral. Datos de finales de 2013 hablan de un sector que emplea –incluidos productores de materiales– a 100.000 personas, de los que el 60% son operarios de escasa cualificación, por un 20% de técnicos; el resto son cuadros directivos y personal administrativo.

El desarrollo de una decena de campos de golf y parques temáticos, además de la remodelación de viales, para recrear una segunda Florida en Cuba, lleva varios años en el punto de mira del sector privado. Sin embargo, los registros de suministradores y las leyes de contratación dificultan el arranque de cualquier iniciativa de estas características.

Más necesarias son en estos momentos las infraestructuras eléctricas, de saneamiento del agua o la construcción de vivienda. China, Rusia, Venezuela o la propia OPEP han financiado obras en la isla.