Doña Manolita en Madrid atrae a cientos de personas

Lotería de Navidad: seis horas de cola en busca de la suerte

Vecinos de San Lucar la Mayor (Sevilla) el 22 de diciembre de 2013 junto a la administración de loteria del pueblo.
Vecinos de San Lucar la Mayor (Sevilla) el 22 de diciembre de 2013 junto a la administración de loteria del pueblo.

Hoy en la madrileña calle de La Salud hay cientos de personas que no buscan un buen estado físico sino que esperan a la suerte, y es que hasta ahí llega la cola de pacientes feligreses del azar que ansían un boleto de Lotería de Navidad premiado de la administración más emblemática de Madrid, la de Doña Manolita.

Madrileños rezagados y sobre todo visitantes y turistas conforman una fila que da la vuelta a la manzana de esta administración de la céntrica calle del Carmen, que vende los preciados boletos a un precio estándar de 20 euros, aunque para conseguirlos hoy hay que estar dispuesto a soportar nada menos que seis horas de cola.

Con el beneplácito de las temperaturas -que aún se resisten a ser las propias de otros años por el puente de la Constitución- y con el visto bueno del sol -que acompaña durante toda la mañana-, Sergio y Laura, una pareja sevillana, han conseguido su objetivo: entrar en la administración a por su décimo después de llevar allí “desde las 9.30 de la mañana”, explican.

La misión, ya de por sí heroica, se antoja de más valor al ver que la han completado acompañados, en un carrito, por su hijo, quien -aburrido por tanta espera- ha terminado por dormirse “y menos mal”, exclama la madre, que admite que “no se cree” que su particular viacrucis vaya a finalizar.

“No estaría mal que tocase, pero si toca que sea un premio repartido”, desea Sergio, quien confiesa que se han puesto a la cola “sin ningún número pensado”.

La alegría de esta joven pareja, a pocos metros de los mostradores, contrasta con la resignación de quienes no han madrugado, llegan a la calle de La Salud y se dan cuenta de que son los últimos de la cola, que este año cambia de ubicación y no se alarga hasta la plaza del Callao.

“Yo me voy ya, no puedo aguantar tanto”, se escucha detrás de Rosa, que oficialmente y en ese momento se convierte en la última de la fila.

“Nos han dicho que tenemos tres horas de fila, espero llegar a comer”, comenta Rosa, quien tiene claro que pedirá un boleto terminado en siete, un número “especial para ella” que bien vale la espera y más si viene con un premio el próximo día 22 de diciembre.

Un poco más adelante, justo antes de la esquina entre la calle de La Salud y la de La Abada, un grupo de maduros visitantes castellanos procedentes de Palencia y Valladolid -y reconocidos asiduos a Doña Manolita- se decantan por el humor ante una estancia que, según les habían dicho a ellos, “va a ser de 6 horas”.

“Nos ha tocado cuatro veces ya, por eso estamos aquí”, ironiza Pedro, quien continúa su lamento entre las risas de los allí presentes: “Pasamos más tiempo aquí que en la iglesia”.

María Ángeles, una de sus compañeras, reconoce que “una vez les tocó un poquito”, y que por eso para hoy traen “encargos de toda Palencia”.

Algo más adelante, pero lejos de la Administración, Ángel Emilio, madrileño, se lamenta por “no haber comprado el otro día, cuando no había cola”, mientras vendedores ambulantes intentan, a su alrededor, evitarle la espera a alguien a cambio de un recargo en el precio del décimo.

Los vendedores se reparten estratégicamente alrededor de todo el recorrido, incluso delante de la Administración, donde algún viandante cede al impulso y compra para evitarse la espera; la misma que ha sufrido Ramiro desde primera hora y quien ha salido sonriente -décimo en mano de Doña Manolita-, después de frotarlo contra el retrato de esta histórica lotera.

“Termina en seis”, dice su orgulloso portador, ejemplo de paciencia para los que cierran la fila en la calle de La Salud