La ciudad es un ejemplo de convivencia entre varias culturas

Melilla es algo más que una valla

Patrimonio con más de 500 años de historia y joya del modernismo

Muralla de la fortaleza de Melilla.
Muralla de la fortaleza de Melilla.

¿Qué se me ha perdido a mí en Melilla? Salvo que le haya picado el interés gracias a series como El tiempo entre costuras o El príncipe, seguramente esta sería la reacción de muchos españoles que están planeando una escapada próximamente.

Además de la famosa valla, que desgraciadamente en el último año ha inundado los telediarios de todo el mundo, ¿qué conocemos realmente de esta ciudad del norte de África, con 500 años de historia?

Desde luego es un destino perfecto para acercarse a la cultura árabe sin salir de España. Resulta especial ver a gran cantidad de mujeres con chilabas o velo islámico (hiyab) de compras en Zara o regatear en cualquiera de las múltiples tiendas marroquíes de la ciudad.

La ciudad es un destino perfecto para acercarse a la cultura árabe y bereber

Es una urbe tranquila, con playas de arena fina, cargada de patrimonio cultural; un ejemplo de convivencia entre varias culturas (cristiana, musulmana, judía e hindú), y encima, tiene una cocina rica y barata.

Según se mire, en Melilla hay mucho y poco que ver. Es ese tipo de destinos donde el visitante no se agobia. Da tiempo a todo (apenas 12 kilómetros cuadrados de extensión, cargados de legados fenicios, romanos, bizantinos y árabes). Incluso a descansar durante o tras un largo día de visitas culturales en cualquiera de sus múltiples terrazas degustando almendras fritas ofrecidas por decenas de bereberes que rondan a los turistas, de la forma más gentil posible, por toda la ciudad. Una virtud propia de los melillenses.

Conocida cariñosamente por sus habitantes como El pueblo, Melilla la Vieja alberga un valioso patrimonio cultural. Un conjunto de cuatro recintos fortificados, separado por fosos, edificados a partir del siglo XV sobre un peñón en el Mediterráneo.

Fuertes, como el Rosario o las Victorias; calles medievales con motivos arabescos; museos, el arqueológico o el de Historia Militar, entre ellos; pasadizos y cuevas que llevan a la playa, como las del Conventico (bajo una abadía) y mucha serenidad es lo que nos encontramos al adentrarnos en la también llamada Ciudadela, donde además las visitas son gratis.

Edificio modernista en Melilla.
Edificio modernista en Melilla.

Como contrapunto, el visitante se puede hartar de ver arquitectura modernista, que llegó de la mano del arquitecto Enrique Nieto, discípulo de Gaudí, a principios del siglo XX. El llamado triángulo de oro (zona comercial) está plagado de edificios modernistas y art déco, entre ellos, el Palacio de la Asamblea, el Casino Militar, el Banco de España, etc.

Ejemplo de tolerancia entre culturas, sorprende pasear por las calles de Melilla entre cristianos (los más numerosos), musulmanes (30% de la población), hebreos e hindúes con toda la tranquilidad del mundo, un mestizaje que invita a conocer los templos religiosos de las cuatro culturas.

Merecen una visita la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús o la Purísima Concepción; la Mezquita Central del Polígono, la Sinagoga de Or Zaruah y el Oratorio Hindú.

Además, cuenta con un puerto deportivo, con todo tipo de servicios, dos kilómetros de playa de arena fina y es ideal para practicar pesca submarina.

Guía para el viajero

Iglesia Sagrado Corazón de Jesús.
Iglesia Sagrado Corazón de Jesús.

Dónde comer. El mestizaje está presente en la cocina melillense, donde las tapas españolas, los productos del mar (chanquetes, boquerones, langosta, langostinos de la Mar Chica, mejillones, etc.) pero también el cuscús o el pincho melillense se encuentran en casi todos los restaurantes. Para comer comida árabe, es ideal El Caracol; los pescados y mariscos los bordan en el restaurante Miguel Benítez (paseo marítimo) y las tapas, en La Gaviota, donde por una cerveza te plantan un plato de coquinas, un rape o un lenguado de ración de tapa.

Excursiones. Nunca vaya a Melilla sin el pasaporte. Una vez allí, se pierde el miedo y apetece cruzar a la ciudad de Nador, en Marruecos, visitar el monte Gurugú (parque natural), donde habita una colonia de monos de Berbería, y las ruinas romanas de Tazuda así como las calas de Tramontana o Puntanegri.

Cómo ir. Melilla está conectada por aire con Madrid, Málaga y Granada con varios vuelos diarios. Por mar, Acciona Trasmediterránea comunica la ciudad con Málaga y Almería con siete salidas semanales, y por carretera, se accede desde varias ciudades de Marruecos y Argelia.