Escapadas

Trujillo, la ciudad que seduce y conquista

Con un pasado esplendoroso, es uno de los enclaves con mayor interés turístico de Extremadura

Panorámica del centro de Trujillo. La estatua ecuestre de Pizarro preside la plaza mayor.
Panorámica del centro de Trujillo. La estatua ecuestre de Pizarro preside la plaza mayor.

Las cigüeñas revoloteando en la plaza Mayor dan la bienvenida al visitante. Entre las vegas de los ríos Tajo y Guadiana se alza Trujillo, en la provincia de Cáceres, una villa cargada de historia y para muchos una de las más bonitas de España.

Su relevancia en el pasado se refleja en los múltiples testimonios arquitectónicos que la pueblan: iglesias, castillos, palacios y casonas solariegas componen uno de los centros históricos más importantes y mejor conservados de Extremadura y la convierten en uno de los de mayor interés turístico de estas tierras.

Más de dos milenios de historia se contemplan desde el promontorio donde se erige el castillo árabe del siglo X, que antes que fortaleza fue un campamento romano. Desde allí también se observa una vista impagable de los campos del centro de Extremadura, el berrocal, un paisaje protegido de rocas graníticas de diferentes tamaños, algunas enormes y de gran belleza.

Cuatro puertas en la muralla medieval dan acceso a la ciudad, donde se agolpan callejuelas estrechas y empedradas que confluyen en la plaza Mayor.

Fruto de la historia, en el municipio predomina la arquitectura de los siglos XV y XVI

La ciudad alcanzó su máximo esplendor durante los siglos XV y XVI, cuando se convirtió en cuna de conquistadores y personajes históricos. Porque en Trujillo nació Francisco Pizarro, conquistador de Perú. Su estatua ecuestre, obra del norteamericano Charles Rumsey, se levanta solemne en la plaza Mayor, también la de Francisco de Orellana, descubridor del río Amazonas, y la de Diego García de Paredes, apodado el Sansón extremeño, que fue miembro de la escolta del papa Alejandro VI, entre otros oficios.

Pero a Pizarro también le acompañó una extensa nómina de aventureros, caballeros y humildes vecinos deseosos de hallar fortuna al otro lado del Atlántico.

Fruto de esa historia, en Trujillo predomina la arquitectura de los siglos XV y XVI, en particular la civil. Sus mansiones nobiliarias, en la mayoría de los casos ligadas a los principales personajes del descubrimiento y la colonización de América, conforman el carácter de la ciudad.

El castillo árabe del siglo X.
El castillo árabe del siglo X.

Aquellos trujillanos y sus descendientes, cuando volvían a su tierra, se hacían construir magníficos edificios en los que plasmar la aventura americana: palacios como el del marqués de la Conquista, un soberbio monumento plateresco construido por Hernando Pizarro; el de Chaves-Cárdenas, de los condes de Quintanilla; el de Piedras Albas, de los Suárez de Toledo; la casa de la Cadena… Un pequeño paseo por las calles basta para darse cuenta de su antiguo esplendor.

El centro neurálgico gira en torno a la plaza Mayor. En ella se encuentran las iglesias de la Sangre, de estilo barroco, y la de San Martín, gótico-renacentista, ambas coronadas por los omnipresentes nidos de cigüeñas, atentas observadoras del continuo ir y venir de turistas y locales.

Tiendas con productos de la tierra, numerosas terrazas y restaurantes se despliegan en los soportales de este foro, un escenario único para tomar un café o el aperitivo.

En uno de sus edificios se mantiene una verdadera institución, La Troya, un mesón por donde han pasado famosos de medio mundo (cientos de fotos dan testimonio de ello) y todo aquel que visita la ciudad. Es un local centenario que mantiene una fórmula invariable: menú con un precio fijo, asequible, compuesto de entremeses, platos típicos como la caldereta de cordero, las migas, el cabrito, las criadillas de la tierra, bebidas y postres. Y todo en cantidades pantagruélicas.

La oferta hotelera es amplia. Es un privilegio poder alojarse en un edificio del siglo XVI, con todas las comodidades. Y en Trujillo muchos palacios o conventos han sido remodelados, como el NH Palacio de Santa Marta, un edificio del siglo XVI, o el Parador, un antiguo convento de la misma época.

Un paraíso para los aficionados a la ornitología

Nido de cigüeñas en una iglesia de la plaza Mayor.
Nido de cigüeñas en una iglesia de la plaza Mayor.

Trujillo es una de las pocas zonas urbanas de especial protección para las aves que hay en Europa, gracias a las colonias de cernícalos primilla y cigüeñas blancas que han ele-gido esta ciudad y sus alrededores como su hábitat.

La comunidad extremeña es uno de los principales destinos europeos para la observación de aves. Y Trujillo se encuentra en el centro. Tomándolo como base, los aficionados a la ornitología estarán cerca de los mejores lugares para el avistamiento de pájaros, como, el Parque Nacional de Monfragüe.

El ayuntamiento de la ciudad puso en marcha en 2013 Trujillo, Birdwatching, un plan de apoyo al turismo ornitológico.