Telecomunicaciones

Europa se conforma con el bronce

Sede de la compañía en Mangzhou, China.
Sede de la compañía en Mangzhou, China.

Alcatel, Siemens, Nokia, Ericsson o Philips ¿les suenan? Hace una década estas empresas estaban a la cabeza de la tecnología mundial. Creaban tendencia y eran el orgullo del Viejo Continente. Hoy, los gigantes europeos de antaño juegan en la segunda división de una liga que copa Estados Unidos y, en menor medida, Asia.

Los principales indicadores de innovación demuestran que Europa se ha quedado atrás. Tanto los cálculos del World Economic Forum como los de Naciones Unidas o el Insead nos sitúan en tercer lugar, precedidos de América y Asia. Para explicar esta situación es imprescindible, según Santiago Andrés, director de la industria de telecomunicaciones de Deloitte, consultora que trabaja estos días en un informe sobre el desequilibrio de fuerzas en el sector, comparar el ritmo de inversiones en I+D de unos y otros. Con datos de la OCDE, la tasa anual de crecimiento del continente asiático, que hace una década estaba a la cola, ha sido del 9% en los últimos 10 años, mientras que en Norteamérica ha crecido al 2,7% y Europa, que partía de inversiones inferiores, solo ha destinado el 2,5%.

Recientemente otra consultora, AT Kearney, dejaba constancia de la situación: solo ocho compañías europeas –que no especifica– de las cien primeras empresas del mundo de tecnologías de la información y comunicaciones (TIC) tienen su sede en Europa. Suena a poco. Aún menos si tenemos en cuenta que los ingresos generados en este sector por esas cien primeras compañías se estimaban en 2012 en unos 1,67 billones de dólares –1,59 billones en 2011– (1.306 millones de euros y 1,244 millones de euros, respectivamente) y, de esa cifra, apenas el 10% lo generan empresas europeas.

A nadie se le escapa que Europa necesita las TIC para competir en sus industrias tradicionales: automoción, el sector aeroespacial, la distribución, las telecomunicaciones o la energía no pueden evolucionar sin ella, de ahí que resulte alarmante que pese a que la economía haya comenzado a crecer, el sector decrece. Pero el declive no se debe solamente a la incuestionable pujanza americana, sino también, y ahí coinciden todos los expertos, a las propias condiciones del modelo europeo.

Mientras que Estados Unidos exhibe a Silicon Valley como símbolo imbatible de la investigación más puntera y las empresas chinas pugnan por sorprender al mundo –la salida a Bolsa de Alibaba, el gigante del comercio electrónico, se ha convertido en la mayor OPV de la historia–, en Europa se busca la manera de recortar la distancia y evitar que la brecha con la competencia sea menos profunda.

 MÓVILES

El citado estudio de AT Kearney en realidad mencionaba a nueve europeas, pero por entonces no había concluido la compra de la finlandesa Nokia por parte de la norteamericana Microsoft, dejando al continente sin ningún representante dentro de los 10 fabricantes líderes en móviles, cuando no hace mucho tiempo Alcatel, Siemens o Ericsson estaban a la cabeza.

Las empresas tradicionales necesitan de este sector para evolucionar, de ahí que resulta alarmante su declive a pesar de la mejora de la economía


Tampoco en Internet tenemos representación en el top ten. Los nuevos desarrollos y avances tecnológicos en telecomunicaciones digitales, aplicaciones y dispositivos, los subsectores de mayor crecimiento potencial, “no se han realizado por empresas europeas”, constata José Manuel de Riva, presidente de Ametic, la asociación del hipersector, que cita problemas de competitividad como explicación: “Los menores costes productivos en otras geografías, unidos a la rigidez laboral, la atomización del mercado y falta de estímulos de la industria europea, la han llevado a un escenario de destrucción de valor”, describe De Riva, que también menciona como otro elemento negativo un marco regulatorio comunitario que desincentiva el desarrollo de la economía digital, al contrario de lo que ocurre en Norteamérica o Asia. “Además, las reglas del juego no son iguales para todos, existiendo un desequilibrio entre el negocio que generan y lo que invierten o pagan de impuestos muchas de las empresas no europeas que dominan una parte importante de la cadena de valor de la economía digital”.

Pese a que nuestras compañías lideraron el 3G y la implantación del GSM, en el ámbito de las telecomunicaciones tampoco estamos mucho mejor. “Las telecos europeas han sido más conservadoras que sus pares estadounidenses en los últimos años, debido no solo a la crisis y a la fragmentación del mercado europeo, también porque las americanas hicieron una apuesta más decidida por las redes de nueva generación. Esto ha llevado a las europeas a perder el liderazgo mundial”, asegura José Ramón Vega, director del sector de telecomunicaciones de KPMG en España, quien confía en que en los próximos años “el impulso inversor en Europa y la mayor concentración del sector hagan que esta situación se vuelva a equilibrar”.

¿Y España? No muy bien. Según datos de Ametic, el mercado de las TIC experimentó un descenso del 2,1% en el pasado ejercicio, hasta los 93.213 millones de euros. Todos los segmentos caen, excepto el comercio electrónico, a causa principalmente de la desindustrialización del sector que, lejos de potenciarse, no se ha subido al carro de la economía digital, tan rentable en otros países.

 IMPUESTOS Y GASTOS

Pero no está todo perdido. Con datos de un informe, que próximamente presentará Deloitte, Europa todavía puede convertirse en un jugador fuerte en, por ejemplo, comercio electrónico y a través del móvil, si se toman las decisiones adecuadas para reducir las diferencias en impuestos y gastos entre los países periféricos y los del norte de Europa. En ese sentido, ven esencial la coordinación de los bancos, las compañías de tarjetas de crédito y los operadores de telecomunicaciones de toda Europa para proporcionar soluciones sólidas.

En el informe también se alude al establecimiento de un marco regulador común para toda la industria, la armonización de las leyes de protección de datos personales en todo el continente o el estímulo a iniciativas público-privadas para el desarrollo de nuevas tecnologías, con un modelo similar al seguido para crear ciudades inteligentes. “Europa debe deshacerse de su cultura de aversión al riesgo y empezar a innovar antes de que sea demasiado tarde”, indica el documento. ¿Estaremos a tiempo?