La mayoría de empresarios del boom está en concurso

Señores del ladrillo y del concurso

Francisco Hernando, El Pocero, es uno de los mayores representantes del boom inmobiliario vivido en España entre finales de los años noventa y 2007, aproximadamente. Pertenece a esa estirpe de empresarios del sector, muchos de ellos de muy humildes orígenes, trabajadores infatigables, optimistas por naturaleza y que en un momento dado –al calor de una legislación en materia urbanística laxa y de financiación a tutiplen– perdieron la cabeza visualizando gigantescos complejos residenciales, rascacielos, o centros comerciales donde sólo había un huerto de patatas. “¡Si es que todo lo que pedía me lo daban!”, comentó en una ocasión Luis Portillo, expresidente de Colonial, refiriéndose a los préstamos bancarios que logró para sus inversiones, más de 7.000 millones de euros.

La explosión de la burbuja inmobiliaria, entre 2007 y 2008, se ha llevado por delante a la mayoría de estos empresarios.

Luis Portillo abandonó Colonial a finales de 2007 dejando a la inmobiliaria con una deuda de 9.000 millones de euros. Varias de sus empresas han sido declaradas en concurso en los últimos años.

Joaquín Rivero, expresidente de Metrovacesa, solicitó concurso para su inmobiliaria Bami el pasado año.

Bautista Soler, una de las mayores fortunas de Valencia en el siglo XX, socio de Rivero, también pidió concurso para su sociedad Mag Import, a través de la cual mantenía acciones en la inmobiliaria francesa Gecina, una de las mayores de Europa.

El empresario de Ciudad Real Domingo Díaz de Mera, compañero de viaje de Ribero, Soler y Portillo en Metrovacesa, que logró hacer campeón del mundo al equipo de balonmano de su ciudad, pidió concurso para su empresa Global Consulting en 2010.

Fernando Martín, que en 2008 cerró la compra de Fadesa, de Manuel Jove, por 4.045 millones de euros, solicitó concurso para Martinsa Fadesa a mediados de ese año, protagonizando el mayor concurso de acreedores de la historia empresarial española, con un pasivo de 7.000 millones de euros. En la actualidada el expresidente del Real Madrid lucha por mantener la empresa a flote, ya fuera de concurso.

La familia Sanahuja, que en 2006 inició una guerra multimillonaria contra Joaquín Rivero por el control de Metrovacesa, asistió en 2010 a la declaración de concurso de su compañía, Sacresa.

Rafael Santamaría, que compró en 2006 Urbis por más de 3.000 millones, pidió concurso en 2012 para Reyal Urbis.

Nozar, de la familia Nozaleda, fue declarada en concurso en 2009, con un pasivo en el entorno de los 2.000 millones.

Son sólo algunos de los grandes empresarios inmobiliarios arrastrados por el pinchazo de la burbuja, a los que próximamente, si prospera la solicitud de concurso necesario, podría sumarse Francisco Hernando.

El presidente de Astroc se salvó de la quema

Enrique Bañuelos es el único empresario relevante del boom inmobiliario que se salvó del concurso. Astroc, la inmobiliaria que sacó a Bolsa Bañuelos en 2006, es el máximo exponente de la burbuja. Con un negocio basado prácticamente en la gestión de calificaciones de suelo, sin apenas otros activos, Astroc pasó de cotizar a seis euros por acción a más de 70 euros en unos meses.

Cuando este diario publicó en abril de 2008 el informe de auditoría de la empresa, que daba cuenta de que su negocio había consistido en 2007, básicamente, en la venta de edificios de la empresa al mismo Bañuelos, el valor en Bolsa de Astroc se desplomó. Bañuelos abandonó Astroc y puso rumbo a Brasil, donde volvió a tener éxito con inversiones en cotizadas. Ahora trabaja en un proyecto de construcción de casinos en Cataluña.