A la caza y captura de la última plaza

A la caza y captura de la última plaza

Con la selectividad aprobada parece que todo ha terminado, pero en realidad la pesadilla de los estudiantes de septiembre no acaba ahí. Tras el esfuerzo de recuperar lo suspendido en junio y enfrentarse a los nervios de la prueba de acceso, aún queda otra odisea, la de conseguir una plaza en una universidad.

Si para hacer la preinscripción, los alumnos de junio tienen de referencia las notas de corte del curso pasado, los de septiembre se encuentran con muchas de las casillas ya cerradas. Da igual que sea un estudiante brillante y logre unas calificaciones sorprendentes, solo podrá optar a un puñado de grados, los que el resto no ha querido. Con un poco de suerte encontrará plaza para lo que había soñado, pero lo más común a estas alturas es que el alumno tenga que poner en marcha su Plan B, o más bien el C o D. Las universidades tratan de atraer a los rezagados y publicitan estos días en sus webs dónde quedan plazas. Igual hay alguna sorpresa de última hora.

En la Autónoma de Madrid, por ejemplo, de las 46 titulaciones propias, 39 de ellas se cubrieron ya en junio, de manera que para reasignaciones y septiembre se quedaron plazas libres solo en la Facultad de Filosofía y Letras, en concreto en los grados de Antropología Social y Cultural, Ciencias y Lenguas de la Antigüedad, Estudios Hispánicos: Lengua Española y sus Literaturas, Filosofía, Historia, Historia del Arte e Historia y Ciencias de la Música.

HUMANIDADES

Gloria González, vicerrectora de calidad, docencia y ocupabilidad de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), admite que excepto las Humanidades -“en algunos casos nos quedan hasta el 50% de las plazas”- y los centros adscritos -“más caros”-, prácticamente todas las titulaciones están llenas. En junio se cubrió el 90% de las plazas y las que quedan a estas alturas son solo en Historia del Arte, Historia, Geografía, Ingeniería Electrónica en Telecomunicaciones, Lengua y Literatura Catalana, Humanidades, Filosofía, Lengua y Literatura Española, Ingeniería de Sistemas en Telecomunicaciones, Traducción e Interpretación (francés), Traducción e Interpretación (alemán), Lenguas Clásicas o Sociología. En la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), por su parte, cubrieron el 90% de la oferta en junio. Solo quedan unas 500 plazas para estos días.

En la Complutense explican que en todo lo relacionado con la Salud “no queda nada de nada”. “Incluso en Óptica u Optometría, que otros años había plazas se han llenado. Medicina sigue siendo la estrella, pero Psicología, por ejemplo, vuelve a estar de moda ya que es una de las carreras que más demanda tuvo en junio”, comenta María Encina González, vicerrectora de Estudiantes. En general las carreras con plazas son las habituales de otros cursos: Antropología, Políticas, Lengua y Literatura, Estadística Aplicada, Estudios Hispano Alemanes y Semíticos e Islámicos, Filología Clásica, Filosofía, Geografía, Geología, Gestión y Administración Pública, Historia, Historia del Arte, Información y Documentación, Ingeniería Geológica, Lenguas Modernas, Lingüística, Literatura y Sociología. “Las Humanidades se piden menos, pero algunas sí están teniendo muy buena aceptación gracias a los dobles grados, por ejemplo Filosofía y Derecho tiene más éxito que Filosofía sola”, añade.

En cualquier caso, las plazas vacantes no son una ciencia exacta. Como resalta José Luis García Grinda, vicerrector de alumnos de la UPM, “muchos alumnos se matriculan y luego se dan de baja, por lo que las listas van corriendo en el último momento” e incluso pueden quedar plazas libres. Eso ocurrió el año pasado en Navales. Algo parecido puede pasar este curso con Sistemas de Telecomunicaciones. Eso sí, que accedan a las nuevas plazas libres los aprobados de septiembre es muy complicado aunque estos tengan la nota suficiente. Según la normativa, los alumnos de junio tienen prioridad sobre los segundos.

Tras todos esos vaivenes que afectan a los aprobados antes del verano es cuando entran en juego quienes han tenido que esperar hasta la convocatoria extraordinaria de selectividad para poder acceder a “las migajas”, reconoce un responsable. En muchos casos, sobre todo en los grandes centros, se encontrarán con solo un 10% de la oferta total disponible y muy concentrada, como ya hemos visto, en determinados grados.

 CENTROS MÁS ALEJADOS

En Cataluña se presentan en septiembre unos 6.000 alumnos y, según cálculos del secretario general del Consejo Interuniversitario de Catalunya, Claudi Alsina, la oferta pública aún accesible -incluida la Universidad de Vic, privada pero que al haber sido promovida por el Ayuntamiento cuenta con ayudas- será de unas 5.000 plazas, es decir, el 12,5% de las inicialmente propuestas. “La gente tiende a pedir el centro que le pilla más cerca, pero quizás ir un poco más lejos o pagar un poco más le puede dar más opciones. En la Politécnica, por ejemplo, hay estudios que se pueden cursar en la Diagonal de Barcelona pero también en Castelldefells o en Vilanova i la Geltrú”, recuerda este responsable.

“Los estudiantes y los padres buscan alternativas. Si pueden abordar el pago, se van a la universidad privada por los estudios deseados”, admite María Victoria Vivancos, secretaria de la Red Universitaria de Asuntos Estudiantiles (RUNAE). “Si no, optan por otras titulaciones que puedan ser similares o ir a otras comunidades autónomas”. Efectivamente, en el ámbito de la enseñanza privada no suele haber problemas de plazas, al contrario, es precisamente en este mes cuando muchas de ellas rellenan sus aulas.

“Todavía quedan algunas plazas en la mayoría de las carreras que ofrecemos en la Universidad Europea. Por el momento solo resulta imposible acceder a un número muy limitado de titulaciones, como el grado en Medicina. Para el resto, acceder en septiembre es todavía posible”, explica la rectora Águeda Benito, convencida de que “un bache en junio no puede significar quedarse sin opciones, al menos en nuestra universidad”. Tras junio, la Universidad Nebrija también seguía ofreciendo plazas para el total de su oferta académica, con la excepción de Enfermería y Fisioterapia.

Las carreras de capa caída son una de las oportunidades de los de septiembre. La crisis lleva años provocando un descenso de las matriculas en grados relacionados, por ejemplo, con la construcción: ingeniería civil, edificación, etcétera, pero no arquitectura, que sigue manteniendo su tradicional atractivo pese a la actual tasa de desempleo. La informática, muy demandada por las empresas y con buenas perspectivas de futuro, es otra de las carreras que últimamente cuesta llenar. Algo parecido pasa con telecos. “En la Politécnica antes se formaban dos o tres grupos y ahora solo uno”, resaltan desde el Consejo Interuniversitario de Catalunya. En la Autónoma de Barcelona también han notado ese descenso, junto al de las ingenierías clásicas. Claudi recuerda que para los estudiantes catalanes el factor vocacional tiene mucho más peso que las salidas laborales, “algo que se ve lejano”.

En Valencia -igual que en otras comunidades como el País Vasco o Extremadura- los estudiantes ya hicieron septiembre en julio, por lo que ya tienen las plazas adjudicadas. Las restantes siguen ofertándose, principalmente, para los jóvenes de otras comunidades autónomas. De hecho, la universidad comienza las clases con el grueso del alumnado ya matriculado y, por tanto, quienes aprobaron selectividad en la segunda convocatoria no tienen por qué incorporarse a las clases con retraso, como ocurre en otras comunidades autónomas. Por ejemplo, en la Universidad de Valencia empiezan el curso el 15 de septiembre con apenas un centenar de plazas -menos del 2% de la oferta total- aún por asignar.

Y es que los de septiembre no solo se tienen que conformar con lo que haya, sino que en muchos casos se incorporan con el curso ya comenzado. “Llegan a mitad de semestre y en carreras como estas es complicado recuperar ese desfase. Solemos recomendarles que no se matriculen en todos los créditos del primer semestre para no ir tan ahogados y fracasar, sobre todo si tenemos en cuenta que ahora con Bolonia la evaluación es continua”, explica el vicerrector de la UPM, quien aprovecha para pedir calendarios coherentes y coordinados con la enseñanza secundaria para no perjudicar al alumno.

Otras veces se organizan grupos especiales. “En aquellas carreras que por otros años sabemos que se llenan con los estudiantes de septiembre solemos prever un grupo específico que empieza algo más tarde”, explica Encina. Incluso el calendario de inicio de curso también tiene este extremo en cuenta y cada facultad comienza en una fecha diferente, de ahí que algunas de las de Humanidades no lo hagan hasta, por ejemplo, finales de este mes.

 PERDER O NO UN AÑO

¿Qué hago si no hay la carrera que quería? Los expertos recomiendan en general matricularse en otra carrera. “Dejar de estudiar un año es un error”, asegura José Luis García, de la UPM. Gloria González, de la UAB, echa mano de un argumento clásico, aquello de que el saber no ocupa lugar, y anima a los jóvenes a inscribirse en algún estudio afín “para no perder el ritmo de trabajo”, y quizás intentarse cambiar el siguiente año si se tiene la nota suficiente.

La vicerrectora de la Complutense, en cambio, cree que si uno es vocacional “perder un año no es grave”, pero si no está del todo seguro de qué estudiar ella anima a “mirar bien la oferta y sopesar otra opción”, y pone el caso de matricularse en Ciencias Políticas cuando en Relaciones Internacionales no hay plazas o en Geológicas en vez de Biología, “quizás se sorprendan”.

En los grados técnicos es más común que en otras ramas que un alumno se matricule en una ingeniería en vez de otra. Hay que tener en cuenta que en muchos casos hay bastantes asignaturas comunes -cálculo, matemática, física...- y si se sacan adelante los suficientes créditos es posible trasladar el expediente a la otra ingeniería finalizado incluso el primer semestre, siempre y cuando se tenga la nota de corte suficiente. Es decir, hay que seguir hincando codos para conseguir la plaza ansiada.