Historia de un motor

El rugido único de la historia del automóvil

Empezó fabricando sidecares y pasó a ser Jaguar tras la II Guerra Mundial

La Segunda Guerra mundial supuso un paréntesis en la actividad de la compañía

El rugido único de la historia del automóvil

La historia de la automoción se ha ido forjando durante más de un siglo gracias a marcas que, por unos u otros motivos, han quedado en la memoria de los aficionados. Pero suele pasar que las más admiradas tienen la belleza como distinción. Jaguar, símbolo durante décadas de la automoción británica, puede presumir de ello.

Su origen se remonta a 1922, pero como fabricante de sidecares y bajo el nombre de Swallow Sidecar Company. No sería hasta cinco años después cuando uno de sus fundadores, William Lyons, conocido después como Míster Jaguar, impulsara la vía de negocio del automóvil hasta acabar siendo una de las marcas más distinguidas del sector.

Desde el inicio, sus modelos reflejaban un especial cuidado por el diseño, mientras que sus chasis eran similares a los automóviles comunes de la época, lo que les permitía ser bastante asequibles para los precios que se manejaban. Su primer vehículo producido en masa fue el SS1, del que se fabricaron 4.200 unidades entre 1932 y 1936, y que seguía con las mismas señas: diseño atractivo y bajo precio. Para entonces, William Lyons ya le había cambiado el nombre a la empresa, que pasó a ser SS Cars, y desde 1935 sus primeros deportivos, como el SS100, entrarían en la gama SSJaguar, denominación que para Lyons reflejaba ese carácter elegante y deportivo.

La Segunda Guerra mundial, como para muchas empresas de la industria, supuso un paréntesis en la actividad de la compañía. Durante esos años retomó la fabricación de sidecares para el ejército y, una vez terminado el conflicto, tuvo que cambiar de nuevo su denominación social: de SS Cars, que rápidamente se identificaba con las tropas de élite del nazismo, a la definitiva: Jaguar. Y desde ahí, el inicio de una trayectoria plagada de grandes deportivos y berlinas que son parte de la historia de la automoción, como el XK120, el C-Type –con el que compitió en las 24 horas de Le Mans– y, sobre todo, el E-Type de 1961, quizá el modelo que mejor condensa el espíritu de Jaguar. Aún hoy es considerado por muchos especialistas como uno de los mejores coches deportivos de la historia. El primer motor desarrollaba hasta 265 CV de potencia y alcanzaba los 240 kilómetros por hora. Enzo Ferrari, el mítico fundador de la marca del Cavallino Rampante, lo describió en su día como el “coche más bonito que nunca se ha fabricado”. Y de coches bonitos, Ferrari entendía.

Aquellos fueron años de vino y rosas para Jaguar, pero también llegaron los primeros vaivenes en su propiedad. William Lyons, ya con la retirada en mente y sin ver claro a quién dejar el control de la compañía, permite la adquisición por parte de la British Motor Corporation, un conglomerado estatal que reunió bajo su propiedad a varias marcas nacionales para impulsar la automoción del país. Una experiencia que fracasó y que frenó el impulso de Jaguar. En 1984, en pleno thatcherismo, volvía a la “independencia”, pero por poco tiempo, ya que en 1989 pasó a ser controlada por Ford.

Durante aquellos años lanzó el XJ220, uno de los superdeportivos más impactantes de una época dorada en este segmento, con una batalla constante entre Porsche y Ferrari por dilucidar qué coche era el más avanzado y potente, y con Lamborghini lanzando uno de sus grandes coches de siempre: el Diablo. Aun así, el espectacular diseño del XJ220 le ha permitido seguir presente en la memoria de los aficionados.

Sin embargo, para Ford la aventura de Jaguar no fue tan agradable. Bajo su propiedad, Jaguar amplió su gama, pero jamás registró beneficios. Una situación que llevó a su venta en 2008, en plena crisis de la automoción americana que acabaría con el rescate de General Motors. Jaguar no fue la única: Ford también se desprendió de Aston Martin, Volvo o Land Rover. Desde entonces, Jaguar, al igual que la propia Land Rover, otrora referentes de la automoción británica, rinden cuentas a la india Tata. Una propiedad que puede no parecer tan glamurosa, pero que ha traído a Jaguar progresivos aumentos de ventas. Hoy, la berlina XF y el superdeportivo F-Type son sus referentes, conservando sus principios: diseño atractivo (a mayor precio, eso sí) y un rugido inconfundible.

Propietario de la mayor colección privada de coches británicos

El rugido único de la historia del automóvil

Quizá con la idea de recuperar sus raíces británicas, Jaguar Land Rover, la empresa que engloba a ambas marcas y que es propiedad de la india Tata, ha adquirido la mayor colección privada de coches clásicos británicos: un total de 543 automóviles que incluyen algunos de los modelos históricos de Jaguar: el SS100, el XK10, los primeros E-Type en salir al mercado o un MK X que perteneció al fundador de la compañía, William Lyons. Lo vintage, como reconocen en Jaguar, vende:“El legado histórico es un factor distintivo cada vez más importante en términos de marketing para el cliente”.

Jaguar anunció recientemente que produciría, desde cero, seis réplicas exactas delE-Type Lightweight de 1963, del que solo se fabricaron 12 unidades que fueron concebidas para competición. Una joya para coleccionistas.