No nos atrevemos con la inversión libre

Este no es país para valientes

Este no es país para valientes

Hace solo un par de semanas Tressis Gestión liquidaba su fondo global macro de retorno absoluto, un fondo de inversión libre (FIL) que a finales del pasado año abandonó el formato alternativo para convertirse en un fondo tradicional bajo el nombre de inversión multiestratégica.

Poco tiempo antes, la gestora había transformado otros dos productos de inversión alternativa heredados de Valorica, el Adriza Global y el Adriza Alfa. DWS Investments Spain, por su parte, liquidó en febrero el FIL Arcano Credit Fund, tras cuatro años en activo. Y Ahorro Corporación continúa su reestructuración y el Caja Murcia Selección Dinámica “no se comercializa activamente”, según explican desde la empresa.

Son los últimos movimientos en un sector que cada vez se reduce más ya que si bien el año pasado desaparecieron media docena de productos alternativos, se lanzaron algunos nuevos, mientras que en esta primera mitad de año no ha habido incorporaciones.

La inversión alternativa atesora 1.063 millones, el 0,57% del patrimonio total

No obstante, hay quien ve en el proyecto de ley por el que se regulan las entidades de inversión colectiva de tipo cerrado y por el que se modifica la Ley de Instituciones de Inversión Colectiva (IIC) que prepara el Gobierno una herramienta para dar un empujón a este tipo de ahorro ya que esta legislación, según indican desde la gestora de Renta 4 –líder en patrimonio en FIL–, “marca las directrices de cómo se han de controlar los riesgos de los productos de inversión que se encuentran fuera de los productos armonizados –Ucits– y cómo se ha de informar a quienes inviertan en ellos”.

Efectivamente, a través de esta legislación se transpone la directiva comunitaria de gestores de fondos de inversión alternativa, lo que implica nuevas normas en cuanto a estructura, organización, gestión de riesgos y remuneraciones para las gestoras y un nuevo régimen de comercialización y gestión transfronteriza.

En Renta 4 sí ven gran potencial en los FIL ya que este tipo de instrumentos “no son útiles exclusivamente para llevar a cabo inversiones con una estrategia alternativa, sino también para invertir con restricciones menores que las que podemos ver en los folletos de las IIC clásicas”. Esta ventaja, que también conlleva sus riesgos, ya que se reduce la diversificación que recomiendan los expertos a los ahorradores más conservadores, no parece contemplarse como tal a tenor del poco uso que se está haciendo últimamente. Según Paula Mercado, directora de análisis de VDOS, “es un segmento muy reducido de los fondos de inversión”.

Paula Mercado (VDOS): “El inversor busca productos que pueda entender”

La inversión alternativa atesora en España un patrimonio de 1.063 millones de euros, un 0,57% del dinero total gestionado por los fondos de gestoras nacionales, según datos de VDOS, y en el año suman suscripciones netas de 79 millones de euros, aunque pierden 0,65 puntos básicos de cuota. Si hablamos de rentabilidad, los FIL tenían a mediados de julio un rendimiento del 7,20%, pero algunos obtienen resultados muy superiores, como es el caso de QMC II Iberian Capital Fund, de la gestora Nmas1 que en el año se revaloriza un 22,23%. No obstante, este producto, referenciado al Ibex Small Cap, requiere una inversión mínima de 50.000 euros, una disponibilidad que no está al alcance de todo el mundo.

En opinión de Mercado, “los fondos tradicionales funcionan mejor. Tras los sucesos ocurridos en los mercados en los últimos años, el inversor busca productos sin complicaciones, que pueda entender”.

El capital riesgo recupera terreno perdido

Entre los principales cambios que incluye el recientemente aprobado proyecto de ley por el que se regulan las entidades de capital riesgo y las entidades de inversión colectiva de tipo cerrado está favorecer las fuentes de financiación directa para las empresas. El objetivo es reorientar la inversión hacia la financiación de las empresas en las primeras etapas de desarrollo y expansión, con nuevas figuras y fórmulas de financiación más flexibles.
En concreto, se crea la figura de la entidad de capital riesgo pyme (ECR-pyme), que permitirá el diseño de fondos de deuda dirigidos a la financiación de pymes. Además, la comercialización de ECR se limita a inversores aptos, inversores profesionales y minoristas siempre que se comprometan a invertir como mínimo 100.000 euros y declaren por escrito que son conscientes de los riesgos ligados al compromiso previsto.
La normativa llega en un momento en el que este sector empieza a recuperar el terreno perdido durante la crisis. De hecho, según los últimos datos, la inversión en capital riesgo ha alcanzado los 1.198 millones de euros en el primer semestre del año, lo que representa una crecimiento del 132% respecto al primer semestre de 2013. La Asociación Española de Entidades de Capital Riesgo (Ascri), que achaca la recuperación al mayor apetito de los inversores internacionales por ganar exposición a España y a los activos nacionales.