Naútica

Port Adriano, exclusividad con olor a sal en Mallorca

Tradición en la parte antigua y modernidad, con el sello Philippe Starck, en la ampliación del puerto

Palma de Mallorca
Parte nueva de Port Adriano.
Parte nueva de Port Adriano.

Port Adriano se tiene por el puerto más exclusivo de Mallorca, pero al mismo tiempo para todos. Situado en Calviá, al suroeste de la bahía de Palma, acoge a barcos de entre 6 y 110 metros de eslora, es decir, desde embarcaciones familiares a inalcanzables caprichos de multimillonarios. Juntos, pero poco revueltos.

Unos podrán entretenerse visitando y comprando en sus tiendas, todas de marcas de alto nivel cuya instalación ha supervisado la dirección. Otros, público local sobre todo, tienen en la parte antigua su hábitat natural.

Locales más asequibles y con más éxito que los que se alojan en la parte nueva, que aún se están asentando y buscan un público de distinto perfil –dos de los restaurantes del puerto pertenecen a una empresa alemana y son los visitantes de esa nacionalidad los que más lo frecuentan– y mayor nivel adquisitivo.

La ampliación y modernización de la marina es obra del diseñador francés Philippe Starck

La nueva vida de Port Adriano empezó hace algo más de dos años, cuando se inauguró la ampliación de la marina cuyo diseño y concepción estuvo a cargo del internacional Philippe Starck. A él se deben sus farolas en forma de lámpara, la teca de los suelos o que este espacio sea un puerto sin coches.

Unos años antes, la empresa Ocibar –en la que Corporación Alba, de la familia March, tiene ahora mismo el 28,8%– compró el puerto a Agbar. Se invirtieron 100 millones de euros en la reforma. La parte nueva del puerto tiene 25.000 metros cuadrados de amarres, de los que 5.000 tienen que quedar obligatoriamente para tránsito, y “ya se han vendido 13.000”, asegura el consejero delegado, Antonio Zaforteza, miembro de una de las familias propietarias.

Tardes animadas con Tricicle

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Tampoco a la hora de atraer a visitantes para las tardes y las noches se ha querido ser como otros puertos. Si el año pasado el puerto acogió el Festival Estiva Arts By The Sea, este año los responsables han echado un órdago con un espectáculo hecho a medida.

Firmado por Joan Gràcia –componente de Tricicle– y Enric Ases, Fun Parade es una miscelánea de escenas, entre surrealistas y fantásticas, que sorprenden al visitante en una docena de puntos del puerto.

Mientras pasea, compra o cena, lo mismo se puede topar con un gondolero que a golpe de O sole mío intenta robarle el corazón que con una pareja de bailarines de salsa, un buzo perdido en su submarino terrestre o un banco de hombres-merluza que se mezclan entre el público.

La marina cuenta con un banco, supermercado y servicio de provisión a las embarcaciones, además de varadero técnico para reparación.En amarre, ofrecen agua corriente, servicio eléctrico, de combustible, recogida de basura y reciclaje, extracción de aguas y aguas fecales, wifi, etc.

Asimismo, en las propias instalaciones del puerto hay un nuevo gimnasio para las tripulaciones y estas también cuentan con transporte específico y un bar concebido para ellos, el Crew Bar.

No es casualidad, ya que, según Zaforteza, “las tripulaciones son prescriptores” y a estos les “gusta vivir en Mallorca, mucho más que en Ibiza o Malta”. Hay que mimarlas.

Otra diferencia con otras marinas de Baleares es que a Port Adriano acuden quienes no quieren ser reconocidos o pasar inadvertidos. La dirección lleva a gala no desvelar jamás quiénes ocupan sus amarres.

Entre los pocos reconocidos públicamente está el antiguo Fortuna del rey Juan Carlos, rebautizado como Foners, que desde marzo permanece amarrado allí en medio de otros superyates que le hacen parecer casi pequeño.

Entre los no publicitados, los de empresarios, celebridades internacionales que evitan Puerto Portals, mucho menos íntimo. Las comparaciones con esta otra marina son constantes e inevitables.