Metrovacesa, Colonial, Quabit y Realia esquivan el concurso

El ladrillo que sobrevive al estallido de la burbuja

Letrero de Metrovacesa en un edificio en Madrid.
Letrero de Metrovacesa en un edificio en Madrid.

Como soldados mutilados que regresan a sus hogares tras una dura derrota en el campo de batalla, las inmobiliarias españolas cotizadas que se mantienen en pie tratan ahora de pasar la peor página de su historia. Colonial, Metrovacesa (excluida de Bolsa el pasado año), Realia y Quabit (antigua Astroc) afrontan el futuro con mejores perspectivas que las que se les presentaban durante el último lustro.

Por el camino han sucumbido las dos inmobiliarias cotizadas que han supuesto los dos mayores concursos de acreedores en la historia empresarial española, Martinsa Fadesa, que una vez superado el concurso trata ahora de evitar la liquidación, y Reyal Urbis, que se mantiene en situación concursal.

Las inmobiliarias supervivientes han esquivado la quiebra a cambio de duros sacrificios consistentes en drásticas reducciones de plantillas, de gastos, cambios radicales en la composición de su accionariado y ventas de los mejores activos.

A finales de 2007, Colonial tenía una deuda de 9.000 millones de euros. Hoy la deuda del grupo presidido por Juan José Brugera es de poco más de 1.000 millones. La compañía logró en 2010 refinanciar su deuda y fijar el vencimiento de pago para 2014; este año ha conseguido desprenderse de su negocio relacionado con suelo, ampliar capital hasta 1.266 millones y cumplir con sus acreedores. Ahora sus dos principales accionistas son Inmobiliaria Espacio, de Villar Mir, y un fondo soberano de Catar.

Metrovacesa perdió el pasado año 22,6 millones de euros, lejos de los 186 millones de pérdidas de 2012 o los 162 millones perdidos en 2011. La compañía ha tenido que desprenderse de su bien más preciado, el 26,74% que controlaba en la francesa Gecina, una de las mayores inmobiliarias francesas, a cambio de 1.546,48 millones de euros. Los actuales accionistas de Metrovacesa son bancos españoles liderados por Santander que son al mismo tiempo sus principales acreedores.

Al igual que Metrovacesa, Realia también ha tenido que vender su participada francesa, SIIC de París. El mes pasado procedió a la venta de su 59% en la inmobiliaria gala a cambio de 560 millones, una operación que permitirá a la compañía española reducir su deuda en 1.033 millones. A 31 de diciembre de 2013, la deuda de Realia ascendía a 2.102 millones de euros. Los principales accionistas de la compañía presidida por Ignacio Bayón, FCC (con un 36,8%) y Bankia (con un 24,9%), preparan así su salida anunciada ya del capital de la inmobiliaria propietaria de una de las torres KIO en Madrid.

Quabit ha logrado sobrevivir a pesar de cargar con el estigma de proceder de la antigua Astroc, símbolo del boom y posterior estallido de la burbuja inmobiliaria española, fundada por Enrique Bañuelos. La compañía presidida por Félix Abánades logró a finales del pasado año refinanciar 820 millones de deuda. A costa de traspasar viviendas a los bancos acreedores y ver el precio de su acción desplomada, el grupo ha conseguido esquivar el concurso incluso después de que a finales de 2012 la constructora Rayet, controlada también por Félix Abánades, solicitara su entrada en concurso de acreedores con más de 500 millones de deuda. Astroc llegó a alcanzar en los primeros meses de cotización un valor superior a los 70 euros por acción; Quabit cerró ayer a 0,1 euros por título.

También como esos soldados que regresan de la batalla con lagunas psicológicas, las inmobiliarias han padecido estos últimos años problemas de sociabilidad. Lejos de las ruedas de prensa multitudinarias, invitaciones a juntas de accionistas y entrevistas que los principales ejecutivos de estas empresas concedían en la época del boom, las compañías y sus principales ejecutivos han evitado exponerse.

Los bancos que controlan Metrovacesa excluyeron a la inmobiliaria de Bolsa el pasado año evitando publicar trimestre tras trimestre sus cuentas en la CNMV y poniendo fin a 72 años de cotización. Ni Fernando Martín, presidente de Martinsa Fadesa, ni Rafael Santamaría, de Reyal Urbis, han vuelto a permitir ser entrevistados. Del resto de la mayoría de empresarios del boom, Luis Portillo, Domingo Díaz de Mera, la familia Nozaleda, la familia Sanahuja, los Sánchez Ramade... nunca más se supo.